• @_marazi
    Sentimos demasiado como para salir ilesos
  • @HilseCaracas
    Se afiebra el corazón cuando la luna se lleva por dentro
  • @LunaFractal
    Escribir, volver a las andanzas
  • @mediamente
    Los tiempos que corren deberían ser detenidos
  • @NicolasPaulsen
    El monstruo niega su soledad multiplicando los espejos
  • @Naomi_Her
    Todas las flores lloran, incluso las que somos de papel
  • @sontusnubes
    El tiempo, para el poeta, habita en los labios
  • @gensoctavia
    Soy un fragmento de mi asombro
  • @patytemple74
    Con dedos de granizo y largas llamaradas, abriendo mi pecho, mil veces traspasado, malherido
  • @silencioenletra
    Soy de las que empiezan a desvestirse quitándose las cicatrices
  • @annemidi
    Inmigrantes de intimidades heridas somos todos
  • @PedroLuna73
    Soñar es un acto político

Espacio Abierto

César Machado Arias, de México

   Poema enviado por César Machado Arias, de Colonia del Valle, Ciudad de México.

   El autor está presente en la cuenta de Twitter @czarmachado

 

   Libertad

 

Dos pájaros encuentran su destino en el ramal que ocuparon sus ancestros.

Son milagro ingrávido; miligramo feraz del canto.
Su breve vida no dirá mucho y será todo

El contertulio matinal juega sobre mi ventana. Me pregunto:

¿Quedará su melodía resguardada en el viento?
¿Qué dará el verano en su inminente ausencia?

Solo hojas yertas. Una candente sequedad anuncia octubre.

 

 

Ana Vicente, desde Viena

   Poema enviado por Ana Vicente, de Guadalajara, España, y residente en Viena.

   La autora publica textos en el espacio www.elocasodeana.wixsite.com/blog

 

 

   La asfixia en la ciudad

 

Brilla el sol por la ventana
y yo aquí,
entre cuatro paredes
encerrada.
Una asfixia sin color,
ni salsa
ni picazón.
Un día más,
he perdido el olor del día.
Si hoy no he sentido
el roce del sol
sobre mi tez,
no he sentido la alegría de la vida.
Hoy.
Al salir de aquí
la nube negra
cubrirá
los suelos de asfalto
¿dónde están las estrellas?
La ciudad no me deja
ver las constelaciones bellas,
solo el campo
de eléctricas luciérnagas.
Así es la vida
en la ciudad.
Campo civilizado y ordenado
en el que reina el caos
y el esfuerzo se mide en
los precios de Hacendado.

Pero yo quiero salir,
correr desnuda
bajo la lluvia
por los campos,
siendo las gotas la única música
que oiga a mi paso.
Oler la tierra mojada,
el murmullo del viento junto a un árbol.
Dejarlo todo allí,
en la ciudad.
Los prejuicios y la falsedad
y tan solo contemplar.

Mirar y observar.

Esta es mi única certeza.
Mi única realidad.

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