• @dianalefaz
    Son tantas las veces que no estamos aquí, donde pisamos
  • @Anadimeana
    Mi próxima línea viene con raíces de rosa del viento
  • @Xhuvia922:22
    Los sauces llorones mojan lo que resta de tu sombra
  • @LaPetit10
    El miedo es la distancia más larga
  • @cochambrossa
    Un corazón donde la nostalgia acomode su ingravidez
  • @Genrus
    Nada como el asedio de lo irreparable para mantener el corazón encendido y las velas desplegadas
  • @largabreve
    Todo el amor es una breve esperanza, una contención indebida, enajenadora
  • @SimoneBella7
    No tardes que el silencio arrecia, hoy solo basta con que insinúes un suspiro para volverme agua
  • @ReneValdesM
    La poesía saca lo mejor que no tenemos
  • @_Annai_
    Un don es una sombra liberada
  • @___Sputnik___
    Nadie verá el estante vacío
  • @entiyparati
    Poner el alma a las palabras y que respires de ellas

Asuntos de familia

CÉSAR VALLEJO

Los pasos lejanos

Mi padre duerme. Su semblante augusto

figura un apacible corazón;

está ahora tan dulce…

si hay algo en él de amargo, seré yo.

Hay soledad en el hogar; se reza,

y no hay noticias de los hijos hoy.

Mi padre se despierta, ausculta

la huida a Egipto, el restañante adiós.

Está ahora tan cerca;

si hay algo en él de lejos, seré yo.

Y mi madre pasea allá en los huertos,

saboreando un sabor ya sin sabor.

Está ahora tan suave,

tan ala, tan salida, tan amor.

Hay soledad en el hogar sin bulla,

sin noticias, sin verde, sin niñez.

Y si hay algo quebrado en esta tarde,

y que baja y que cruje,

son dos viejos caminos blancos, curvos.

Por ellos va mi corazón a pie.

A mi hermano Miguel

Hermano, hoy estoy en el poyo de la casa,

donde nos haces una falta sin fondo!

Me acuerdo que jugábamos esta hora, y que mamá

nos acariciaba: “Pero, hijos…”

Ahora yo me escondo,

como antes, todas estas oraciones

vespertinas, y espero que tú no des conmigo.

Por la sala, el zaguán, los corredores.

Después, te ocultas tú, y yo no doy contigo.

Me acuerdo que nos hacíamos llorar,

hermano, en aquel juego.

Miguel, tú te escondiste

una noche de agosto, al alborear;

pero, en vez de ocultarte riendo, estabas triste.

Y tu gemelo corazón de esas tardes

extintas se ha aburrido de no encontrarte. Y ya

cae sombra en el alma.

Oye hermano, no tardes

en salir. Bueno? Puede inquietarse mamá.

XXVIII

He almorzado solo ahora, y no he tenido

madre, ni súplica, ni sírvete, ni agua,

mi padre que, en el facundo ofertorio

de los choclos, pregunte para su tardanza

de imagen, por los broches mayores del sonido.

Cómo iba yo a almorzar. Cómo me iba a servir

de tales platos distantes esas cosas,

cuando habráse quebrado el propio hogar,

cuando no asoma ni madre a los labios.

Cómo iba yo a almorzar nonada.

A la mesa de un buen amigo he almorzado

con su padre recién llegado del mundo

con sus canas tías que hablan

en tordillo retinte de porcelana,

bisbiseando por todos sus viudos alvéolos;

y con cubiertos francos de alegres tiroriros

porque estánse en su casa. Así qué gracia!

Y me han dolido los cuchillos

de esta mesa en todo el paladar.

El yantar de estas mesas así, en que se prueba

amor ajeno en vez del propio amor,

torna tierra el bocado que no brinda la MADRE,

hace golpe la dura deglusión; el dulce,

hiel; aceite funéreo, el café.

Cuando ya se ha quebrado el propio hogar,

y el sírvete materno no sale de la

tumba,

la cocina a oscuras, la miseria de amor.

(De “Masa y otros poemas”, Colección “A Viva Voz”, dirigida por Mario Benedetti, Espasa Calpe, Buenos Aires, 1996. César Vallejo nació en Santiago de Chuco, Perú, en 1892, y murió en París, Francia, en 1938. Su primera publicación de poesía data de 1918, “Los Heraldos Negros”. En 1922 publicó “Trilce”, señalada como la obra con la que Vallejo afirma su lenguaje personal, que conmocionó al mundo literario. Fue también narrador, ensayista y dramaturgo. Trabajó como traductor, docente y periodista. Se identificó fuertemente con el marxismo y la Revolución rusa).

SUSANA THÉNON

dentro de poco irrumpirá la madre

nos aguarda otra cena

y unos aquí

y otros aquí

y otros aquí también

cada uno en su noche individual

comeremos

la bocanada de conversación

se hará hilos

buscará otra ventana

donde quizá el sonido

hable con uno que está solo

y le diga: cerca hay una familia

dentro de poco irrumpirá la madre

el pulpo odiado amado

estirará un tentáculo con sopa

y comeremos

o leyendo o peleando o en silencio

desgranará uno el pan

y el otro esos recuerdos

como trépanos ávidos de lloro

dentro de poco irrumpirá la nada

ni sopa habrá

ni boca en qué volcarla

(De “La morada imposible”, edición a cargo de Ana M. Barrenechea y María Negroni, Tomo 2, Biblioteca de Poesía, Corregidor, Buenos Aires, 2004. Susana Thénon nació en Buenos Aires en 1935 y murió en esa misma ciudad, en 1991. Publicó “Edad sin tregua”, en 1958; “Habitante de la nada”, en 1959; “De lugares extraños”, en 1967; “Distancias”, en 1984; y “Ova completa”, en 1987. Fue también traductora y fotógrafa, actividad ésta última a la que se dedicó también con gran intensidad).

