• @dianalefaz
    Son tantas las veces que no estamos aquí, donde pisamos
  • @Anadimeana
    Mi próxima línea viene con raíces de rosa del viento
  • @Xhuvia922:22
    Los sauces llorones mojan lo que resta de tu sombra
  • @LaPetit10
    El miedo es la distancia más larga
  • @cochambrossa
    Un corazón donde la nostalgia acomode su ingravidez
  • @Genrus
    Nada como el asedio de lo irreparable para mantener el corazón encendido y las velas desplegadas
  • @largabreve
    Todo el amor es una breve esperanza, una contención indebida, enajenadora
  • @SimoneBella7
    No tardes que el silencio arrecia, hoy solo basta con que insinúes un suspiro para volverme agua
  • @ReneValdesM
    La poesía saca lo mejor que no tenemos
  • @_Annai_
    Un don es una sombra liberada
  • @___Sputnik___
    Nadie verá el estante vacío
  • @entiyparati
    Poner el alma a las palabras y que respires de ellas

2014, centenario de Octavio Paz

Se cumple en 2014 el centenario del nacimiento de Octavio Paz y se organizan en México actividades múltiples para celebrar su obra. Uno de los acontecimientos principales se la edición latinoamericana de sus “Obras Completas”. Además de otros libros cuya salida se anuncia, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes prepara reuniones, lecturas, exposiciones, recitales, seminarios y mesas de debate. Más información sobre estas actividades en: http://www.lapoesiaalcanza.com.ar/index.php/noticias/849-en-2014-se-celebra-el-centenario-del-nacimiento-de-octavio-paz

II

Ardan todas las voces

y quémense los labios;

y en la más alta flor

quede la noche detenida.

Nadie sabe tu nombre ya;

en tu secreta fuerza influyen

la madurez dorada de la estrella

y la noche suspensa,

inmóvil océano.

Amante, todo calla

bajo la voz ardiente de tu nombre.

Amante, todo calla. Tú, si nombre,

en la noche desnuda de palabras.

Sonetos

I

Inmóvil en la luz, pero danzante,

tu movimiento a la quietud que cría

en la cima del vértigo se alía

deteniendo, no al vuelo, sí al instante.

Luz que no se derrama, ya diamante,

detenido esplendor del mediodía,

sol que no se consume ni se enfría

de cenizas y fuego equidistante.

Espada, llama, incendio cincelado,

que ni mi sed aviva ni la mata,

absorta luz, lucero ensimismado:

tu cuerpo de sí mismo se desata

y cae y se dispersa tu blancura

y vuelves a ser agua y tierra oscura.

II

El mar, el mar y tú, plural espejo,

el mar de torso perezoso y lento

nadando por el mar, del mar sediento:

el mar que muere y nace en un reflejo.

El mar y tú, su mar, el mar espejo:

roca que escala el mar con paso lento,

pilar de sal que abate el mar sediento,

sed y vaivén y apenas un reflejo.

De la suma de instantes en que creces,

del círculo de imágenes del año,

retengo un mes de espumas y de peces,

y bajo cielos líquidos de estaño

tu cuerpo que en la luz abre bahías

al oscuro oleaje de los días.

III

Del verdecido júbilo del cielo

luces recobras que la luna pierde

porque la luz de sí misma recuerde

relámpagos y otoños en tu pelo.

El viento bebe viento en tu desvelo,

mueve las hojas y su lluvia verde

moja tus hombros, tus espaldas muerde

y te desnuda y quema y vuelve yelo.

Dos barcos de velamen desplegado

tus dos pechos. Tu espalda es un torrente.

Tu vientre es un jardín petrificado.

Es otoño en tu nuca: sol y bruma.

Bajo del verde cielo adolescente,

Tu cuerpo da su enamorada suma.

Las palabras

Dales la vuelta,

cógelas del rabo (chillen, putas),

azótalas

dales azúcar en la boca a las rejegas,

ínflalas, globos, pínchalas,

sórbeles sangre y tuétanos,

sécalas,

cápalas,

písalas, gallo galante,

tuérceles el gaznate, cocinero,

desplúmalas,

destrípalas, toro,

buey, arrástralas,

hazlas, poeta,

haz que se traguen todas sus palabras.

