• @dianalefaz
    Son tantas las veces que no estamos aquí, donde pisamos
  • @Anadimeana
    Mi próxima línea viene con raíces de rosa del viento
  • @Xhuvia922:22
    Los sauces llorones mojan lo que resta de tu sombra
  • @LaPetit10
    El miedo es la distancia más larga
  • @cochambrossa
    Un corazón donde la nostalgia acomode su ingravidez
  • @Genrus
    Nada como el asedio de lo irreparable para mantener el corazón encendido y las velas desplegadas
  • @largabreve
    Todo el amor es una breve esperanza, una contención indebida, enajenadora
  • @SimoneBella7
    No tardes que el silencio arrecia, hoy solo basta con que insinúes un suspiro para volverme agua
  • @ReneValdesM
    La poesía saca lo mejor que no tenemos
  • @_Annai_
    Un don es una sombra liberada
  • @___Sputnik___
    Nadie verá el estante vacío
  • @entiyparati
    Poner el alma a las palabras y que respires de ellas

Acercamiento a poetas uruguayos

ALFREDO GRAVINA

Exilio

El exilio

Es un taller de brumas.

Te muele

los rubíes del alma,

te absorbe sus rocíos

para moldear adioses

como alas sin cuerpo.

Ya me amotino.

No quemo mis pañuelos

sino mis propias manos

para que no se agiten

en coágulos volantes.

No les diré jamás

adiós a los profundos

montajes de mi vida,

al vuelo capital.

¿Qué soy si no

cuando mi patria espera?

(De “Muestra de Poesía Uruguaya”, con selección de Alcira Legaspi de Arismendi, Monte Sexto, Montevideo, 1987. Alfredo Gravina nació en Tacuarembó, en 1913, y murió en Montevideo, en 1995. Fue principalmente cuentista y novelista, y dedicó sólo algunos períodos aislados de su creación a la poesía. Su obra “Despegues” fue premiada por Casa de las Américas).

VÍCTOR CUNHA

Ausencia del pájaro

las luces de los escaparates de la avenida 18 de Julio

vuelan como luciérnagas siempre prendidas

pero la ciudad no tiene pájaros y

si tiene

dónde están

acá sólo hay lugar para motores que bullen como

las alas de una pava del monte chocando allá lejos

entre los árboles del mataojo chico otra vez

además la ciudad tiene tan pocos árboles que

ningún pájaro chocará contra ellos pero no

por eso quiero decir que podrían volar

pero viene un niño y echando a volar la blanca

flecha

(papel helicóptero de sus sueños

por el aire de esta plaza con gusto a viernes

me devuelve la confianza ya no necesito de los pájaros

por hoy

y termino de escribir el poema aunque

los ojos de la patria brillen (de lágrimas

como los escaparate de la avenida 18 de Julio

(Idem libro anterior. Víctor Cunha nació en Tacuarembó, en 1951. En su blog, victorcunhapoeta.blogspot.com, expresa sobre sí mismo: “Es o ha sido poeta, productor musical, profesor de literatura, periodista, letrista, cuentista, cuentero, diseñador gráfico y fotógrafo". En poesía publicó “El Libro de llanda”, “Artificio con doncella”, “Ausencia del pájaro”, “Título Umbral Contribución” y “Poemas de la Sombra Diferida”. Con “Ausencia del pájaro” consiguió, en 1981, el premio de poesía de la Feria Nacional de Libros y Grabados).

ENRIQUE ESTRÁZULAS

El viento

Este viento es del Sur, aquí vivimos

aquí la piel y el mar y nuestras cosas,

aquí ronca el juncal y tuerce el árbol

circunstancias oscuras y pensadas.

Este viento es del Sur, aquí vivimos…

El barrio

Árbol que encoge lluvia, humedad plana

de estos muros del sur,

vago que vago,

sigo que sigo caminante

escucho,

ya empiezo a desandar.

Mensaje

Llega el invierno. La hojarasca vuela

como papel quemado por las calles

por esas calles donde va mi pueblo

a los mercados

por las mismas calles

donde marchan obreros y carteles

donde me están llamando las muchachas.

Llega el invierno. Ábreles las puertas

abre tu corazón

hermano

y sangra.

