• @karlisjar
    Los símbolos nunca callan, así nosotros nos hagamos los sordos
  • @EstebanPerezsan
    Duermes en lo que escribo/ y lees en lo que sueño
  • @marconpi66
    Del amor también se sale, muerto de latidos
  • @fumivora
    Quiero que solo me apuñales a mi
  • @Innestesia
    Besas como si hubiéramos leído los mismos libros
  • @divagandoletras
    Cerrar las ventanas con nosotros fuera. Y quedarnos en el otoño
  • @Claudia_DelSur
    La imaginación nos envuelve en abrazos reales
  • @MeMalcriaste
    También hay errores platónicos
  • @Juansistemico
    Tocará beber de su sonrisa en una foto
  • @Pluriversos
    Cabizbajo no es tan triste si viene un sueño subiendo
  • @cachililiana
    Vengo desterrada de un sueño
  • @nancyeldarjani
    La hora es un compás seguro

Aves claras

JUAN GELMAN

Lecturas

La niña lee

el alfabeto de los árboles

y se vuelve ave clara. Cuánta

paciencia ha de tener en aulas

donde le enseñan a no ser.

El temblor atascado

en su garganta es mudo.

También es mundo que

acosan los que saben. Así aprende

a montar monstruos de ojos pérfidos

y cuando vuelve a la que fue

ve el tiempo lastimado.

El niño

El niño duerme

al pie de un árbol y el aire

que lo relata brilla

como vida en la vida, se vuelca

con claro alivio sobre

la piel llena de caminos, sube

en el fulgor del día

para darle fulgor y el otoño

quiere al niño que duerme

al pie del aire y el

espanto se va, corrido

por una voz

que nadie escucha todavía

en la marea de las huellas.

Déjenla en paz

A la niña que cumplió dos años

le van a maltratar el saber.

Su sangre vuelve

del mar que es a su cristal

donde el temblor no fue elegido.

Cuando vendrá septiembre con

la sensación de nubes blancas

en extremos del ser.

Niña que deberás sacarte clavos

que te ajenizan el deseo,

nadie traiga a tu cuna

fuegos borrados.

El pupitre

Estaba espléndido el deber

de saber que la muerte se disuelve

en algún 2 por 2. La ruptura

consigo es gris y se acerca

a calles donde el viento dice

papá y mamá sin suerte. La cadena

no tiene cuentos ya donde el príncipe

fue uno contra la crujiente

suciedad de la calle. Los fuegos

de San Juan devoraban

tanta tristeza que

subía escalón tras escalón y

apostaba a sí misma repitiéndose.

Dónde

se escribía el descenso del crepúsculo

sobre la sopa de huesos que

tenía sabor a tránsitos deshechos.

Se aprendía a partir.

El hambre se sentaba a la mesa,

miraba oblicuo.

(Los primeros dos poemas son de “Mundar”, Seix Barral Biblioteca Breve, Buenos Aires, 2007. Los dos siguientes de “de atrásalante en su porfía”, Seix Barral Biblioteca Breve, Buenos Aires, 2009. Juan Gelman nació en Buenos Aires en 1930. Obtuvo el premio Nacional de Poesía en 1997, el Cervantes 2007; el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2005; el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2005, entre otros. Algunas de sus obras son "Gotán", "Cólera buey", "Los poemas de Sidney West", "Fábulas", "Hechos y relaciones", "Si dulcemente", "Citas y comentarios", "Hacia el Sur", "La juntaluz", "Composiciones", "Anunciaciones", "Interrupciones 1", Interrupciones 2", "Violín y otras cuestiones", "Miradas", "Carta a mi madre", "Salarios del impío", "dibaxu", "Incompletamente", "Valer la pena", "Mundar", "de atrasalante en su porfía" y “Hoy”. Poemas suyos fueron traducidos al alemán, checo, chino, francés, holandés, inglés, italiano, japonés, portugués, sueco y turco).

ALICIA SALINAS

Infancia

Corríamos entre moños y trenzas

rápido en tacos de señoras

Queríamos ser adultas

Adúlteras de felicidad

con toda la nostalgia a cuestas

como si al correr de los años

no estuviéramos regresando a la infancia.

Por las tardes

Las pequeñas silenciosas

levantábamos el mantel

tejido a bolillo

Las mayores

sonrojadas y en susurro

relataban sus audaces aventuras

Más silenciosas aún

doblábamos el mantel

Inmaculado.

(De “Veinticinco años de poesía chilena, 1970-1995, con compilación de Teresa Calderón, Lila Calderón y Tomás Harris, Fondo de Cultura Económica, Santiago, 1996. Alicia Salinas nació en Temuco, en 1974. Comenzó a publicar poesía en 1988, con “Amor, exilio y retorno”. Ganó los premios César Vallejo, en 1987, el Pablo Neruda, en 1994, el Juvencio Valle, en 1995, y el del Fondo del Libro y la Lectura, en 1996. Es también lingüista, profesora de Literatura y traductora de ruso).

