• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
  • @ciruelle
    Amar es ser verbo en todos los tiempos
  • @SIELALSOYYO
    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
  • @DivinaOnix
    También lo imposible puede ser amado
  • @LunaPara2
    El que se va en silencio, lo ha dicho todo
  • @Ghouls99
    A veces acumulamos, densos y potentes, para arrasar en el siguiente desborde
  • @siete_verdes
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  • @JanoTwoFaces
    Dejad de ordenar caos y provocad alguno
  • @sammasathi
    Sueño, luego insisto
  • @TISHA77
    La poesía también es presagio
  • @juanita_amore
    Escribir porque el tiempo nos viene a leer
  • @z_zyanya88
    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Rubén Darío

El Festival Internacional de Poesía de Granada, que se realiza en febrero, está dedicado en 2014 al poeta nicaragüense Rubén Darío. Su obra será recordada y analizada durante este encuentro, que reúne a cientos de poetas de todo el mundo. Además, Granada recibe una exposición de documentos del poeta, con manuscritos sobre literatura, trabajos periodísticos y sobre diplomacia. También respecto de su vida diaria. Esa exposición contiene parte de las piezas del Archivo Rubén Darío que está en manos de la Biblioteca Histórica “Marqués de Valdecilla”, de la Universidad Complutense de Madrid.

Walt Whitman

En su país de hierro vive el gran viejo,

bello como un patriarca, sereno y santo.

Tiene en la arruga olímpica de su entrecejo

algo que impera y vence con noble encanto.

Su alma del infinito parece espejo;

son sus cansados hombros dignos del manto;

y con arpa labrada de un roble añejo,

como un profeta nuevo canta su canto.

Sacerdote que alienta soplo divino,

anuncia en el futuro tiempo mejor.

Dice al águila: “¡Vuela!”, “¡Boga!”, al marino,

y “¡Trabaja!”, al robusto trabajador.

¡Así va ese poeta por su camino

con su soberbio rostro de emperador!

Montevideo

Montevideo, copa de plata,

llena de encantos y de primores.

Flor de ciudades, ciudad de flores,

a cielos mágicos y tierra grata.

Tus bravos héroes la Historia acata.

Fervientes lirios dieron loores

a los centauros y a los pastores

cuyas proezas recuerda el Plata.

Y ese tesoro de ritmo y gracia,

rosas del pueblo, o aristocracia

que en sus mujeres divinas veo,

¡son, con sus almas de poesía,

de tu corona la pedrería,

maravillosa Montevideo!

Canto a la Argentina

---1910---

(fragmento)

¡Argentina! ¡Argentina!

¡Argentina! El sonoro

viento arrebata la gran voz de oro.

Ase la fuerte diestra la bocina,

y el pulmón fuerte, bajo los cristales

del azul, que han vibrado,

lanza el grito: Oíd, mortales,

Oíd el grito sagrado.

***

Oíd el grito que va por la floresta

de mástiles que cubre el ancho estuario,

e invade el mar; sobre la enorme fiesta

de las fábricas trémulas de vida;

sobre las torres de la urbe henchida;

sobre el extraordinario

tumulto de metales y de lumbres

activos; sobre el cósmico portento

de obra y de pensamiento

que arde en las políglotas muchedumbres;

sobre el construir, sobre el bregar, sobre el soñar,

sobre la blanca sierra,

sobre la extrema tierra,

sobre la vasta mar.

¡Argentina, región de la aurora!

¡Oh tierra abierta al sediento

de libertad y de vida,

dinámica y creadora!

¡Oh barca augusta de proa

triunfante, de doradas velas!

De allá de la bruma infinita,

alzando la palma que agita,

te saluda el divo Cristóbal,

príncipe de las Carabelas.

***

Te abriste como una granada,

como una ubre te henchiste,

como una espiga te erguiste

a toda raza congojada,

a toda humanidad triste,

a los errabundos y parias

que bajo nubes contrarias

van en busca del buen trabajo,

del buen comer, del buen dormir

del techo para descansar

y ver a los niños reir,

bajo el cual se sueña y bajo

el cual se piensa morir.

Colombia

Colombia es una tierra de leones;

el esplendor del cielo es su oriflama;

tiene un trueno perenne, el Tequendama,

y un Olimpo divino: sus canciones.

Siempre serán soberbios sus pendones;

bajo la aureola que a la gloria inflama,

siempre será la tierra que derrama

la savia de los grandes corazones.

En sus historias nobles y triunfales

resplandecen egregios paladines,

coronados de lauros fraternales.

Y se oyen en sus campos y confines,

Boyacá y sus tambores inmortales,

y el Santuario, y sus épicos clarines.

