• @Primvers
    A veces yo también les llevo flores a mis cicatrices
  • @carolineberl
    Lo que me gusta del tiempo es que todo lo cura con personas
  • @UlisesKaufman
    Cuando seamos invisibles, recordaremos la belleza del gris
  • @canocs19
    Canta la tristeza/ sus secretas sílabas/ en la música azul/ de la tarde quieta
  • @vidoq66
    Soy un fantasma triste en el cementerio de almas que es la ciudad
  • @marga_canseco_r
    Vendemos al mundo para comprar fuego, nuestro camino iluminado por hombres en llamas
  • @Tu_Infortunio
    Te espero después de la última vez
  • @esthercbrls
    Me asusta la mujer que me contempla desde el espejo
  • @osorio_jl
    La piel es la superficie del mar que te asola
  • @Desbalagada
    Qué puedo decir que no hayas leído
  • @Tayler_burdel
    Toda locura merece un gran amor
  • @nuberrante
    Escribir es soñar con precisión

Diana Araujo Pereira

 

   XXI

 

Come deprisa porque vienen los lobos y las trincheras están marcadas

por señas y pobladas de vientos huracanados.

Nada es estéril si se trata de lo humano, en peligro o en la paz de los

dioses, somos entero conflicto de voces que resuenan por todas partes.

Sonreímos perlas en las casuchas tristes; lloramos el oro y la plata que

comen los santos. Vivimos de sacar las piedras de adentro y con ellas

inventamos los nuevos horizontes por donde caminar.

 

 

   II

 

Desde la hendidura

se ven los pasos que despiertan polvos antiguos

de muebles guardados en el tiempo.

Niebla que hace arder los ojos pero no llega a cegar.

Niebla que asusta al inicio

pero se deshace serena

cuando encuentra el paisaje.

 

 

   III

 

Corro en los pasillos de la muerte que asombran mis días.

Niebla y pétalos de placeres cedidos,

blasón de serpientes en pie de igualdad.

La aventura comienza en el primer escalón

y sólo se acaba el juego de dardos

al enroscarse a las estrellas.

La aventura y el orden

que entre sí negociar el devenir

o el signo que nos toca y enmarca.

 

 

   V

 

                            Para Alfredo Bryce Echenique

 

Soy loca por el alma rota y los pies descalzos de la bella

América.

Ternura y violencia de siglos, saqueos de pies y de manos, la

frente escondida, la miel añorada, la sonrisa desierta.

Hermosa y triste América Durmiente, soñolienta, envejecida,

América de américas, de lejanías recorridas despacio.

La tarde ahora te convoca al entierro de tu viejo nombre, y te

conviertes en paseo de vientres y recorrido de pájaros.

 

 

   VII

 

Lejos, donde la piel del tiempo se pega al espacio,

acontecen los reversos y se crean vertientes.

Por las grietas del horizonte vemos.

Por sus fragmentos nos sabemos hijos,

Cómplices, testigos, sondeos…

 

El ojo que mira y crea el camino

se abre y se cierra con el desdén del paisaje,

el de dentro y el de fuera,

del cuerpo y del alma,

vida y muerte.

 

 

   X

 

Sustancia pegajosa clavada a la página,

el verbo se convierte en puro aire,

en humo selecto.

Sombra que te observa desde el techo y la noche

para atraparte la mañana y la tarde.

Sólo el silencio y el encuentro de letras perdidas

alcanzan el túnel que se abre en los ojos.

 

Los libros nacen del Tiempo.

Las palabras florecen en las sucias ramas de la sociedad.

Los dedos escriben sobre el dolor acumulado

en capas de historia y de vida.

Capas de polvo lúgubre y desértico.

Escribir es tender puentes sobre abismos de olvido.

 

 

   XII

 

Por el borde del camino

por la frontera de arriba o de abajo

por las escaleras pisadas

(y vueltas a pisar)

de tantos siglos de caminar y seguir

comprobamos los descaminos del tiempo.

Sometidos al sueño imperecedero

(pero cargados de idiosincrasias y temblores)

tocamos los timbres del viento.

Somos tierra y cielo

participación incongruente

formas desconectadas

islas de amores y odios

que se sientan para el té de la tarde

o para ver el programa que nos toca en la tele.

 

 

Sorprendidos en la tierra del fuego

nos establecemos bajo árboles de frutos prohibidos

y rescatamos los sueños que flotan en el estanque del olvido.

Es nuestro quehacer diario.

Son nuestras preguntas cotidianas.

Labores corrientes que se esparcen

por territorios y tramas.

 

Hay gigantescos pasos

y otros tan chicos.

