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  • Krishna Naranjo Zavala / Coser mi barro

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    Nuevas páginas subrayo
    con la tinta indeleble de tu transparencia
    La tierra no se agota
    en memorias o en olvidos sino en las veces
    que guardo silencio
    antes de pronunciar con sentimiento infinito
    tu nombre.

    Este continuo desnudarme

    Estoy desnuda dentro de este cuarto de espejos
    deseando la resonancia más bella de mi misma

    pero afuera la ciudad
    no deja recobrar el silencio
    que en la mañana traza el colibrí o la torcaza
    el aleteo tornasolado y el canto
    son los labios de esa oscuridad sonora
    que se asemeja al mar apacible

    por qué no entienden allá
    que el estruendo mutila el rito de las flores
    cuando se abren líricamente
    bajo la directriz del viento

    ¿qué horas son? el tiempo para desprenderse
    me destierro, abro otro camino
    pienso en un túnel del porvenir

    debo seguir en este continuo desnudarme
    donde afloran los pinos y los robles de mis senos
    donde el mangle cobra sentido
    en la zona costera de mis piernas

    donde se conjugan los arrayanes, los luceros
    donde el mar bebe de mí
    donde me hace el amor este absoluto silencio.

    Tierra lúcida

    En una tierra sin sombra
    que brillaba por sus propios minerales
    me pregunté
    por qué la tarde
    estaba dentro de mí.
    Si he crujido
    como el hielo
    en momentos torturados.
    Supe entonces
    que soy todas las crestas solares
    y que vivo en la condena de mi cuerpo.

    Ilusión óptica

    Caminamos con la noche abierta en la garganta:
    afloraron palabras que vertieron luceros
    Hoy las veo desde este mes, sentadas en flor de loto,
    mientras nuestra juventud aspira a la inmortalidad
    en los linderos del sueño.

    María

    Una semana de junio /
    fue mi abuela un piquetazo de avispa en la punta de mi corazón adormecido /
    Desperté y la soledad era nubarrón sobre la espalda /
    Desierto sin banderas genealógicas /
    Desperté: la soledad y la ciudad eran una /
    Mi cuerpo se deshizo como hielo intrascendente /
    Necesité del fuego de la hembra para coser mi barro /
    El eco me devolvía la amargura en un relámpago /
    Y el sonido cimbró mi esqueleto hasta reconocerme muda /
    Tuve que gritar para escucharme en un murmuro de agua /
    Le deseé estupendo viaje /
    Imaginé una estampa: el tren y los paisajes michoacanos /
    Mi abuela comía zarzamoras en la travesía /
    Me quedé con este álbum y en la búsqueda de mis propias piedras.

    (Nació en Colima, México, en 1984. Entre sus obras publicadas figuran “Tierra de cada día”, “Batalla de la aurora”, “Para morir en rojo” y “Libar encantamientos y otros poemas”. Licenciada en Letras y egresada de la Maestría en Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Colima, trabaja como docente. También desarrolla proyectos de literatura infantil y juvenil. Colabora en publicaciones literarias).