• @dianalefaz
    Son tantas las veces que no estamos aquí, donde pisamos
  • @Anadimeana
    Mi próxima línea viene con raíces de rosa del viento
  • @Xhuvia922:22
    Los sauces llorones mojan lo que resta de tu sombra
  • @LaPetit10
    El miedo es la distancia más larga
  • @cochambrossa
    Un corazón donde la nostalgia acomode su ingravidez
  • @Genrus
    Nada como el asedio de lo irreparable para mantener el corazón encendido y las velas desplegadas
  • @largabreve
    Todo el amor es una breve esperanza, una contención indebida, enajenadora
  • @SimoneBella7
    No tardes que el silencio arrecia, hoy solo basta con que insinúes un suspiro para volverme agua
  • @ReneValdesM
    La poesía saca lo mejor que no tenemos
  • @_Annai_
    Un don es una sombra liberada
  • @___Sputnik___
    Nadie verá el estante vacío
  • @entiyparati
    Poner el alma a las palabras y que respires de ellas

Los desaparecidos

 

   Jorge Boccanera

 

   De "Contra el bufón del rey"

 

                        Las preguntas aquí formuladas datan de los últimos días de la guerra y

                        fueron encontradas en los ojos de un campesino desnucado. Se cree que

                        ellos están referidas a los miles de prisioneros políticos, que el pueblo

                        daba como desaparecidos y el bufón como inexistentes

 

 

CONSUMIDOS SERÁN DE HAMBRE, Y COMIDOS DE

FIEBRE ARDIENTE Y DE AMARGA PESTILENCIA;

DIENTE DE BESTIAS ENVIARÉ TAMBIÉN SOBRE

ELLOS, CON VENENO DE SERPIENTE DE LA TIERRA.

 

por qué camino van los desaparecidos los pobres

abandonados a su perra suerte arrastrando sus colas

de demonio como una obstinación o simple culpa?

 

quién encontró sus huellas en la playa desierta sus

restos de comida sus otoños jadeantes siguiéndolos

     detrás?

 

dónde consiguen nombres bellosrostros comida salud

fotografías intuición armas beso odio cobija luz?

 

con qué dedos construyen sus cigarros sus abarcas

precarias con qué boca nos dan sus salivazos con

     qué lengua sus cantos?

 

y qué recuerdos sangran qué aullido les desgarra la

ropa qué bala en la garganta les anuncia una muerte

     que no aceptan?

 

y quién cubrió sus nombres con escombro y navaja

creyendo en la inmortalidad del albardán histrión

bufo risible gran inmundo de todo lo obediente?

 

y quién cubrió sus nombres con escombro y navaja

creyendo en la inmortalidad del albardán histrión

bufo risible gran inmundo de todo lo obediente?

 

y qué manos amigas recogieron sus voces para luego

esconderlas como hogueras prohibidas como tubas

doradas como peces luchando todavía en redes de

     ceniza?

 

con qué cuchara curan lo amargo del terreno y bajo

qué guitarra despiertan sus ideas

por qué camino van los desaparecidos?

                                       ¿miles?

 

 

ECHARÍALOS YO DEL MUNDO, HARÍA CESAR DE

ENTRE LOS HOMBRES LA MEMORIA DE ELLOS.

 

 

   De "Palma Real"

   XXXVIII

 

Centellea, entre las mandíbulas del diablo, una brizna

   de hierba, señales del derrumbe.

 

Lo siento entre las vísceras con un ala de filos, silbos

   de sucumbir.

 

Ciego frente a la Palma Real, ignora que ella es muchas

   si abraza, corre, gira por la espuma del goce.

 

Hay un bosque quemado en el centro de mi juventud.

Son treinta mil esos sueños talados.

 

Quiero urgencia y memoria

cuando el horror enjuague su rostro en el follaje.

Que nadie ofenda al bosque.

 

Palma cortada es holocausto.

