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Acerca del amor (II)

ALEJANDRA PIZARNIK

y cantos

entre ruinas de niños ahogados,

más allá de toda destrucción,

de todas las ceremonias de la muerte

está la presencia de quien yo amo,

quien disipa las apariencias de los atroces espejos del mediodía,

quien evita incluso que los espejos se rompan,

que la sal se vuelque.

Presencia

tu voz

en este no poder salirse las cosas

de mi mirada

ellas me desposeen

hacen de mí un barco sobre un río de piedras

si no es tu voz

lluvia sola en mi silencio de fiebres

tú me desatas los ojos

y por favor

que me hables

siempre

Encuentro

Alguien entra en el silencio y me abandona.

Ahora la soledad no está sola.

Tú hablas como la noche.

Te anuncias como la sed.

Sentido de su ausencia

si yo me atrevo

a mirar y a decir

es por su sombra

unida tan suave

a mi nombre

allá lejos

en la lluvia

en mi memoria

por su rostro

que ardiendo en mi poema

dispersa hermosamente

un perfume

a amado rostro desaparecido

Dos

Sin ti

el sol cae como un muerto abandonado.

Sin ti

me tomo en mis brazos

y me llevo a la vida

a mendigar fervor.

--

sólo la sed

el silencio

ningún encuentro

cuídate de mí amor mío

cuídate de la silenciosa en el desierto

de la viajera con el vaso vacío

y de la sombra de su sombra

Amantes

una flor

no lejos de la noche

mi cuerpo mudo

se abre

a la delicada urgencia del rocío

(Los cuatro primeros poemas son de “Obras completas, poesía & prosa”, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1990. Los tres siguientes son de “Poemas”, con selección y prólogo de Alejandro Fontenla, Capítulo, Biblioteca Argentina Fundamental, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1982. Alejandra Pizarnik nació en Buenos Aires, en 1936, y murió en la misma ciudad, en 1972. Publicó por primera vez en 1955, “La tierra más ajena”. Siguieron “La última inocencia”, 1956; “Las aventuras perdidas”, 1958; “Árbol de diana”, 1962; “Los trabajos y las noches”, 1965; “Extracción de la piedra de locura”, 1968; “El infierno musical”, 1971; “Texto de sombra y últimos poemas”, edición póstuma, de 1982. En prosa, publicó “La condesa sangrienta”, en 1971. Estaba hospitalizada en 1972, por padecer depresión. Se quitó la vida ingiriendo barbitúricos, durante un permiso de salida).

HOMERO ARIDJIS

Es tu nombre y es también octubre

Es tu nombre y es también octubre

es el diván y tus ungüentos

es ella tú la joven de las turbaciones

y son las palomas en vuelos secretos

y el último escalón de la torre

y es la amada acechando el amor en antemuros

y es lo dable en cada movimiento y los objetos

y son los pabellones

y el no estar del todo en una acción

y es el Cantar de los Cantares

y es el amor que te ama

y es un resumen de vigilia

de vigilancia sola al borde de la noche

al borde del soñador y los insomnios

y también es abril y noviembre

y los disturbios interiores de agosto

y es tu desnudez

que absorbe la luz de los espejos

y es tu capacidad de trigo

de hacerte mirar en las cosas

y eres tú y soy yo

y es un caminante en círculo

dar a tus hechos dimensión de arco

y a solas con tu impulso decirte la palabra

Dije si la luz fuera compacta como mi mano

Dije si la luz fuera compacta como mi mano

estrecharía su cintura hasta hacerla volar

como una palabra que se pierde en el aire

hasta volverse un fruto

haría en la noche un claro de sol para su vuelo

un círculo de imágenes que asciendan

con esa lentitud de las horas quemadas

al ritmo de su corazón

hallaría en el instante el espacio secreto

donde hace un sueño los cuerpos se han tocado las alas

se han encerrado juntos en alguien para siempre

han visto la alegría

en el agua profunda el verbo iluminado

tendría el color de ella la forma de sus ojos

la alabanza y el fuego el tremolar del viento

iría de vuelo en vuelo más alto que la luz

sería como los pájaros sería una aparición

(De “Poesía en movimiento, México 1915-1966” con selecciones y notas de Octavio Paz, Alí Chumancero, José Emilio Pacheco y Homero Aridjis, y prólogo de Octavio Paz. Homero Aridjis nació en Contepec, Michoacán, en 1940. Su primera publicación de poesía data de 1960, con “Los ojos desdoblados”. Siguió una gran cantidad de obras hasta llegar a “Los poemas soñados”, en 2011. Es también novelista. Recibió gran cantidad de reconocimientos por su obra literaria, pero también por su tarea a favor del medio ambiente. Asimismo, se desempeñó como diplomático).