MARIANO BRULL

El niño y la luna

La luna y el niño juegan

un juego que nadie ve;

se ven sin mirarse, hablan

lengua de pura mudez.

¿Qué se dicen, qué se callan,

quién cuenta, una, dos y tres,

y quién, tres, y dos y uno

y vuelve a empezar después?

¿Quién se quedó en el espejo,

luna, para todo ver?

Está el niño y alegre solo:

la luna tiende a sus pies

nieve de la madrugada,

azul del amanecer;

en las dos caras del mundo

-la que oye y la que ve-

se parte en dos el silencio,

la luz se vuelve al revés,

y sin manos, van las manos

a buscar quién sabe qué,

y en el minuto de nadie

pasa lo que nunca fue…

El niño está solo y juega

un juego que nadie ve.

(De “Las palabras son islas, panorama de la poesía cubana Siglo XX”, con selección, introducción, notas y bibliografía de Jorge Luis Arcos. Editorial Letras Cubanas, La Habana, Cuba, 1999. Mariano Brull nació en Camagüey en 1891 y murió en La Habana en 1956. Comenzó a publicar poesía en 1916, con “La casa del silencio”. Se desempeñó como diplomático en varios países de América y Europa).

ELISEO DIEGO

El oscuro esplendor

Juega el niño con unas pocas piedras inocentes

en el cantero gastado y roto

como paño de vieja.

Yo pregunto:

qué irremediable catástrofe separa

sus manos de mi frente de arena,

su boca de mis ojos impasibles.

Y suplico:

al menudo señor que sabe conmover

la tranquila tristeza de las flores, la sagrada

costumbre de los árboles dormidos.

Sin quererlo

el niño distraídamente solitario empuja

la domada furia de las cosas, olvidando

el oscuro esplendor que me ciega y él desdeña.

(Idem libro anterior. Eliseo Diego nació en La Habana en 1920 y murió en Ciudad de México en 1994. La publicación de su muy extendida obra poética comenzó en 1942, con “En las oscuras manos del olvido”. En 1986 obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Cuba y en 1993 recibió el Premio Internacional de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo. También fue narrador y ensayista).

FINA GARCÍA-MARRUZ

El bello niño

Tú sólo, bello niño, puedes entrar a un parque.

Yo entro a ciertos verdes, ciertas hojas o aves.

Tú solo, bello niño, puedes llevar la ropa

ausente del difunto, distraída y remota.

La ropa dibujada, el sombrero del ave.

Tú sólo en ese reino indisoluble y grave

has tocado la magia de lo exterior, las cosas

indecibles. Yo llevo la ropa maliciosa

del que de muerte sabe y de amarga inocencia.

Tú no sabes que tienes toda posible ciencia.

Mas ay, cuando lo sepas, el parque se habrá ido,

conocerás la extraña lucidez del dormido,

y por qué el sol que alumbra tus álamos de oro

los dora hoy con palabras y días melancólicos.

(Idem libro anterior. Fina García-Marruz nació en La Habana en 1923. Comenzó a publicar poesía en 1942, con la obra “Poemas”. Recibió gran cantidad de premios, como el de la Crítica Literaria, en 1987, 1991, 1992, 1996 y 2001; el Nacional de Literatura de Cuba, en 1990; el Iberoamericano Pablo Neruda, en 2007; el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, en 2011; y el Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca, también en 2011. Cuenta también con una obra vasta en ensayo y crítica).

HUMBERTO MEGGET

Yo tenía una voz

Yo tenía una voz

botas de niño recién puestas

bombacha campesina más que rota

herida en las rodillas.

Era una voz que dominaba

a gigantes pequeños de juguete

que hiciérame anidar entre gorriones

y madurar la mente entre los hombres

que cortaban los árboles y el césped.

Yo tenía una voz tan pequeña

que hacía con ella collarcitos

y ataba tantas cosas a su corazón de trigo

que un día hasta una niña tuvo presa

a una niña de ojos de dedales

con pestañas de fibra de los linos

a una niña de niña más que niña

que tomando mi voz entre sus dedos

la convirtió en palabra de los ríos

y me quedé sin ella

(De “Muestra de Poesía Uruguaya”, Alcira Legaspi de Arismendi, Monte Sexto, Montevideo, 1987, en segunda edición ampliada. La primera edición, de 1981, fue hecha en el exilio. Humberto Megget nació en Paysandú en 1926 y murió en Montevideo en 1951. Publicó un único libro de poemas, en 1941, “Nuevo sol partido”, de tiraje tan escaso que se volvió casi inhallable. Al cumplirse diez años de su muerte fue recordado con emoción y cariño por Mario Benedetti, quien consideró una injusticia que la obra de Magget permaneciera ignorada, hasta sin inclusión en antologías. En 1991, Pablo Rocca publicó un libro con sus obras, después de una investigación a su cargo).

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