• @karlisjar
    Los símbolos nunca callan, así nosotros nos hagamos los sordos
  • @EstebanPerezsan
    Duermes en lo que escribo/ y lees en lo que sueño
  • @marconpi66
    Del amor también se sale, muerto de latidos
  • @fumivora
    Quiero que solo me apuñales a mi
  • @Innestesia
    Besas como si hubiéramos leído los mismos libros
  • @divagandoletras
    Cerrar las ventanas con nosotros fuera. Y quedarnos en el otoño
  • @Claudia_DelSur
    La imaginación nos envuelve en abrazos reales
  • @MeMalcriaste
    También hay errores platónicos
  • @Juansistemico
    Tocará beber de su sonrisa en una foto
  • @Pluriversos
    Cabizbajo no es tan triste si viene un sueño subiendo
  • @cachililiana
    Vengo desterrada de un sueño
  • @nancyeldarjani
    La hora es un compás seguro

Antonio Machado

Se realizan en España, a partir del 20 de febrero, varias actividades de recordación de Antonio Machado y su obra, ya que el 22 se cumplen 75 años de la muerte del poeta. Como se reporta en la sección Noticias, en particular en Soria se realizan lecturas de sus textos, la presentación de una pintura y la proyección de un audiovisual.

 

EL CRIMEN FUE EN GRANADA

 

I

 

El crimen

 

Se le vio, caminando entre fusiles,

por una calle larga,

salir al campo frío,

aún con estrellas, de la madrugada.

Mataron a Federico

cuando la luz asomaba.

El pelotón de verdugos

no osó mirarle la cara.

Todos cerraron los ojos;

Rezaron: ¡ni Dios te salva!

Muerto cayó Federico

-sangre en la frente y plomo en las entrañas-.

…Que fue en Granda el crimen

sabed -¡pobre Granada!-, en su Granada…

 

 

II

 

El poeta y la muerte

 

Se le vio caminar solo con Ella,

sin miedo a su guadaña.

-Ya el sol en torre y torre; los martillos

en yunque –yunque y yunque de las fraguas.

Hablaba Federico,

requebrando a la muerte. Ella escuchaba.

“Porque ayer en mi verso, compañera,

sonaba el golpe de tus secas palmas,

y diste el hielo a mi cantar, y el filo

a mi tragedia de tu hoz de plata,

te cantaré la carne que no tienes,

los ojos que te faltan,

tus cabellos que el viento sacudía,

los rojos labios donde te besaban…

Hoy como ayer, gitana, muerte mía,

qué bien contigo a solas,

por estos aires de Granada, ¡mi Granada!”

 

 

III

 

Se le vio caminar…

Labrad, amigos,

de piedra y sueño, en el Alhambra,

un túmulo al poeta,

sobre una fuente donde llore el agua,

y eternamente diga:

el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!

 

 

A Juan Ramón Jiménez

 

Por su libro “Arias tristes”.

 

Era una noche del mes

de mayo, azul y serena.

Sobre el agudo ciprés

brillaba la luna llena,

 

iluminando la fuente

en donde el agua surtía

sollozando intermitente.

Sólo la fuente se oía.

 

Después, se escuchó el acento

de un oculto ruiseñor.

Quebró una racha de viento

la curva del surtidor.

 

Y una dulce melodía

vagó por todo el jardín;

entre los mirtos tañía

un músico su violín.

 

Era un acorde lamento

de juventud y de amor

para la luna y el viento,

el agua y el ruiseñor.

 

“El jardín tiene una fuente

y la fuente una quimera…”

Cantaba una voz doliente,

alma de la primavera.

 

Calló la voz y el violín

apagó su melodía.

Quedó la melancolía

vagando por el jardín.

Sólo la fuente se oía.

 

 

XXVII

 

¿Dónde está la utilidad

de nuestras utilidades?

Volvamos a la verdad:

vanidad de vanidades.

 

 

XXVIII

 

Todo hombre tiene dos

batallas que pelear:

en sueños lucha con Dios;

y despierto, con el mar.

 

 

XXIX

 

Caminante, son tus huellas

el camino, y nada más;

caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace camino,

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante, no hay camino,

sino estelas en la mar.

 

Campo

 

La tarde está muriendo

como un hogar humilde que se apaga.

 

Allá, sobre los montes,

quedan algunas brasas.

