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Ramón Palomares

 


FLECHEROS ELLOS, Y CORREDORES Y SALTADORES
GUAICAIPURO Y LOS SUYOS

CUANDO EL VENADO Y EL TIGRE DE MAR...

Podrida la tierra
con esos fieros y terribles del mar.
Achicaron los hombres volviéndolos
un pasto.
¡Ya no hay camino que no pasen!

Llegó el día de meter los críos y las mujeres en la niebla.
Todos los hombres bajarán
Por uno y otro lado
Por las alturas y la tierra
Entre los ríos
sobre piedras y espumas

Como puntos de lluvia
y piedras
Como cabellos de mujer
y monte
y más que hormigas
bajarán
Anequemocane y Macuto
y Paisana
y Mamo y Paramaconi y Tiuna
y Tamanaco
y Conopoima y Terepaima y Chicuramay
y Sorocaima y Aramaipuro
-Pide a tuds dioses, invasor.
Limpia muy bien tus armas!

Qué día
Qué fuego
Cuando se unieron la neblina y las olas
Cuando el venado y el tigre de mar
Se hicieron a la guerra!


QUE TIEMBLEN LAS CULEBRAS ENEMIGAS

Ahora comenzará a temblar la tierra
a quejarse el monte
a revolverse el agua
¡Nunca vieron tanta fuerza regada!
Nadie juntó los hombres así como el Tigre del cielo

Y los jefes de piel verdosa y plumas
de arrendajo
-Flecheros ellos,
y corredores y saltadores-
suenan su selva

Unos se pintaron de alcatraz y gaviota,
porque traen sus flechas como puntos de espuma
como ojos de peces,
y vienen con estrépito
sonando caracoles y huesos
En sus gritos corre el sol de las aguas

¡Que tiemblen las culebras enemigas
Que tiemblen las bestias enemigas!

(De "Antología poética", Biblioteca Básica de Autores Venezolanos, Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 2004. Ramón Palomares nació en Escuque, estado de Trujillo, en 1935. Algunas de sus obras: "Paisano" (1964), "El ahogado" (1964), "Santiago de León de Caracas" (1967), "El vientecito suave del amanecer con los primeros aromas" (1969), "Adiós Escuque" (premio nacional de Literatura, 1974), "Elegía 1830" (1980), "El viento y la piedra" (1984), "Alegres provincias" (1988), "Mérida, elogio de sus ríos" (1985), "Lobos y halcones" (1997), "El reino" (2001). Asimismo, fue incluido en numerosas antologías de su país y del continente). ASI COMBATEN LOS DEL HUMOSO BOSQUE

 

Cortando caras y arracimando brazos y dientes,
¡allá vienen!
Salieron de sus escondites
brincando.
Tienen una lanza en cada mano,
y en sus espaldas
Colmillo de flechas!

Una mirada de esos guerreros
y los dioses del enemigo
tiemblan.

Una flecha
y sus ojos se cierran!

Ya no hay más que cadáveres
Ya no hay más que fuego.

En las bocas y narices del enemigo
y en su risa y su cuello
enterraron sus lanzas
-Y nada pudo el dardo invisible ni
la atronadora candela!
Sus escudos y sus dientes de hierro
¡Inservibles!

Así combaten los del humoso bosque y la arena
¡Que se fija y dispersa!

LA PUERTA DE NUESTROS DIOSES

Ocho brazos tenía cada enemigo
Un dios en cada mano
Y aunque el cielo y la muerte estaban de su parte
Fuimos a combatir

Ay los hijos de la tierra
sus dioses estaban ocupados, jugando

Qué mano hizo esta flecha que no sabe clavarse en un
corazón enemigo
Qué traidora piedra
limó su hueso

Contra el cielo peleamos!

Después que llegamos de toda montaña y costa
y selva y peñasco de hojas
Nos juntamos en la llanura.

(Esperando la llegada del último
se sentaron y fumaron sus hojas)

-Dónde está Guaicapuro,
Se habrá dormido?
Qué inquietos los elevados de frente
Y el enemigo que ya despereza sus tiendas.

De sal y hierro
de caballos y muerte
son los dioses del enemigo!
¡Y nuestros dioses ocupados, jugando,
Ni se fijaban!

Di, Tiuna,
di, Tumanaco,
Dónde está el que dispone,
Por qué no llega?
-No responden Tiuna y Tamanaco,
secos de lengua.

Di, Paramaconi,
di, Toconay,
Dónde está el que dispone,
Por qué no llega?
-No responden Paramaconi y Toconay,
mudos.

O tocamos sus puertos o hacemos por ellos,
los dioses!
Ay tener que tocar la puerta de nuestros dioses!
Ah
Cómo quedarían esterados los recodos del suelo
La yerba y las colinas
cuánto sangraron.
Di, Tiuna,
Di, Tamanaco,
¿Dónde ir?
El enemigo ya se acerca!
-No permita mi vida huirle
que me convierta en oso si no vuelvo la cara al enemigo!

El último día de Tiuna ha llegado, este sol
verá que lo maten!

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