(De “Poesías de Rubén Darío”, Editorial Universitaria de Buenos Aires, Buenos Aires, 1969. Rubén Darío, nombre artístico de Félix Rubén García Sarmiento, nació el 18 de enero de 1867 en Matapa, hoy Metagalpa y Ciudad Darío,y murió en León el 6 de febrero de 1916. Enunciados y rótulos parecen no encontrar límite para la trascendencia de su obra, desde “padre del modernismo” a “príncipe de las letras castellanas”. Comenzó a trascender desde muy pequeño, ya que sus primeros poemas se publicaron cuando tenía 13 años, y pronto afloró su espíritu liberal, contrario a la omnipresencia de la Iglesia Católica, lo que le valió la reserva de los sectores más conservadores. Después de algunos trabajos periodísticos en Managua, comenzó con su partida a El Salvador una interminable serie de viajes, que serán una marca en su vida. Pasó por Chile, por varios países centroamericanos y después por Argentina, ya que se desempeñaba como corresponsal del diario conservador La Nación. Siguieron viajes a Europa, donde -como en todos los sitios que visitaba- tomó contacto con grandes poetas. Así ocurrió en París, en 1902, con Antonio Machado. Tres años después Juan Ramón Jiménez editó un libro de poemas suyos. Es la época en que se hace más evidente su defensa acérrima del hispanismo y su rechazo a la influencia estadounidense, reflejada especialmente en un poema dirigido al presidente Theodore Roosvelt: “Eres los Estados Unidos,/ eres el futuro invasor/ de la América ingenua que tiene sangre indígena/ que aún reza a Jesucristo y aún habla español”. Escribió también en prosa, incluyendo una autobiografía. Versiones de sus obras completas fueron publicadas y siguen publicándose en numerosos países, especialmente México, España, Venezuela y Argentina, además de Nicaragua).

A Goya

Poderoso visionario,

raro ingenio temerario,

por ti enciendo mi incensario.

Por ti, cuya gran paleta,

caprichosa, brusca, inquieta,

debe amar todo poeta;

por tus lóbregas visiones,

tus blancas irradiaciones,

tus negros y bermellones;

por tus colores dantescos,

por tus majos pintorescos

y las glorias de tus frescos.

Porque entra en tu gran tesoro

el diestro que mata al toro,

la niña de rizos de oro.

Y con el bravo torero,

el infante, el caballero,

la mantilla y el pandero.

Tu loca mano dibuja

la silueta de la bruja

que en la sombra se arrebuja,

y aprende una abracadabra

del diablo patas de cabra

que hace una mueca macabra.

Musa soberbia y confusa,

ángel, espectro, medusa:

tal aparece tu musa.

Tu pincel asombra, hechiza,

ya en sus claros electriza,

ya en sus sombras sinfoniza;

con las manolas amables,

los reyes, los miserables,

o los cristos lamentables.

En tu claroscuro brilla

la luz muerta y amarilla

de la horrenda pesadilla,

o hace encender tu pincel

los rojos labios de miel

o la sangre del clavel.

Tienen ojos asesinos

en sus semblantes divinos

tus ángeles femeninos.

Tu caprichosa alegría

mezclaba la luz del día

con la noche oscura y fría.

Así es de ver y admirar

tu misteriosa y sin par

pintura crepuscular.

De lo que da testimonio:

por tus frescos, San Antonio;

por tus brujas, el demonio.

A Juan Ramón Jiménez

¿Tienes, joven amigo, ceñida la coraza

para empezar, valiente, la divina pelea?

¿Has visto si resiste el metal de tu idea

la furia del mandoble y el peso de la maza?

Te sientes con la sangre de la celeste raza

que vida con los números pitagóricos crea?

¿Y, como el fuerte Herakles al león de Nemea,

a los sangrientos tigres del mal darías caza?

¿Te enternece el azul de una noche tranquila?

¿Escuchas pensativo el sonar de la esquila

cuando el Angelus dice el alma de la tarde?

¿Tu corazón las voces ocultas interpreta?

Sigue, entonces, tu rumbo de amor. Eres poeta.

La belleza te cubra de luz y Dios te guarde.

A Bolivia

En los días de azul de mi dorada infancia

yo solía pensar en Grecia y en Bolivia;

en Francia hallaba néctar que la nostalgia alivia,

y en Bolivia encontraba una arcaica fragancia.

La fragancia sutil que da la copa rancia,

o el alma de la quena que solloza en la tibia,

la suave voz indígena que la fiereza entibia,

o el dios Manchaipuito, en su sombría estancia.

El tirso griego rige la primitiva danza,

y sobre la sublime pradera de esperanza,

nuestro pegaso joven mordiendo el freno brinca,

y bajo de la tumba del misterioso cielo,

si sol y luna han sido los divos del abuelo,

con sol y luna triunfan los vástagos del Inca.

El sueño del inca

Después del holocausto, el inca va y reposa.

Sueña. Ve el dios que pasa. Camina junto a él

la luna enamorada, gentil, pálida esposa.

Él es ardiente y rubio, es ella triste y fiel.

El soberano lleva manto de fuego y rosa,

y va detrás un paje tan bello como Ariel:

es el lucero amado de la mañana hermosa

y del azul profundo magnífico joyel.

El inca se estremece cuando el cortejo mira.

Al padre Sol bendice, su majestad admira,

y ve un fugaz relámpago del cielo en el confín.

Un eco ronco rueda por el inmenso espacio:

el padre Sol retorna soberbio a su palacio;

Illapa va adelante sonando su clarín.

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