Hay nombres en los bordes de las cosas

                                                colgados.

 

(De “Horizontes partidos”, Artepoética Press, edición bilingüe, Nueva York, 2016. Diana Araujo Pereira nació en Río de Janeiro, Brasil, en 1972. Publicó “Vientreadentro”, con Adolfo Monteo Navas, en 2006, y “Otras Palabras/Outras Palavras”, en 2008. Participó en las antologías “Cancionero Pluvial del Iguazú”, en Lima, 2012, y “Multilingual Anthology”, Nueva York, 2014. Es doctora en literaturas hispánicas y docente en la Universidad Federal de la Integración Latinoamericana en Foz do Iguacu, Brasil. Participó del Festival de Medellín, Colombia, en julio de 2017). 

 

 

   Río de Janeiro

 

Río de Janeiro de la tercera hora. Pies en el suelo rojo de tierra

preñada, henchida de dolor y de ganas d encontrar el futuro.

 

Río de Janeiro de todas las horas, horizonte de casas y aguas

descosidas; de bronceados paisajes, pasajes y viento.

 

Su comienzo es la llegada de la nao; el derramamiento de la gloria

por la alfombra roja de los días.

 

Toda ciudad deja una cicatriz, escritura de calles y migajas de

tiempos mojadas de lluvia o doradas de sol.

 

Mapa humano cuyos ojos sonríen otro medio y ambiente; mapa de

manos, de palabras, de voces. Mapa de líneas que se camuflan en el

paisaje, entre las hojas y las aguas.

 

Por allá los paseos diarios, las compras en el mercado, la rutina de

peso y tamaño variables.

 

Río de Janeiro de tiempo inconcluso, de pies quemados por la

correría, por la plancha ardiente, por la fuerza bruta.

 

Brutalizados, los territorios del miedo sobreviven en figuraciones

de sombras ambiguas, de contornos eróticos y miedos soterrados.

 

Río de Janeiro de estrepitosa lágrima o sonrisa, de nuevos dolores

de parto.

 

Te bendiga ese mar de azulado manto. Te bendigan los dioses, los

rayos y los santos. Te cuiden y conjuren tus mares salados, tus pies

sangrientos, tus hijos de barro.

 

 

   Triple frontera

 

   I

 

La frontera, el borde,

nicho de mercado

de frutos madurando

que caen por su peso.

La frontera, la margen,

conocimientos partidos

por puentes y calles.

Conocimientos atravesados

por caminos invisibles

de idas sin vueltas

de voces plegadas

de desveredas

                        pendientes.

 

La frontera, el borde, la margen.

Piel de gente y caminos

muros escritos por sus propios pasos.

 

 

   II

 

                          Para Horacio Quiroga

 

Hacer correr el barco bajo un sol tan rato como este que se ve

arriba, y que desde allá nos aplasta como gusanos.

Entrar al barco y observar cómo el agua se va por las manos,

seduciendo las yemas de los dedos con la única frescura posible en

esta tarde tan dura y extremada.

Qué tarde tan a la deriva del tiempo, una pobre parte de otro fluir,

menos urbano y determinante; ella misma, como yo, busca un

puerto o un lugar donde aparcar los ojos y apagar la excesiva luz, el

tremendo ruido del mundo alrededor.

Arreglar el nudo de la corbata, atarlo y perfeccionarlo para escapar

de la deriva; un nudo, una corbata, un lugar en el mundo y bajo el

mismo sol de todos, compartido por tantos barcos que deambulan

por nuevas (y siempre nuevas) aguas de ríos, por entre cruces y

encrucijadas.

(Hoy me ha salido un gusanito del gusano que soy; de buena

textura, blanquecino como el alba que ya no volveré a ver).

 

 

   La Paz

 

En La Paz, por el aire

se escucha el filo que más corta

a la altura del pecho

donde las palabras ya son pasos.

 

Acá en esta residencia en la tierra

hay un silencio adentro,

más abajo

          respirando.

 

 

 

   Machu Picchu

 

Hay que irse a Machu Picchu

para escuchar el sollozo del aire

tragar esa luz que emanan las piedras

y morder eslabones antiguos.

Hay que subir las escaleras

bajar desde la cumbre al valle

            del valle a la cumbre

            y otra vez al valle

para empezar la historia.

El mundo rompe cadenas

Cada vez que se le enfrenta.

El paisaje parte los ojos en partes de tiempo

devora el inicio y pare el camino

      que avanza en su lecho de agua.

El paisaje es serpiente enroscada

            del cielo al zapato.

 

La poesía alcanza para todos - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.