• @SalvadorTannis_
    Lo que sé se lo agradezco al silencio
  • @Innestesia
    Besas como si hubiéramos leído los mismos libros
  • @karlisjar
    ¿De cuántas sinfonías está hecho un aguacero?
  • @fumivora
    Después de la tormenta, un barquito de papel
  • @L0laM0ra
    A cierta distancia nos leemos más cerca
  • @DamaElegante_
    Es bueno tener sonrisas a punto, en la trastienda de los sueños rotos
  • @sweetcamelot
    Un alma inquebrantable se refleja en una dulce sonrisa
  • @noessineso
    Aunque lo imagino,/ lo sueño,/ ese atardecer/ juntos/ fue de otros
  • @jfsounds
    Cual farol quemar/ Las corazas de papel/ Desde adentro
  • @loretosesma
    Porque escribo mejor desde mi herida pero sonrío mejor desde la cicatriz
  • @NegroPermanente
    Sigo anclado en la estación en donde nos dejamos los sueños
  • @Aline_RFagundes
    Probé de la pulpa nueva/ ¿pecaminoso jugo de la historia?/ para que la memoria/ se tejiera de gravedad

Benjamín Prado

 

   Punto final

 

Un poema que imite

lo que vas a sentir cuando lo leas;

que diga al mismo tiempo

lo que siempre has pensado

y lo que nunca hubieses podido imaginar.

 

Un poema en el que las palabras

floten igual que el humo

de un papel

que se quema;

que suene como alguien

que habla de ti

                        en sueños;

que pueda ver en la oscuridad.

 

Un poema que beba de tus ojos,

que te espere despierto,

que salve las distancias,

que no te deje ir.

 

Un poema que te ha reconocido.

Un poema que ayude a pasar página.

Un poema que guarde un minuto de silencio

por lo que nunca se debió callar.

 

Un poema que sea imprevisible,

que diga otra cosa al leerlo otra vez.

Un poema que luche por las causas perdidas,

que se meta en la boca del lobo junto a ti.

 

Un poema que fue la pieza que faltaba;

que está escrito en la palma de tu mano;

que te deje secuelas;

que te arme de valor.

 

Un poema que sea más fuerte que el olvido.

Un poema que el tiempo ya no puede vencer.

 

 

   Luna de miel

 

En Cartagena de Indias se perdía mi rastro.

En Colombia

                     me dieron

                                     por desaparecido.

 

Nadie

volvió a ver nunca

al hombre que decía

adiós

        al mismo tiempo

                                   desde todos los trenes;

el que escuchó a la casa abandonada

llorar cristales rotos;

                                y cruzó mil fronteras

sólo para aprender

que el silencio es igual en todos los idiomas.

 

En Cartagena de Indias,

el que siguió las huellas de animales heridos;

el que siempre avanzaba

para dejar atrás

                         el miedo

                                       de volver.

El hombre que no hubiese ido a buscart.e

El que siempre llegaba

hasta donde el pasado no pudiera seguirle.

Ése al que no querrías.

El que aprendió contigo

que no hay mejor viajero

que quien no va a ningún sitio sin ti.

En Cartagena de Indias se perdía su rastro.

En Colombia

                     lo dieron

                                   por desaparecido

la misma noche en que te encontré.

 

 

   San Salvador

 

Si dejas de quererme lo sabrá este poema

y todo lo que cuenta se va a volver mentira.

 

Los volcanes de Izalco y Santa Ana

te olvidarán

                   y ya nunca habrás ido

al lago Cuotepeque,

                                 ni a las Puertas del Diablo,

ni habrás visto volar a los pelícanos

sobre la playa de La Libertad.

 

Si te marchas no habré estado en la selva

del Cerro Verde

                         y tú no habrás escrito

nuestro nombre en las hojas de un magüey.

 

Yo volveré a mi mundo de llaves sin memoria

y sábanas en blanco

y recuerdos impares;

a pensar que no existe equilibrio más bello

que el de las cosas que se tambalean;

que en el amor,

                         como en todos los juegos,

los dados son más lentos que la suerte

y los tramposos ganan la partida.

 

Si dejo de mirarte

                            volveré a comprender

que el que dice que sueña con los ojos abiertos

es que en una de las dos cosas miente.

 

Hoy que la luna es blanca sobre San Salvador,

he entendido que el precio de la felicidad

es sentir la amenaza de perderla

y me gusta pensar que podrías marcharte,

para saber quién eres, quién sería sin ti.

 

Hasta el miedo es hermoso desde que estamos juntos.

 

 

   El día en que deje de quererte

 

Sé que llegará el día en que deje de quererte.

 

Todo será tan rápido:

primero pensaré que la vida se acaba,

que nunca fui más lejos que al dejarte marchar;

después,

               vendrá el olvido.

 

Estos poemas

hablarán todavía de nosotros

pero de ti y de mí, ya no, ya nunca más.

 

Cuando África amanezca cubierta por la nieve

y en los cuadros de Goya luzca el sol.

El día en que las águilas se vuelen de los dólares,

y Pompeya despierte

de su sueño a la sombra del volcán,

entonces,

                solo entonces

                                      dejaré de quererte.

 

El día que no acabe a las doce de la noche.

El día en que el ejército de Marte cubra el cielo

o Raskolnikov salga de Crimen y Castigo

a poner unas rosas

en la tumba de Dostoievsky,

                                              entonces,

todo habrá terminado,

no te voy a querer.

 

Pero hasta que eso ocurra,

sólo tú y yo

podríamos

separarme de ti.

 

(De “Ya no es tarde”, Colección Visor de Poesía, quinta edición, Madrid, 2017. Benjamín Prado nació en Madrid, en 1961. La obra de la que son tomados los poemas precedentes tuvo su primera edición en 2014. Llevaba entonces ocho años sin publicar poesía, después de “Ecuador (poesía 1986-2001)” e “Iceberg”, ambos de 2002, y “Marea humana”, de 2006. Prado es también novelista, y publicó asimismo libros de relatos, de aforismos y ensayos. A comienzos de 2018 La Poesía Alcanza mantuvo un diálogo con el escritor: http://www.lapoesiaalcanza.com.ar/noticias/4737-poesia-es-llevar-el-lenguaje-al-borde-del-precipicio-afirma-el-espanol-benjamin-prado).

 

 

 

 

   

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