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El emperrado corazón de Juan

 

Vestíbulos

En el vestíbulo del corazón
se alza una casa vieja
que el padre cerraba a llave cada noche.
El patio con helechos
amados por la madre, el carbón
de polentas repetidas, su luz
contra la oscuridad de ollas,
el cielo desplomado.
¿Quién romperá esa red?
¿A dónde se dirige?
¿Quién la tejió, qué hilitos
pusieron que atan todavía?
Su abismo más profundo es el más alto.
No romper sus mensajes con
cuchillos peores que la muerte.


Ruidos

Los restos de almas humanas que
en otras épocas vivieron
suponen una zona
de pensamientos disfrazados.
La percepción de una mesa no es la mesa,
es práctica del ojo que no pregunta ya
y vive de los sueldos
que el desprecio pagó.
Las primerísimas semanas
oscuras hacia el cielo, claras
abajo en nos, discípulas
de sensibilidades, se alejan
de injurias y de cuartos
donde nadie mejora.
Quién lleva a la palabra
con enviones que no se soportan.

Grande

Lo que se fue, se fue, es inútil
perseguir su estar tanto.
Remedios de muy noche en la
guarida de la mesa.
¿A quién le dieron el saber sin vino?
El poeta arriesga
miles de partes que coció
temprano en la mañana
que no lo deja respirar.

A Marco Antonio Campo


Para qué

Sangre que se derrama limpia, hacha
que abate la suciedad.
¿Cuántas noches se acuestan
en cielos rápidos que
abren su entraña de oro? Las cosas
hablan con un acento raro.
La formadura de la tierra ignota
parece un roedor que roe
cesaciones del sueño, sábanas
donde el dolor durmió.
El sol es una gente
con madres de poca duración.
El camino del hijo que regresa
arde en su no poder, su tarea,
vivir. La selva oscura
se abre andando hacia atrás,
lo que pasaba por ahí
con bandejas que ofrecen
una desolación.

(De "El emperrado corazón amora", Juan Gelman, Seix Barral, Biblioteca Breve, Buenos Aires, 2011. Juan Gelman, premio Cervantes 2007; premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2005; premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2005, entre muchos otros. Algunas de sus obras: "Gotán", "Cólera buey", "Los poemas de Sidney West", "Fábulas", "Hechos y relaciones", "Si dulcemente", "Citas y comentarios", "Hacia el Sur", "La juntaluz", "Composiciones", "Anunciaciones", "Interrupciones I", Interrupciones 2", "Violín y otras cuestiones", "Miradas", "Carta a mi madre", "Salarios del impío", "dibaxu", "Incompletamente", "Valer la pena", "Mundar", "de atrasalante en su porfía").

 

Dónde gritan

las gacelas perdidas, los años
del perdón indebido
y nadie mira las llagas que te cuecen,
la palabra es madre y sirvienta de límites.
La distancia entre el calor y el sonido
no tiene ruedas y
se enferma el aire de la falta,
el estupor de cada lengua
en los hombros del humo.
¿Adónde fuese el bien que ayuda?
¿Lo que nunca se vuelve a decir?
¿Quién cava el horizonte, sus preguntas?
¿Quién muestra el
lugar de la reunión?
Las luces, las figuras, los números,
los animales del placer no hechos
vagan por un cielo
que no los quiere recibir.
El que venció a su corazón
calla como un río callado,
limpia los platos sucios del sueño.


Fenómenos sociales

Por la cabeza pasa el mundo
disfrazado o vestido de mundo
con epidemias, máquinas, maquilas.
La deuda primordial sigue en pie.
Los contornos de la
palabra se cansan en
enfermedades que la hermosura produce.
¿Cómo vive ella aquí, más elevada
que la tierra que da de comer?
¿Piensa que deja espacios libres
después de pasar? ¿Cree que
se queda en el mismo lugar
haciendo sombra a los faisanes?
Las ofrendas de leche
no cambian el dolor ni el amor ni
el aire humano que
sube a los astros
porque no puede hacer otra cosa.


La vuelta

Ritos, ruidos, torneos
del todo con la nada, damas
en el mantel sin platos, restos
de la pasión que no se va,
espejos donde el alma mira
su alcohol preparado, fijezas, astas
del toro que torea con inquietud de sí
y las maneras de sentir en huelga,
la boca inútil, destrucciones,
ardores que se fueron, caballos
que galopaban postulados, úteros
que no abrigaron mucho la vida,
una mujer y un hombre dan sus cuerpos
a los atrevimientos del instante
con astros en
el final de la cabeza, aves
que vuelan sin testigo,
el río que nada regó,
ruinas que sobreviven con gestos
de faltas que hacen daño.

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