 

(El primer poema es del capítulo "Contra el bufón del rey" del libro "Tus ojos del pájaro quemado", colección "Poesía Centro y Suramericana", Editorial V Siglos, Ciudad de México, 1980. El segundo es de “Palma Real”, Colección Visor de Poesía y Ediciones Continente, Buenos Aires, 2009. Jorge Boccanera nació en Bahía Blanca, Argentina, en 1952. “Música de fagot y piernas de Victoria”, “Los ojos del pájaro quemado”, “Polvo para morder”, “Sordomuda” y “Bestias en un hotel de paso” son algunos de sus obras poéticas, con las que se componen compilaciones y antologías como “Marimba”, “Antología personal” y “Servicios de insomnio”. Con “Palma Real” obtuvo el Premio de Poesía Casa de América, que se otorga en España, en 2008. Coordinó y editó numerosas antologías, como “Anillo del silencio, Centroamérica en la Poesía”, y “Animales del azar”, de Juan Gelman. Sus trabajos en condición de ensayista son numerosos. Entre ellos, “Confiar en el misterio / La poesía de Juan Gelman” y “Luis Cardoza y Aragón: solo venimos a soñar”. Integra frecuentemente jurados de concursos poéticos internacionales, como lo hizo en 2016 para el Pablo Neruda, en Chile. “Palma Real” fue traducida al italiano y viene publicándose en varios países, después de las ediciones en España y Argentina. La más reciente, en 2016, apareció en Costa Rica. Se trata de una edición que cuenta con fotografías de Luciano Capelli).

 

 

   Francisco Urondo

 

 

   La verdad es la única realidad

 

Del otro lado de la reja está la realidad, de

este lado de la reja también está

la realidad; la única irreal

es la reja; la libertad es real aunque no se sabe

bien

si pertenece al mundo de los vivos, al

mundo de los muertos, al mundo de las

fantasías o al mundo de la vigilia, al de la

explotación o de la producción.

Los sueños, sueños son; los recuerdos, aquel

cuerpo, ese vaso de vino, el amor y

las flaquezas del amor, por supuesto, forman

parte de la realidad; un disparo en

la noche, en la frente de estos hermanos, de estos

hijos, aquellos

gritos irreales de dolor real de los torturados en

el angelus eterno y siniestro en una brigada de

policía

cualquiera

son parte de la memoria, no suponen

necesariamente el presente, pero pertenecen a

la realidad. La única aparente

es la reja cuadriculando el cielo, el canto

perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz

fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo

inmenso cubriendo la Patagonia

porque las

masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad,

como

la esperanza rescatada de la pólvora, de la inocencia

estival: son la realidad, como el coraje y la

convalecencia

del miedo, ese aire que se resiste a volver

después del peligro

como los designios de todo un pueblo que

marcha hacia la victoria

o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a

defenderse, a rescatar lo suyo, su

realidad.

Aunque parezca a veces una mentira, la única

mentira no es siquiera la traición, es

simplemente una reja que no pertenece a la

realidad.

 

                  Cárcel de Villa Devoto, abril de 1973

 

 

   Benefacción

 

Piedad para los equivocados, para

los que apuraron el paso y los torpes

de lentitud. Para los que hablaron bajo tortura

o presión de cualquier tipo, para los que supieron

callar a tiempo o no pudieron mover

un dedo; perdón por los desaires con que me trata

la suerte; por titubeos y balbuceos. Perdón

por el campo que crece en estos espacios de la

época

trabajosa, soberbia. Perdón

por dejarse acunar entre huesos

y tierras, sabihondos y suicidas, ardores

y ocasos, imaginaciones perdidas y penumbras.