DIANA BELLESSI

I

No hubo guerreros

en mi familia

ni doctores ni poetas.

No tengo saga que contar

ni epopeya

sostenida con la espada

en el anca briosa de una yegua.

Sólo un puñado de historias

que ni registra siquiera

el nombre de los árboles

del río

o de los pájaros que amanecían

los días campesinos

en un pueblito de Italia

perdido con la muerte

y la memoria de mis abuelos.

Tengo por herencia

un resplandor del Adriático

y un enorme azadón

que puebla todas las cosechas.

II

El padre de mi madre

tuvo como cuna

los aperos de un buey

que tiraba del arado.

Clavaron las horquillas

una cama de bronce

y extensas glicinas

al sur de Santa Fe.

Levantaban la cosecha propia

y después

enfilaban el buey

hacia La Pampa

a levantar la cosecha ajena.

Sin conquistas

de indios ni desiertos.

amparados por el rezo

la voluntad y el lucero.

Hubo, eso sí,

un pariente que tocaba el acordeón

en mi familia

y amistad con peones guitarreros

que venían

vaya a saber de dónde

sino de esta tierra

buena para cruza

el precio del olvido

y la pobreza.

III

En tiempo de langostas

o sequía

en tiempo de mentira

cuando los cerealistas

se lanzaban

a quiebras fraudulentas

nube negra

pájaro de rapiña

o era alto el arancel

llegado el momento

de cambiar por vacas

al gringo

y todo su esfuerzo

mis abuelas cambiaron

el percal de sus vestidos

por las ásperas bolsas

que sobraban

del maíz

o del trigo

En tiempo de langostas

o sequía

en tiempo de mentira.

(De “Colibrí, ¡lanza relámpagos!”, estudio preliminar de Jorge Monteleone. El libro incluye una entrevista a la autora realizada por Alicia Genovese y María del Carmen Colombo. Colección Poetas de Hoy / 2, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1996. Diana Bellessi nació en Zavalla, provincia de Santa Fe, Argentina, en 1946. Su primera publicación de poesía data de 1970, con “Destino y propagaciones”, en Ecuador. “Tributo del mudo”, de 1982; “Eroica”, de 1988; y “Mate cocido”, de 2002, figuran entre sus libros más importantes, además de varias antologías. En 1984 publicó también “Contéstame, baila mi danza”, selección y traducción de diez poetas norteamericanas. En 2007 ganó el premio trayectoria en poesía del Fondo Nacional de las Artes y en 2011 el Premio Nacional de Poesía de su país).

JORGE TEILLIER

Hermana

Vivo en la apariencia de un mundo

Tú no sabes ni puedes saberlo

Tú no puedes conocer a mi hermana.

Yo mismo apenas la conozco

Porque murió antes de que yo naciera

Y esa llaga adelantó mi llegada.

Por eso crecí antes de lo debido

Y la primavera es una rápida hojarasca

Y el verano un congelado reloj de arena.

Ya sólo puedo yacer en el lecho de mi hermana muerta.

El vacío de mi hermana me sigue cada día.

Cuando yo muera habré muerto antes de su muerte.

A mi madre

De ti guardo el amor a las casas de madera,

al olor de la harina tostada

y del pan amasado

y del fuego que crepita dulcemente en la chimenea

y de contar sólo hermosos sueños.

Comprendo que no supe comprenderte

que creí poder vivir solo.

Vuelvo a mirarte

en un campo que tú amarías

aunque aquí no llueva sobre el techo de alerce rojo

de tu casa que te quitaron.

Vuelvo a mirarte

en una ciudad tan lejana,

tan fría, tan ruidosa.

Añorando los cerezos de tu patio, el huerto del patio,

la flor de la pluma,

escribiendo tus simples poemas

sobre tu niñez sureña y cantarina

como el galope del caballo de tu padre.

Ahora te recuerdo

mucho más que cuando se te empañaban los ojos

cuando yo partía alegremente a la ciudad

esa ciudad que era tu enemiga.

Ahora te recuerdo

y quizás tu muerte

me haría menos daño

que tu exilio.

(De "Crónicas del forastero", con selección y prólogo de Jorge Valdivieso, colección de poesía Musarisca dirigida por Jorge Boccanera, Ediciones Colihue, Buenos Aires, 1999. Jorge Teillier nació en Lautaro, Chile, en 1935, y murió en Viña del Mar, en 1996. Sus primeras publicaciones de poesía datan de 1956. Recibió numerosos premios, como el Municipal de Santiago, en 1961, y el del Consejo Nacional del Libro, en 1994. Fue asimismo cuentista y traductor, y además se desempeñó como periodista).

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