(Idem libro anterior. Enrique Estrázulas nació en Montevideo, en 1942. En poesía publicó “El Sótano”, en 1965; “Fueye”, en 1968; “Caja de tiempo” (1971); “Confesión de los perros” (1975), y “Poemas de amor-Madrigales, Blasfemias” (1979). Monte Sexto publicó en 1986 “Poesías completas”. Es también novelista, ensayista, dramaturgo y periodista).

ALBERTO MEDIZA

Canto a Vietnam

Lo que mil años de historia no pueden destruir, es el esfuerzo.

La sangre repartida entre los días, el brazo tenso

La vida que fecunda las palabras hasta dejar desnudo

el carozo del tiempo.

Los hombres llegan y se van, todo desaparece,

y el viento ya no es viento, y el aire ya no es aire,

y hasta la propia carne muere

y se desintegra;

sobre desconocido espacio se abraza con la tierra.

Pero nosotros somos

el presente y futuro de la especie,

damos lugar al hombre que vendrá.

Sólo la realidad humana queda.

II

En esta latitud donde todo se agrieta y se derrumba

donde un monstruo invisible se devora

la tierra, el pan y el cielo,

y nosotros andamos

con los ojos hurgando entre los días,

detrás de una señal que nos ampare.

III

Los niños escondieron sus lágrimas en planchas de hormigón

y se arrancaron a tirones la memoria.

Sobre los altos edificios cruzaron los veranos

con tardes apacibles, con sonrisas.

Cuando el reloj marcó la hora precisa,

estallaron los timbres, las sirenas. Las callas se llenaron

de hombres apresurados, de restos de papeles, de

automóviles,

de voces arrugadas que andaban por el aire.

(Idem de libro anterior. Alberto Mediza nació en Soriano en 1942 y murió en Buenos Aires, en 1978, en el exilio, perseguido por la dictadura uruguaya que asaltó el poder en 1973. Publicó un único libro de poesía, “Descomposición y otras señales”. Fue también crítico literario y poemas suyos fueron integrados a varias antologías).

JULES SUPERVIELLE

Montevideo

A Guillermo de Torre

Yo nacía y por la ventana

pasaba una calesa fresquita.

El cochero despertaba el día

de un fustazo retumbante.

Un archipiélago nocturno flotaba

aún sobre la luz líquida.

Las paredes se despertaban y la arena

que duerme aplastada dentro de las paredes.

Una parte de mi alma resbalaba

sobre un riel azul, a contra-cielo

y otra parte, mezclada

a un papelito volador

después, vacilando sobre una piedra

guardaba su fervor de prisionero.

La mañana contaba pájaros

y siempre recomenzaba.

Un bálsamo de eucaliptus

se fiaba al aire extendido.

En Uruguay sobre el atlántico

el aire era tan envolvente, fácil,

que los colores del horizonte

se acercaban a ver las casas.

Era yo el que nacía desde el fondo sordo del monte

adonde tardan en llegar los pujidos

y de debajo del mar donde el alga se invagina

para hacer creer al viento que puede llegar hasta allí.

La tierra seguía, siempre recomenzando la ronda,

reconociendo sobre la ola o bajo el agua dulce profunda

la cabeza de los nadadores y los pies de los que se zambullen.

La otra América

Busco una América quemante y más oscura

con un Océano que la toque más de cerca,

más viva en su espuma, miedosa de su cuerpo.

Sus pájaros cantan bajo, nos toman por testigos,

nos llevan a un rincón apartado entre los matorrales,

nos revelan un secreto, nos dejan mudos.

No se puede mirar una rosa demasiado

y no se está seguro de nada, ni siquiera de los

farallones,

tan viva es la tendencia a la metamorfosis,

bajo los ojos de los vivos los libros al cerrarse

se vuelven caballos en medio de linternas

y los montamos para perdernos mejor

y encontramos al fin, las orejas refrescadas,

el cuerpo galopante por el fondo del amanecer que

despertamos.

(traducción de Roberto Etchavarren).

(De “Orientales, Uruguay a través de su poesía, Siglo XX”, con estudio, selección y notas de Amir Hamed, Editorial Graffiti, Montevideo, 1996. Jules Supervielle nació en Montevideo, en 1884, y murió en París, en 1960. Vivió desde muy pequeño en Francia, y su obra poética fue publicada mayormente en ese país. Fue traducido al español para ediciones y antologías en España, México y Uruguay. Escribió también narrativa, teatro y ensayo).

