• @nimarlu
    De tristezas que no dejan costura por reventar y de otros amores impensables
  • @L0laM0ra
    Suelen anidar las ilusiones en la tímida noche buscando la última estrella
  • @monarcamanni
    Lo que nos rompa primero: el olvido o una canción
  • @Anadimeana
    Algunos inundan puentes y ventanas, otros llueven estrellas: cada palabra con su mano vuela
  • @xhuvia922
    Las esponjas del mar borran el horizonte
  • @nancyeldarjani
    El tiempo es un olor cuando llueve
  • @DeNegraTinta
    También te quiero a deshoras
  • @DLobosyQuimeras
    Barcos de papel en dique seco
  • @LaPetit10
    Yo ya no quiero sueños intocables
  • @BlueDement_
    El día que te conozcas, vas a enamorarte de mi
  • @RecMaria
    El tiempo matará lo que no defiendas
  • @EstebanPerezsan
    Duermes en lo que escribo/ y lees en lo que sueño

Amparo Dávila

La publicación de estos poemas de Amparo Dávila se debe a una propuesta de Elyzabeth Yoval, lectora mexicana que vive en Austin, Texas. Ella envío la obra poética de su compatriota. La selección de los poemas estuvo a cargo de los editores.

Brindis

Recordemos el ayer y bebamos por lo que fue; por lo que ya no es!

Levanta la copa y brinda por lo que fue vida y fue muerte;

por lo que un día fue presente y ahora es pasado.

Recordemos el ayer y los amores color de flama; flama esencial

que incendiaba el alma.

Yo sólo tengo vino color de llama; la hoguera de sus amores

se quedó atrás en el pasado.

Llena la copa y bebe; bebamos por el pasado que no puedo

olvidar!

Acuática

Iré por la noche hasta el río musical, cuajado de estrellas;

iré a bañarme en sus aguas color de turquesa.

Escucharé los lamentos de las ramas inquietas; creeré piedras

movibles, los sapos grises.

Correré por la orilla de arenas dormidas, persiguiendo

luceros; en la arena quedarán las huellas de mis infantiles

goces.

Navegaré por el río con mis brazos por remo; el río cruzaré

con remos alados, y brotarán de mis manos las flores

del agua.

Desafiaré los peligros de las aguas profundas; sumergida

en su seno, me pensarán acuática.

Interrumpiré el sueño de los pececillos leves; a los peces

de mil colores les robaré sus sueños de perla.

Liberaré los cabellos con ansias de redes; pescarán estrellas

de coral y de nácar.

Cansada de juegos, descansaré a mi antojo sobre el regazo

del río; el río adornará mi cuerpo con encajes de espuma.

Perfil de soledades

I

Si alguien hubiera dicho:

la soledad se nutre de párpados caídos,

de silencios dormidos en la noche del ángel;

la soledad es una inválida semilla,

heredad antigua, cadena y mortaja…

Pero nadie lo dijo.

Y yo, que esperaba,

tuve que evadirme

por los cuatro puntos

amargos del viento.

II

Me sorprendo cercana de la noche,

en vano pregunto y llamo;

bajo un cielo de ruinas

contemplo mis manos

que se alargan como interrogaciones

y veo, palpo, siento,

la soledad.

Gimen las flautas

Gimen las flautas

en las manos del aire

y en vano las brisas

azotan los cristales.

¡Es tan duro el corazón de la piedra!

Arcilla desolada,

el peso de los astros

lacera tu frágil epidermis

y hace trizas, cenizas y sollozos

la rosa de la luz.

Dejadme gritar y ensordecer

con mi propio grito

hasta escuchar la esquina

más sola de mis venas.

Quiero pensar, creer

y, sin embargo…

están ausentes de ternura

los ojos de la tarde

y lloran solos

las fieras en el monte.

Si lo sabéis, decidme:

¿en dónde está el secreto manantial,

el agua virgen?

Busco bajo la niebla cuajada de horizontes…

Y ni siquiera lo sabía:

¡soy muda y ciega!

Decir tu ausencia

I

Aquí, donde comienza tu ausencia,

en este litoral del olvido

donde una esperanza se consume,

estoy como molino sin aspas;

como barco sin velas,

soy el eco de otros gritos;

amarga sal concentrada de otros llantos,

me circunda un horizonte de ruinas;

me acecha una noche sin luna y sin estrellas.

(De “Poesía reunida”, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 2011. Este libro reúne las obras “Salmos bajo la luna”, de 1950; “Perfil de soledades”, de 1954; “Meditaciones a la orilla del sueño”, de 1954; “El cuerpo y la noche”, 1965-2007. Amparo Dávila nació en Pinos, Zacatecas, en 1928. Algunos biógrafos la describen como una niña rebelde, aunque la familia se vio muy afectada por la muerte de uno de sus hermanos, al nacer, y de otros dos por enfermedades padecidas a muy corta edad. Al pasar mucho tiempo en la librería de su padre, se convirtió rápidamente en gran lectora. Cursó estudios primarios y secundarios en San Luis Potosí y luego se trasladó a Ciudad de México, donde trabajó con Alfonso Reyes. Su primera publicación de poesía data de 1950, con “Salmos bajo la luna”. En 1977 recibió el premio Xavier Villaurrutia. Se destaca también como cuentista).

LA NOCHE hunde

su prestigio de tigre

muerde al sueño

y al cuerpo

el tigre de la noche

en el agua

--

ESTE cuerpo que grita

y no se escucha

que se abisma

para salir huyendo

cuerpo sin luz

en sí cerrado

--

Ni un solo pájaro

en la noche

ni nada que nos retoñe

el cuerpo olvidó su rostro

su sombra

su recuerdo

--

NOCHE sin alba

profunda

eterna

el cuerpo cae en ti

como fruto maduro

y consumado

--

EL CUERPO es una llama viva

pasión en movimiento

la noche con luna y con estrellas

--

EL CUERPO es una llama errante

un terco dolor

la noche caída y fragmentada

--

EL CUERPO busca en la noche

la fugaz duración del sueño

la leve permanencia de su gozo

y la huella tal vez

de una mirada

instante consumado

y sin retorno

--

EL AMANTE reposa

en el secreto límite que separa

el gozo del dolor

con ojos cerrados percibe

la fría desnudez de la alcoba

los muros como lágrimas secas

su propia desnudez

y el cuerpo más sólo

cada día

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