• @cenizalunatica
    La luna borra su forma y yo sigo buscando semejanzas
  • @karlisjar
    El viento es una armónica de mil tonos
  • @Suspiro_DeLuna
    Magia es que te sostengan unos brazos que jamás te han tocado
  • @Tu_Funamiento
    Me busqué en otras personas y en todas te encontré
  • @Innestesia
    Viajo por si me encuentro
  • @fumivora
    Aparento más mariposas de las que tengo
  • @letrasdemorado
    Ya no hacen el pasado como antes
  • @itzarbepoesia
    He guardado bajo mis párpados caminos de agua por los que volver al hogar de tu recuerdo
  • @AlejandroLanus
    Juego como un niño que no sabe morir
  • @leonbenIarregui
    Cada vez más insomnes y menos soñadores
  • @vforte
    la tristeza es la rabia parada bajo la lluvia
  • @Yennifercc
    El que vive a solas con la poesía anda descalzo porque no cree en las heridas

Palabra y pentagrama

RODOLFO ALONSO

Noche de música

En la ausencia del trópico, cantamos.

La oscuridad es música en la noche de mujeres

elementales y árboles de sangre. Es fiebre en la mirada

de los hombres.

El ritmo salvaje y seguro, la fuerza abierta del instinto:

cálidos caminos.

(De “A favor del viento, poesía reunida”, Editorial Argonauta, Buenos Aires, 2004. Rodolfo Alonso nació en Buenos Aires, en 1934. Siendo adolescente participó de la revista de vanguardia “Poesía Buenos Aires”. Su primera publicación data de 1954, “Salud o nada”. Desde entonces lleva publicados más de veinte libros. Fue integrado a numerosas antologías. Obtuvo varios premios, entre ellos el Nacional de Poesía. Fue el primer traductor de Fernando Pessoa en América Latina. Y tradujo a muchos otros poetas).

JOAQUÍN GIANNUZZI

El guitarrero

I

El guitarrero es siempre

un hombre ensimismado, culpa

de la guitarra. El hombre

debe inclinar con delicada

atención la cabeza hacia un costado

como escuchando absorto

su propio cuerpo. Y esto es verdad

pues la guitarra tiende

a apoyarse, adherirse y obstinada

entra en el guitarrero por el vientre.

Por eso el guitarrero

es hombre ensimismado y anda ajeno;

sus entrañas le bastan

para entender que en todo este tumulto

feroz y sin sentido

hay algo, no sabemos, que se salva

y para el hombre tiene

la forma, la extrañeza de un acorde

que escucha desde el ámbito

del cuerpo –uno diría- aguitarrado.

II

Me contó un guitarrero

que una dulce razón hay en el hecho

de tocar la guitarra: es el apoyo

de su brazo en la curva

que entra a buscar el centro de la caja.

Ese leve reposo

de la carne concede

la explicación más vasta de la vida.

Yo alabé su certeza y vi más claro;

y pensé: cuando uno

no entiende nada, no comprende nada

de lo que pasa aquí, en las relaciones

entre el mundo y las cosas, el orgullo,

lucidez y piedad se desmoronan

como buscando un sitio que responda

al sueño que merecen

y justifiquen lo que se ha perdido.

Uno comprueba entonces

sin júbilo y sin pena, pero sí

con un poco de paz bajo la frente

que el lugar del sentido está en el centro

de lo que somos, una

especie de retorno a la primera

interrogación, una

dulcísima vuelta hacia el asombro.

De modo que mi brazo, en su descanso

-contaba el guitarrero-

me remite, sin duda, a lo que soy

y las cuerdas responden por mí mismo.

Bajo contínuo

De la guitarra prefiero los acordes más bajos.

Los que atraen hacia el fondo y retienen

la posibilidad aérea de la música.

Los que golpean el suelo y el polvo.

Los que buscan en la tierra

la terrible respuesta que espero de un día para otro.

(Los poemas “El guitarrero” I y II son de “Obra poética”, Emecé, Buenos Aires, 2000. “Bajo contínuo” es de “Un arte callado”, colección Pez Náufrago, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2008. Joaquín Giannuzzi nació en Buenos Aires en 1924 y murió en Salta, norte de Argentina, en 2004. Comenzó a publicar poesía en 1958, con “Nuestros días mortales”. “Violín obligado”, de 1984, y “Cabeza final”, de 1991, están entre sus libros más renombrados. Obtuvo numerosos premios, entre ellos del Fondo Nacional de las Artes, en 1963 y 1977, y el Nacional de Poesía, en 1992. Poemas suyos fueron integrados a numerosas antologías. Fue también periodista).

ALEJANDRO PERALTA

Lunario musical

Se han volcado las fuentes de la luna

y mi cuarto es un lago de aromas

Beethoven

en la penumbra se alborota la melena

El silencio se moja la nuca bajo una ducha de estrellas

En mi boca-cilindro musical

juega como un confite el plenilunio

(De “Antología de la Poesía Vanguardista Peruana”, con introducción y estudio de Mirko Lauer. Ediciones El Virrey – Hueso Húmero Ediciones, Lima, 2001. Alejandro Peralta nació en Punto en 1899 y murió en esa misma ciudad en 1973. Sus libros “Ande” y “Kollao” son considerados definitorios para el denominado “indigenismo vanguardista”).

JAIME SABINES

LA MÚSICA DE BACH MUEVE CORTINAS

en la mañana triste, y un viento con amores

se desliza en las calles y en los corazones.

Nadie sabe por qué, pero se alegran

las sombras y los hombres

como si Dios hubiese descendido a fecundarlos

y en el asfalto espigas de oro florecieran.

