• @dianalefaz
    Son tantas las veces que no estamos aquí, donde pisamos
  • @Anadimeana
    Mi próxima línea viene con raíces de rosa del viento
  • @Xhuvia922:22
    Los sauces llorones mojan lo que resta de tu sombra
  • @LaPetit10
    El miedo es la distancia más larga
  • @cochambrossa
    Un corazón donde la nostalgia acomode su ingravidez
  • @Genrus
    Nada como el asedio de lo irreparable para mantener el corazón encendido y las velas desplegadas
  • @largabreve
    Todo el amor es una breve esperanza, una contención indebida, enajenadora
  • @SimoneBella7
    No tardes que el silencio arrecia, hoy solo basta con que insinúes un suspiro para volverme agua
  • @ReneValdesM
    La poesía saca lo mejor que no tenemos
  • @_Annai_
    Un don es una sombra liberada
  • @___Sputnik___
    Nadie verá el estante vacío
  • @entiyparati
    Poner el alma a las palabras y que respires de ellas

Hamlet Lima Quintana

  

   El os dirá cantando

 

Dadle al Poeta

la cuchara del albañil.

 

Dadle la cal

y los cantos de las cunas.

 

Dadle las palabras

que crecen entre surcos.

 

Dadle todas las lágrimas

que contiene una hora de vida.

 

Dadle la música

de los silencios ciudadanos.

 

Y dadle un poco de viento

para que pueda fabricar los sueños.

 

Dadle al Poeta

la sal ardida del mar.

 

Dadle el primer impulso de las vírgenes,

y la primera mentira

que nuestros hijos encienden.

 

Y un poquito de Luz,

un poquito de Luz como una rosa.

 

Dadle los rostros y las cosas

sin términos gastados.

 

Y la mirada recta de los simples.

 

Me diréis: ¿Para qué,

si los Poetas, tienen

la luna y los espejos?

 

Es que el canto se ha deshecho

y nos quedan hilachas

como el humo de los trenes.

 

Entonces,

dadle al Poeta

la cuchara del albañil.

 

El os dirá cantando

cómo se construyen los hombres puros.

 

 

   El pájaro es igual que el corazón

 

El pájaro es igual que el corazón

y a veces se distrae

en contemplar su propio drama.

 

Un hombre,

un pobre hombre,

un día tiene un gesto como si diera al tiempo

su propio ser,

su dimensión de alfarería.

 

El hombre mira para adentro

toma su historia por las hojas,

se hace el héroe,

como podría hacerse el asesino,

pero tiene sentido,

percepción de su imagen,

y el hombre,

el pobre hombre,

dispone un bofetón

que enrojece hasta el cielo de vergüenza.

 

Un hombre es sólo un hombre;

un héroe es sólo un héroe.

Un corazón es sólo un corazón

que canta

que transita

que comparte,

y a veces,

a pocas veces,

disculpa al padre y al abuelo

o los ama entrañablemente y justifica,

o les enseña a hablar.

 

Un corazón es sólo un corazón,

que pueblo a pueblo se amanece.

 

El pájaro es igual

y nadie sabe dónde muere.

 

 

   Poema once

 

Puesto que no se trata, digamos, de nosotros,

de ti o de mi, sino de todos,

es que a veces la soledad nos muerde

como un perro en la tarde, como un misterio,

como una incertidumbre.

Puesto que no se trata de ponerse la ropa

o desnudarse delante de la gente.

Puesto que no se trata de vivir hacia atrás,

entre espejos de historias ni memorias,

ni se trata tampoco de iluminar la escena

ni maquillarse el rostro para un dispuesto aplauso,

es como si todo fuera a amanecer

desamparado, inútil, tonto.

Puesto que no se trata de robar a los otros.

Ni tampoco, quizá, de que nos roben.

No se trata de hacer que nos dispongan

alguna sociedad para la muerte,

ni tampoco perder la dignidad que queda

en los acuerdos de relaciones públicas.

Puesto que todo se halla así, como dispuesto

por una autoridad incompetente,

puesto que nadie dice la palabra

ni el eco, ni lo pensado anoche,

es una soledad como un misterio,

absurda, cómica,

insondable.