(De “Libertad bajo palabra -obra poética, 1935-1957-”, colección Letras Mexicanas, Fondo de Cultura Económica, 1960, Ciudad de México. Esta obra incluye “Bajo tu clara sombra”, “Calamidades y milagros”, “Semillas para un himno”, “¿Águila o sol?” y “La estación violenta”. Octavio Paz nació en Ciudad de México en 1914 y murió en esa misma ciudad en 1998. Además de poeta, fue también ensayista y traductor, entre otros del portugués Fernando Pessoa. Después de haber estudiado Derecho, viajó a Yucatán y participó de las misiones educativas de Lázaro Cárdenas. Allí escribió “Entre la piedra y la flor”, un poema referido a la explotación de los campesinos, publicado en 1941 y otra vez en 1976, en versión revisada. En la Guerra Civil Española fue solidario con los republicanos. Su primera publicación de poesía data de 1933, con “Luna silvestre”. En 1989 se publicó “El fuego de cada día”, una selección hecha por él mismo de su poesía escrita a partir de 1969. Los premios que recibió son innumerables. Se pueden mencionar el Xavier Villaurrutia, en 1957; el Cervantes, en 1981; y el Nobel de Literatura, en 1990. También recibió el Nacional de Periodismo de su país, que le fue otorgado en 1988 como reconocimiento a su trayectoria).

Escritura

Cuando sobre el papel la pluma escribe,

a cualquier hora solitaria,

¿quién la guía?

¿A quién escribe el que escribe por mí,

orilla hecha de labios y de sueño,

quieta colina, golfo,

hombro para olvidar al mundo para siempre?

Alguien escribe en mí, mueve mi mano,

escoge una palabra, se detiene,

duda entre el mar azul y el monte verde.

Con un ardor helado

contempla lo que escribo.

Todo lo quema, fuego justiciero.

Pero este juez también es víctima

y al condenarme, se condena:

no escribe a nadie, a nadie llama,

a sí mismo se escribe, en sí se olvida,

y se rescata, y vuelve a ser yo mismo.

Palabra

Palabra, voz exacta

y sin embargo equívoca;

oscura y luminosa;

herida y fuente: espejo;

espejo y resplandor;

resplandor y puñal,

vivo puñal amado,

ya no puñal, sí mano suave: fruto.

Llama que me provoca;

cruel pupila quieta

en la cima del vértigo;

invisible luz fría

cavando en mis abismos,

llenándome de nada, de palabras,

cristales fugitivos

que a su prisa someten mi destino.

Palabra ya sin mí, pero de mí,

como el hueso postrero,

anónimo y esbelto, de mi cuerpo;

sabrosa sal, diamante congelado

de mi lágrima oscura.

Palabra, una palabra, abandonada,

riente y pura, libre,

como la nube, el agua,

como el aire y la luz,

como el ojo vagando por la tierra,

como yo, si me olvido.

Palabra, una palabra,

la última y primera,

la que callamos siempre,

la que siempre decimos,

sacramento y ceniza.

Palabra, tu palabra, la indecible,

hermosura furiosa,

espada azul, eléctrica,

que me toca en el pecho y me aniquila.

Delicia

Como surge del mar, entre las olas,

una que se sostiene,

estatua repentina,

sobre las verdes, líquidas espaldas

de las otras, las sobrepasa,

vértigo solitario, y a sí misma,

a su caída y a su espuma,

se sobrevive, esbelta,

y hace quietud su movimiento,

reposo su oleaje,

tú, delicia, imprevista criatura,

brotas entre los ávidos minutos,

alta quietud erguida, suspensa eternidad.

Entre conversaciones o silencios,

lenguas de trapa y de ceniza,

entre las reverencias, dilaciones,

las infinitas jerarquías,

los escaños del tedio, los bancos del tormento,

naces, poesía, delicia,

y danzas, invisible, frente al hombre.

El presidio del tiempo se deshace.

¿Cómo tocarte, impalpable escultura?

¿Cómo, si sólo movimiento,

quedas así, tensa y estable, inmóvil?

Si música, no suenas: si tiempo, no transcurres:

¿qué te sostiene, líquida?

¿de qué sima brotaste, venganza del hastío,

flor del horror, del tedio, de la nada?

Por ti, delicia, poesía,

breve como el relámpago,

el mundo sale de sí mismo

y se contempla, puro, desasido del tiempo.

Pueblas la soledad del solitario

y en el arrobo aíslas al hombre encadenado.

Y los sentidos palpan

la forma presentida

y ven los ojos lo que inventan

y en círculos concéntricos el sonido se ahonda

hasta clavarse en el silencio.

El tiempo muestra sus entrañas huecas:

de su insomne vacío

surges, perdido paraíso,

sepultado secreto de este mundo.

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