En el día de hoy el sol se ablanda

y mansa luz como un aceite unta

a los cansados y a los tristes.

Un canto para sordos se desprende de las cosas

y esa terrible dulzura que es Dios insoportable

contagia la salud de un pecho a otro.

Es la hora interminable, la inasible,

la eternidad que dura un abrir y cerrar de ojos.

(Mientras esto he dicho, el día se ha partido en

dos como una granada madura.)

(De “Antología poética”, con prólogo y selección de Guadalupe Flores Liera, Colección Conmemorativa 70 Aniversario del Fondo de Cultura Económica, México, 2005. Jaime Sabines nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en 1926, y murió en Ciudad de México en 1999. Su primer libro de poesía, “Horal”, data de 1950. Su obra comprende numerosas ediciones, y después de su deceso llega a “Los amorosos: cartas a Chepita”, de 2009. Entre numerosos premios, recibió el Chiapas de Poesía, en 1959; el Xavier Villaurrutia, de 1974; y el Nacional de Lingüística y Literatura, en 1983. Fue traducido a numerosos idiomas. Se desempeñó como legislador, por Chiapas y por el Distrito Federal).

GÜNTER GRASS

Orfeo

Como entonces me contaba entre el público,

me senté en la fila diecisiete.

Así, con las manos sobre el programa,

Aguanté hasta poco antes del descanso:

borré al director de un trazo,

apunté a la dentadura del piano, saqué un ojo a la flauta

y llené los cobres -¿de qué?- de plomo.

Había que depilar a la mitad de los instrumentos.

¿Quién me cortó entonces la película?

Los acomodadores recibieron poderes,

me arrojaron violines, pecheras,

todo lo que, pautado, vive de notas en blanco y negro.

La arpista, a pesar de ello mujer,

se inclinó sobre mí, con un vestido caritativo.

Y así penetré en sus cuerdas

y sólo entiendo ahora de dedos.

Suena bien, me hago el desentendido y me guardo

de pedirle a ella el programa.

(De “Poemas”, con traducción de Miguel Sáenz, Colección Visor de Poesía, Madrid, 1999. Gûnter Grass nació en Danzig, Alemania, en 1927. Su primera publicación de poesía data de 1956, con “Las ventajas de las gallinas de viento”. Su obra narrativa lo ubica como un clásico del siglo XX. Obtuvo los premios Nobel de Literatura y Príncipe de Asturias. En comparación con su narrativa, la obra poética es considerada poco conocida. También es muy valorada su actividad en la política y la promoción de los derechos humanos).

ELVIO ROMERO

Guitarra de sembradores

Contorno y geografía de sueño y de madera,

tienes, guitarra, soles que encienden la garganta,

ecos que condecoran la sangre con estruendo,

el corazón con brasas.

Cristal de miradores aflorando en el pecho,

vena de nuestra voz, terrón arrebatado,

endurecida gota de arboledas sonoras,

de tórrido remanso.

Tienes una armadura de forestal silencio

y áridas bocanadas de estos desiertos áridos,

golpeándonos por dentro con sus sordos secretos

de arpegios incendiados.

Veo en las madrugadas duras manos que cogen

tu cuerpo, hasta apretarlo contra otro cuerpo duro,

desembocando en él para empezar el día

con vértigo profundo.

Son como marejadas que llegan a ribera

y extienden en reposo sus olas más feroces.

Litoral de madera: tu caja es una orilla

donde cantan los hombres.

Dejan allí sus venas, su amor, de cara al viento,

orlados por el sol que las raíces quema,

mientras van arrojando semillas con las manos

en las amargas tierras.

Que tienen la epidermis soleada y te enamoran

con áspera caricia, con raptos torrenciales,

y te dejan sus nervios, su corazón, sus huesos

y su canto anhelante.

Hace falta tocar, coger la más profunda

fibra de hervor caliente o sol desparramado,

para tener la boca ardiente y encendida

y seguir caminando.

Firmes manos te toman de la firme cintura,

firmes manos de suave sudor y antigua sangre,

con una vocación de acuchillar tristezas

besando sus cordajes.

Son hombres que perforan su pecho con tu caja

para enterrarte en él como en rojo relámpago,

hasta que allí te envuelva su cotidiana fiebre

de sueño y arrebato.

Son hombre todos llenos de relente y boscaje,

cálices de la vida, generosos y fuertes,

que cantan y te sienten y están amaneciendo,

que gritan y te sienten.

Toca, guitarra plena, amanecida, toca

la cuerda popular, la más caliente y densa,

aunque rompa tu cuerpo sonoro su mensaje,

su vibración tremenda.

Y entonces cuando vistas ese ardiente ropaje

de las cosas que tienen color de nuestros actos,

pondré tu arquitectura de madera profunda

sobre el pecho, cantando.

(De "Sus mejores poemas", con prólogo de Josefina Plá. Biblioteca Paraguaya El Lector, Editorial El Lector, Asunción, 1997. Elvio Romero nació en Yegros, en 1926. Su creación y actividad literaria comenzó cuando era muy joven, así como su participación en los asuntos del país, como activista social. Con 21 años debió salir al exilio, tras la guerra civil de 1947. Entre otras actividades, tras el derrocamiento del dictador Alfredo Stroessner, fue diplomático de su país en Argentina. "Días roturados", "Resoles áridos", Despiertan las fogatas", El sol bajo las raíces", "De cara al corazón", "Esta guitarra dura", "Un relámpago herido", "Los innombrables", "Destierro y atardecer", "El viejo fuego", "Los valles imaginarios", "Flechas en un arco tendido", "El poeta y sus encrucijadas", son algunas de sus obras. Murió en Buenos Aires, en mayo de 2004).

La poesía alcanza para todos - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.