 

(De "Poemas de batalla", Obras Maestras de la Poesía, Planeta, Buenos Aires, 1999. Francisco Urondo nació en Santa Fe, Argentina, en 1930, y murió en 1976 en Guaymallén, Mendoza, donde fue acribillado cuando huía de un grupo de militares de la dictadura que asolaba entonces a su país, y que lo perseguía por su condición de integrante del grupo guerrillero Montoneros. En poesía, publicó “Historia antigua”, en 1956; “Breves”, en 1959; “Lugares”, en 1961; “Nombres”, en 1963; “Del otro lado”, en 1967; y “Adolecer”, en 1968. La antología “Larga distancia” fue publicada en Madrid, en 1971. Fue también cuentista y guionista de televisión y cine).

 

   Juan Gelman

 

   III

Dios se fue al vacío que dejó su muerte. La sombra traga los regresos y los favores del amor en cualquier calle se abandonan. La vida se pareció a la vida alguna vez/ya la mentira ni siquiera vuela. Hay que barrer el mundo en sucio estado/otra vez ponen huevos de serpiente/viejos.

 

   XXXIII

Los caminos del duelo eluden el deber cumplido, tienen audacias para sobrevivir/países/escondrijos de estar. La imposibilidad de borrar huellas ancla en el real con péndulos indetenibles/su semejanza con la muerte es un escándalo.

 

   XXXVI

Se abren rostros feroces cuando el amor conoce los instrumentos de su muerte. Rincones de la palabra se desbaratan en incertidumbres, mares sin playa, pisan la transparencia de un diamante. La razón levanta fierros sin temblor, analfabeta de la dicha que hubo. Un ave come el canto de una acacia y vuela en contenidos fijos sin puerta ni salida. La furia nace sola/recuerdan a dos jóvenes los tilos/sus paseos en noches que volvían suaves/entre balazos de la época. Pasean hoy mismo como sombras y no dicen por qué.

 

    Desaparecidos

 

La dispersión del jazmín

llena el cuarto

cercado por la mañana.

Han desaparecido los barcos

que navegó mi juventud en

un vacío incesante. Ahí se hunden,

rozan el luto sucio

de una lengua cortada.

La memoria es una cajita

que revuelvo sin solución. No encuentro

umbrales. ¿Es

una forma de la emoción?

A medias sola, odiada,

prospera su ira de fuego.

 

(Los primeros tres poemas son de “Hoy”, Seix Barral Biblioteca Breve, Buenos Aires, 2013. Sobre este libro, el poeta argentino dijo en su momento que eligió escribir textos “breves, muy condensados, para no molestar al lector”. "Desaparecidos" es de "País que fue será", Seix Barral Biblioteca Breve, Buenos Aires, 2004. Juan Gelman nació en Buenos Aires en 1930 y murió en México, el 14 de enero de 2014. Obtuvo el premio Nacional de Poesía en 1997, el Cervantes 2007; el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2005; el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2005, entre otros. Algunas de sus obras son "Gotán", "Cólera buey", "Los poemas de Sidney West", "Fábulas", "Hechos y relaciones", "Si dulcemente", "Citas y comentarios", "Hacia el Sur", "La juntaluz", "Composiciones", "Anunciaciones", "Interrupciones 1", Interrupciones 2", "Violín y otras cuestiones", "Miradas", "Carta a mi madre", "Salarios del impío", "dibaxu", "Incompletamente", "Valer la pena", "Mundar", "de atrasalante en su porfía" y "amaramara", edición póstuma. Poemas suyos fueron traducidos al alemán, checo, chino, francés, holandés, inglés, italiano, japonés, portugués, sueco y turco).

 

 

   Raúl González Tuñón

 

   El optimismo histórico

 

Yo sé que todo cambia,

que nada se detiene,

ni un árbol se detiene

y aun la piedra es viajera.

La soledad no existe.

Ni la muerte está sola.

Todo lo que es, es lucha.

Soy inmortal, pues paso.

¡Y aun ella se mueve!

En vano os empeñéis

En detener la Historia.

¡Sé que llegará un día!

También lo sabe el sol.