 

Y ese árbol roto en el camino blanco

hace llorar de lástima.

 

¡Dos ramas en el tronco herido, y una

hoja marchita y negra en cada rama!

 

¿Lloras?... Entre los álamos de oro,

lejos, la sombra del amor te aguarda.

 

(De “Poesías”, vigésima edición, Biblioteca Clásica y Contemporánea, Editorial Losada, Buenos Aires, 1988. Este libro contiene “Oración por Antonio Machado”, de Rubén Darío, que se reproduce más adelante. Antonio Machado nació en Sevilla, el 26 de julio de 1875, y murió en Colliure, Francia, el 22 de febrero de 1939. Siendo muy pequeño su familia se mudó a Madrid y allí comenzó a interesarse por el teatro. A fines del siglo viajó a París, donde estaba su hermano Manuel, también poeta, y comenzó a trabajar como traductor. Volvió a España y sucesivamente a París, donde conoció a Rubén Darío, a otros escritores e intelectuales. Mientras aparecían sus primeras obras, se casó con Leonor Izquierdo, quien contrajo tuberculosis y murió en 1912. Esto afectó profundamente a Machado, que regresó posteriormente a Jaén para ejercer la docencia. Aparece “Campos de Castilla”, libro en el que emigra de los rasgos modernistas a los tonos patrióticos de la Generación del 98. Se relacionó con Miguel de Unamuno y conoció a Federico García Lorca, su gran amigo. Tras una serie de avatares, el comienzo de la Guerra Civil lo llevó a Valencia y después pasó a Barcelona. Escribió en el diario La Vanguardia, entonces órgano del gobierno de la República. En enero de 1939, ante la ocupación inminente de la ciudad, salvó la vida escapando en una ambulancia. Llegó a Colliure el 28 de ese mes, y murió en el hotel en que se hospedaba, el 22 de febrero. Los reconocimientos a sus textos se multiplicaron durante décadas, después de su deceso. Entre ellos figura la declaración de su obra como de valor universal por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO).

 

 

Al maestro Rubén Darío

 

Este noble poeta, que ha escuchado

los ecos de la tarde, y los violines

del otoño en Verlaine, y que ha cortado

las rosas de Ronsard en los jardines

de Francia, hoy, peregrino

de un Ultramar de Sol, nos trae el oro

de su verbo divino.

¡Salterios de loor vibran en coro!

La nave bien guarnida,

con fuente casco y acerada proa,

de viento y luz la blanca vela henchida

surca, pronta a arribar, la mar sonora,

y yo le grito: ¡Salve! a la bandera

flamígera que tiene

esta hermosa galera

que de una nueva España a España viene.

 

 

A la muerte de Rubén Darío

 

Si era toda en tu verso la armonía del mundo,

¿dónde fuiste, Darío, la armonía a buscar?

Jardinero de Hesperia, ruiseñor de los mares,

corazón asombrado de la música astral,

¿te ha llevado Dionisos de su mano al infierno

y con las nuevas rosas triunfante volverás?

¿Te han herido buscando la soñada Florida,

la fuente de la eterna juventud, capitán?

Que en esta lengua madre la clara historia quede;

corazones de todas las Españas, llorad.

Rubén Darío ha muerto en sus tierras de Oro,

esta nueva nos vino atravesando el mar.

Pongamos, españoles, en un severo mármol,

su nombre, flauta y lira, y una inscripción no más:

Nadie esta lira pulse, si no es el mismo Apolo,

nadie esta flauta suene, si no es el mismo Pan.

 

 

Oración por

Antonio Machado

 

Misterioso y silencioso

iba una y otra vez.

Su mirada era tan profunda

que apenas se podía ver.

Cuando hablaba tenía un dejo

de timidez y de altivez.

Y la luz de sus pensamientos

casi siempre se veía arder.

Era luminoso y profundo

como era hombre de buena fe.

Fuera pastor de mil leones

y de corderos a la vez.

Conduciría tempestades

o traería un panal de miel.

Las maravillas de la vida

y del amor y del placer,

cantaba en versos profundos

cuyo secreto era de él.

Montado en un rato Pegaso,

un día al imposible fue.

Ruego por Antonio a mis dioses,

ellos le salven siempre. Amén.

 

RUBÉN DARÍO

 

La poesía alcanza para todos - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.