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  • Ana Luísa Amaral / Poema con trenzas

    EL EXCESO MÁS PERFECTO

    Quería un poema de respiración tensa
    y sin pudor.
    Con la elegancia redonda de las mujeres barrocas
    y un refinado arbusto en su reverso.
    Un poema que, de solo verlo, Rubens envidiase
    desde lo hondo de tres siglos,
    con un cuerpo magnífico recostado en un sofá,
    y los brazos desnudos, reclinados,
    con brazaletes tan (pero tan) bellos,
    y un Cupido en la cima,
    en su nicho de nubes,
    para cuidarlo con ternura.
    Quería un poema así.

    Más allá de los ideales griegos
    de equilibrio.
    Un poema hecho de excesos y dorados
    pero, aún así, hermoso, de una fuerza oscura
    y mística.
    Ah, como quería un poema diferente,
    de la pureza del granito, y la pureza del blanco,
    y la transparencia de las cosas transparentes.
    Un poema que exultara de angustia,
    un gran rododendro color sangre.
    Una entera avenida de rododendros donde el viento,
    al pasar, se detuviera deslumbrado
    y en desvelo. Y se quedara allí, preso en el canto
    de sus brazaletes tan (pero tan)
    bellos.

    Desnudo, de redondas formas, tal poema quería.
    Una contrarreforma del silencio.

    Música, música, música ocupando su cuerpo
    y el cabello con trenzas de flores y serpientes,
    y una fuente de asombro polifónico
    corriéndole en los dedos.
    Tumbado en un sofá de terciopelo,
    con su desnudez plena y redonda
    haría palidecer grifos y sirenas.
    Y los pobres templos, de líneas tan limpias y tan puras,
    temblarían de miedo ante el fulgor
    de su mirada. De oro.

    Música, música, música y explosión de color.
    Asomado desde el fondo de tres siglos,
    un Murillo callado vería qué sencillos habían sido sus ángeles
    comparados con los ángeles desnudos de este poema,
    cantando a coro junto a otros
    astros rubios
    salmos de amor y de un perfecto exceso.

    Como los grifos palidece Góngora
    ahora que lo observa.
    Esta contrarreforma del silencio.
    Su mano levantada rumbo al cielo, cargada
    de nada

    RELATIVIDADES

    Albert Einstein tenía el cabello hirsuto
    y blanco con la edad,
    y nariz husmeadora junto al tiempo.

    Y así dejó el verso
    más perfecto:
    velocidad al cuadrado
    en ecuación de luz

    Agitando por el espacio
    la energía mil igual a la masa
    (las veces que lo puse
    en otros versos)

    Mas era de mirada larga,
    los párpados tan tristes
    de tanto ver más allá de nosotros:
    melodías de sueño y teoría,
    filamentos hirsutos junto al sol,
    hongos, acordes

    Y en la corriente cuántica de las cosas,
    entender que lo más ancho
    es lo que no se ve:

    cuadrado inconsciente
    generando,
    encendido y blanco,
    una eme ce ofensiva:

    por moderno y feroz
    auto de fe

    LA GÉNESIS DEL AMOR

    Tal vez un intervalo cósmico
    poblando sin querer la vida:
    tal vez quásar que la inundó de luz,
    la transformó en materia tan densa
    que la escindió
    la retuvo suspendida
    en el espacio –

    Eran formas cadentes
    como estas:

    Imágenes como bóvedas del cielo,
    asombrosas igual al asombro en el que nacerían
    las primeras preguntas sobre los dioses.
    el cero, el universo,
    la solidez de la tierra redonda y luminosa,
    esperando Admastores que la domestiquen,
    o fuegos fatuos incendiando miradas,
    o marineros ciegos, ávidos de luz,
    de la línea que, acompasada
    divide cielo y
    mar

    Quásar es poco, porque la palabra roza
    lo que la piel descubrió. Y tampoco la piel
    alcanza:
    pequeño meteoro en implosión

    Estatua luminosa, tal vez,
    esperando la paz (aunque haya ausencia
    de creencia o de fe) y, profano el diseño
    de esos extraños animales,
    semi monjes, malditos
    deslumbrados,
    y una visión tal vez
    en la penumbra serena de algún
    claustro

    Tal vez así tendría algún
    sentido
    la génesis del amor

    PLEGARIA EN EL MEDITERRÁNEO

    En lugar de peces, Señor,
    dadnos la paz,
    un mar que sea de olas inocentes y,
    al tocar a la arena,
    gente que vea con corazón de ver,
    voces que nos acepten

    Es tan duro el viaje
    e incluso la espuma hiere y hierve,
    y, de tan alta, ciega
    durante la travesía

    Haced, Señor, que no haya
    muertos esta vez,
    que las rocas estén lejos,
    que el viento se aquiete
    y que vuestra paz al fin
    se multiplique

    Pero después de la balsa,
    de la guerra, del cansancio,
    después de los brazos abiertos y sonoros,
    sabría bien, Señor,
    un pan blando
    y un pescado, podría ser,
    del mar

    que es también nuestro

    (Nació en Lisboa, en 1956. Con una extensa obra poética, su primera publicación fue “Minha senhora de quê”, en 1990. Otros títulos suyos son “Coisas de partir”, “Epopeias”, “Às vezes o paraíso” y “A arte de ser tigre”. En 2005 publicó “Poesía Reunida”. Las obras más recientes son “Entre dois rios e outras noites”, “Se fosse um intervalo”, “Inversos. Poesía 1990-2010”, “Vozes”, “Escuro”,”E Todavia” y “Whats in a name”. También fue dramaturga, ensayista y narradora, así como autora de textos para niños. Obras suyas fueron publicadas también en Brasil, Colombia, México, Venezuela, España y otros países. En 2007 obtuvo el Premio Giuseppe Acerbi, en Italia, y el Literario Casino da Póvoa, en Portugal. Al año siguiente le fue adjudicado el Gran Premio de la Asociación de Escritores Portugueses. En 2020 obtuvo el Premio Leteo, en España, y al siguiente el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Murió el 5 de agosto de 2022).