 

(De “Poesía reunida”, compilación de Eduardo Álvarez Tuñón y Adolfo González Tuñón, prólogo de Jorge Monteleone, Seix Barral, Biblioteca Breve, Buenos Aires, 2011. Raúl González Tuñón nació en 1905 en Buenos Aires, donde murió en 1974. Entre sus obras más reconocidas se encuentran “El violín del diablo”, de 1926; “Miércoles de ceniza”, 1928; “La calle del Agujero en la Media”, 1930; “Todos bailan”, 1934; “La rosa blindada”, 1936; “Canciones del Tercer Frente”, 1941; “Caprichos de Juancito Caminador”, 1943; y “El rumbo de las islas perdidas”, 1969. Ocupó un lugar muy especial en la poesía argentina porque tomó elementos de dos grandes corrientes de su época, ya que abrazó la llamada poesía social pero explorando renovaciones estéticas. Mantuvo una amistad estrecha con Pablo Neruda, a quien ayudó a crear en Chile la filial de la Alianza de Intelectuales en Defensa de la Cultura, el grupo antifascista surgido de un congreso de escritores en Barcelona, realizado en medio de los bombardeos franquistas. Trabajó intensamente también en medios periodísticos, como lo hacían muchos grandes escritores argentinos en las primeras décadas del siglo XX).

 

 

   Graciela Perosio

 

   Incubación del odio

 

                        "Nadie será objeto de ingerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio

                        o bien su correspondencia..." Art. 12 Declaración Universal de los Derechos Humanos.

                        ¿Habrá alguna intromisión más cruel que la inoculación del odio, obligatoria, iterativa, inevitable?

 

   I

 

La casa, artesonada bajo un agotamiento de cotidianeidades,

apenas respiraba

en el ajetreo de sus habitantes.

Alguna vez, con una sonrisa,

apantallábamos el incendio de las puertas.

Había ojos empollando en los rincones.

Bocas succionando las ventanas.

                        (Todavía hoy

                         una mordaza de aliento

                         conspira en el aire).

 

   II

 

Sucedió lentamente

por detrás

entre líneas

         -al comienzo-   (Todavía

                         saboreábamos la juventud

                                    como una fruta.

                                    ¿Cómo saber que sería

                                    el gran pecado?)

 

Después abolieron el sueño

enjaulando la noche con sirenas.

Se enarbolaron lemas, consignas y pancartas

y saquearon la palabra

hasta que

patria

fue un viejo regusto de injusticias,

una tierra de lavas sulfurosas,

una niña saltando con la soga del suicida.

Nos inventamos el refugio de las plazas

                                   (Nuestros hombres arremetían

                                   nuevos oficios de supervivencia.

                                   Otro trueque semántico:

                                   sueldo fue menos que limosna)

criando hijos,

en el fuego cruzado de los odios,

tontamente creímos

-agazapadas en los cochecitos-

-atrincheradas en la calesita-

-y hasta pagando puntualmente los servicios-

que las balas pasaban más allá.

 

Y preparábamos mamaderas

            (a pesar de los amigos ausentes)

y mezclábamos bananas con jugo de naranja

            (a pesar de tanta raíz descoyuntada)

y hasta cantábamos las nanas de la abuela

            (a pesar de la abolición de la esperanza)

estrujando pañales,

trasmitiendo el rescoldo de los cuentos

y no advertíamos

cuántos proyectiles

acertaban nuestros vientres.

Escogieron el óvulo más débil

y lo preñaron de muerte

            de la más asquerosa de las muertes.

 

(De "Brechas del Muro”, colección de poesía Todos Bailan, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1986. Graciela Perosio nació en Buenos Aires, en 1950. Profesora de Literatura, su primer libro publicado fue “del luminoso error”, en 1982. Siguieron, entre otros, “La vida espera”, “La entrada secreta”, “sin andarivel”, “El privilegio de los años” y “Escampa el corazón, antología personal”).

 

La poesía alcanza para todos - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.