 

 

   Y ésta, mi mano sabia

 

Porque la mano es simple, es tonta, es importante

y es cuidando la palabra, indispensable.

La mano es caridad cuando recibe la limosna

y no cuando la da;

la mano es la ternura cuando sale

a saludar al viajero y a la gente

desde el borde ocreverde del camino;

la mano es la justicia cuando acaricia a un perro

y es un perro cuando baja la espalda;

la mano es la música del brazo,

la voluntad debajo de la frente,

el vuelo imperceptible del cerebro;

la mano es el adiós de los suicidas

y la presentación del asesino;

la mano es, además, la fuente del milagro,

la que indica el furor,

la que analiza, investiga las cosas,

la que vuelca aquella caja antigua

de las fotografías familiares

y la que da la cachetada,

la que señala

y apunta al corazón y se persigna

o se esconde la luna en el bolsillo.

Ésta, mi mano que estudió la ciencia

y se ganó sabiduría

acariciando el alma de tu piel

y descubriendo tu sexo en su ternura.

 

(De “Poesía necesaria, antología I”, con selección de Dora Giannoni, editora patria grande, Buenos Aires, 2011. Hamlet Lima Quintana nació en Morón, provincia de Buenos Aires, Argentina, en 1923. Murió en la capital argentina en 2002. Recibió numerosos reconocimientos por una obra muy extendida, que comenzó a publicar en 1954, con “Mundo en el rostro”. Fue autor de alrededor de cuatrocientas canciones de folclore argentino, además de que en una etapa se dedicó al canto y en otra al recitado de poemas, que grabó. Se identificó con una corriente musical vinculada al testimonio social y político, en el que se inscribe como gran referencia la cantante Mercedes Sosa. Es muy posible que muchos argentinos tengan incorporadas canciones, por la gran popularidad de composiciones suyas, aunque no puedan determinar su autoría).

 

 

 

   Perdurar

 

Nadie puede darnos un día feliz

si no lo hacemos antes florecer

adentro nuestro, así como los árboles

tienen la primavera en las raíces

antes de reventar en el retoño.

Y nadie puede herirnos con palabras

si previamente nosotros no tenemos

la muerte en las entrañas,

el alma predispuesta hacia el otoño.

Por eso algunos días nos parecen

destinados a justificar todas las rosas

que nos brotan entre la sangre antigua.

 

 

   Gente

 

Hay gente que con sólo decir una palabra

enciende la ilusión y los rosales;

que con sólo sonreír entre los ojos

nos invita a viajar por otras zonas,

nos hace recoger toda la magia.

Hay gente que con sólo dar la mano

rompe la soledad, pone la mesa,

sirve el puchero, coloca las guirnaldas;

que con sólo empuñar una guitarra

hace una sinfonía de entrecasa.

Hay gente que con sólo abrir la boca

llega hasta todos los límites del alma,

alimenta una flor, inventa sueños,

hace cantar el vino en las tinajas

y se queda después como si nada.

Y uno se va de novio con la vida

desterrando una muerte solitaria

pues sabe que a la vuelta de la esquina,

hay gente que es así, tan necesaria.

 

 

   Entre mi gente

 

La cosa es simple:

sucede a veces,

especialmente cuando el atardecer

se nutre de nosotros,

que salgo a reencontrar mi sangre,

mi propia dimensión entre los otros,

entre un yuyo, un maíz, una torcaza.

 

Y sucede que regreso

con el aire metido entre los ojos,

un aire, que sin pausa,

me mete mi país hasta los tuétanos

en esquinas, pantanos, cañadones,

habitantes de antiguas mansedumbres

y actuales rebeldías,

un aire, en fin,

que pasa cotidianamente

como si fuera un pan.

 

Y sucede también,

especialmente cuando la madrugada

me devuelve cansado y entonando

una canción que le robé a la tierra

o me deja al amparo de mi pueblo,

que pienso, con gran ternura,

que no puedo saber si estoy volviendo

al sueño o a la muerte.

La cosa es simple

pues, de cualquier manera,

quiero soñar con el país adentro

o morir con la mitad de una canción afuera.

Pero que todo pase aquí,

entre mi gente.

 

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