AMANDA BERENGUER

Enamorada

me enamoré de Bolívar a los 11

en la escuela del Reducto

en 6º año

rendida

medité sobre su biografía

la gloria lucía su laberinto

donde pude

azarosamente

estar a solas con El Libertador

nadie nos encontraría en esas horas

-el campo de batalla o la luna llena

de blanco y rojo

desplegaban una mesa para la disección

de la guerra y de la paz

o una sábana de torturante placer-

de América sabía que estaba coloreada

con el tinte de las plumas

de los grandes papagallos

y que la habían cabalgado los guerreros

no sabía más

aunque nací en ella

en la escuela dije por primera vez

en alta voz tu nombre:

Bolívar

y se encabritó tu caballo

tus laureles se volvieron fuegos verdes

tus poemas derramaron intenso rocío

las mujeres mayores se tiraban a tus pies

y te arrojaban flores

yo seguí acariciando tu caballo

de crines rizadas

y estaba segura de haberte conocido

quise con pasión al Capitán Nemo a los 13

rostro

ilustraciones

cámaras sumergidas

y el ojo asombrado del Nautilus

proyectando luz

bajé a los 13 a las profundidades del mar

recorrí 20 mil leguas de viaje submarino

besé tu barba oscura Capitán Nemo

me abracé a tus aparatos científicos

entre las paredes calafateadas de los libros

mis ojos te miraban Capitán

y había navegaciones

sobre el vidrio redondo se posaba

“la mirada de seda” del gran pulpo

entonces entró el submarino

en un túnel de ventosas atentas

plantas carnívoras

acuáticas

el viaje duraría lo que aquella detenida mirada

caí en amor de Leonardo da Vinci a los 15

caí en claroscuro dulcísimo

en huertos ambiguos

en la sonrisa aleve de la goemetría

yo estaría entre sus discípulos predilectos

era como su joven ama de casa

que hiciera trabajos de telepatía

y le sirviera inventos prematuros

conocí a Leda

a Mona Lisa

a la Virgen de las Rocas

-mis vecinas-

en tan breve plazo

que supe de Leonardo y me eché a llorar

habité su color de bosque húmedo

su color para amarse sombríamente

yo estaba enamorada de ti

Leonardo

y aunque eras sabio

nunca lo supiste

me hubiera gustado ponerme tus alas mecánicas

y contigo sobrevolar Florencia

tan fácil era amarte desde Montevideo

hasta Vinci a los 15

una vez me sentaste sobre la grupa de tu caballo

Bolívar

y conocí la victoria

y enseguida

me derrumbó la melancolía

con el Capitán Nemo me interné en el agua

en las lágrimas marinas a toda hélice

fui el pez que sigue al visitante

hasta el precipicio fosforescente

Leonardo me enseñó con “ostinato rigore”

el arte del vuelo

la trasmutación del impulso

y la velocidad de la sombra:

ese avión a oscuras volando a ras del suelo

en familiar artesanía cambio ideas

cambio palabras con los tres

con El Libertador dialogo sobre los pueblos

sobre el peso real de una paloma viva

una paloma de Picasso

o la paloma de la paz

sobre la longitud de la vara de la justicia

un niño llama a la puerta y me pide algo de comer

y el otro platillo de la balanza

se derrama de dolor

mientras mi lengua recibe el Reglamento Provisorio

del año 15

y Artigas se pone a mi costado de este imperioso 1984

he visto al día la brújula del navegante

y sin darme cuenta

su sextante se ha convertido en radar

a veces me parece un ventilador en mi mesa de luz

girando la mirada desde la ventana hasta el espejo

hablamos de eso

Capitán

me alimento con hierbas enlatadas

y sustancias químicas

todavía me maquillo

con tierras de Siena la cara

y los ojos de negro humo

y me siento a la mesa de Leonardo

-sedicioso alquimista-

como si fuera mi propia casa

apago la luz

y descubro esta escritura

(Idem libro anterior. Amanda Berenguer nació en Montevideo, en 1921, y murió en esa ciudad en 2010. Comenzó a publicar poesía en 1940, con "A través de los tiempos que llevan a la gran calma". También es narradora y ensayista. En 1986 recibió el premio "Reencuentro de Poesía", instituido por la Universidad de la República, por su obra "Los signos sobre la mesa. Ante mis hermanos supliciados". Al año siguiente, "La dama de Elche" obtuvo el primer premio de Poesía instituido por el Ministerio de Educación y Cultura de su país).

La poesía alcanza para todos - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.