GONZALO ROJAS

La loba

Unos meses la sangre se vistió con tu hermosa

figura de muchacha, con tu pelo

torrencial, y el sonido

de tu risa unos meses me hizo llorar las ásperas espinas

de la tristeza. El mundo

se me empezó a morir como un niño en la noche,

y yo mismo era un niño con mis años a cuestas por las calles,

/ un ángel

ciego, terrestre, oscuro,

con mi pecado adentro, con tu belleza cruel, y la justicia

sacándome los ojos por haberte mirado.

Y tú volabas libre, con tu peso ligero sobre el mar, oh mi diosa,

segura, perfumada,

porque no eras culpable de haber nacido hermosa, y la alegría

salía por tu boca como vertiente pura

de marfil, y bailabas

con tus pasos felices de loba, y en el vértigo

del día, otra muchacha

que salía de ti, como otra maravilla

de lo maravilloso, me escribía una carta profundamente triste,

porque estábamos lejos, y decías

que me amabas.

Pero los meses vuelan como vuelan los días, como vuelan

en un vuelo sin fin las tempestades,

pues nadie sabe nada de nada, y es confuso

todo lo que elegimos hasta que nos quedamos

solos, definitivos, completamente solos.

Quédate ahí, muchacha. Párate ahí, en el giro

del baile, como entonces, cuando te vi venir, mi rara estrella.

Quiero seguirte viendo muchos años, venir

impalpable, profunda,

gigante, así, perfecta, con tu negro vestido

y tu pañuelo verde, y esa cintura, amor,

y esa cintura.

Quédate ahí. Tal vez te conviertas en aire

o en luz, pero te digo que subirás con éste y no con otro:

con éste que ahora te habla de vivir para siempre

tú subirás al sol, tú volverás

con él y no con otro, una tarde de junio,

cada trescientos años, a la orilla del mar,

eterna, eternamente con él y no con otro.

Vocales para Hilda

La que duerme ahí, la sagrada,

la que me besa y me adivina,

la translúcida, la vibrante,

la loca

de amor, la cítara

alta:

tú,

nadie

sino flexiblemente

tú,

la alta,

en el aire alto

del aceite

original

de la Especie:

tú,

la que hila

en la velocidad

ciega

del sol:

tú,

la elegancia

de tu presencia

natural

tan próxima,

mi vertiente

de diamante, mi

arpa,

tan portentosamente mía:

tú,

paraíso

o

nadie

cuerda

para oír

el viento

sobre el abismo

sideral:

tú,

página

de piel más allá

del aire:

tú,

manos

que amé,

pies

desnudos

del ritmo

de marfil

donde puse

mis besos:

tú,

volcán

y pétalos,

llama;

lengua

de amor

viva:

tú,

figura

espléndida, orquídea

cuyo carácter aéreo

me permite

volar:

tú,

muchacha

moral, fragancia

de otra música

de nieve

sigilosamente

andina:

tú,

hija del mar

abierto,

áureo,

tú que danzas

inmóvil

parada

ahí

en

la transparencia

desde

lo hondo

del principio:

tú,

cordillera, tú,

crisálida

sonámbula

en el fulgor

impalpable

de tu corola:

tú,

nadie: tú:

Tú,

Poesía,

tú,

Espíritu,

nadie:

tú,

que soplas

al viento

estas vocales

oscuras,

estos

acordes

pausados

en el enigma

de lo terrestre:

tú:

(El primer poema fue tomado de “Contra la muerte”, prólogo, notas y cronología de Jaime Quezada, Colección Premios Nacionales de Literatura, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 2002. El segundo fue tomado de “Antología de Aire”, con selección de textos de Hilda May, Serie Poetas Chilenos, Tierra Firme, Fondo de Cultura Económica, Santiago de Chile, 2004. Gonzalo Rojas nació el 20 de diciembre de 1917 en Lebu, y murió el 25 de abril de 2011 en Santiago. Ganó el Premio Cervantes en 2003, y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1992).

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