• @nimarlu
    De tristezas que no dejan costura por reventar y de otros amores impensables
  • @L0laM0ra
    Suelen anidar las ilusiones en la tímida noche buscando la última estrella
  • @monarcamanni
    Lo que nos rompa primero: el olvido o una canción
  • @Anadimeana
    Algunos inundan puentes y ventanas, otros llueven estrellas: cada palabra con su mano vuela
  • @xhuvia922
    Las esponjas del mar borran el horizonte
  • @nancyeldarjani
    El tiempo es un olor cuando llueve
  • @DeNegraTinta
    También te quiero a deshoras
  • @DLobosyQuimeras
    Barcos de papel en dique seco
  • @LaPetit10
    Yo ya no quiero sueños intocables
  • @BlueDement_
    El día que te conozcas, vas a enamorarte de mi
  • @RecMaria
    El tiempo matará lo que no defiendas
  • @EstebanPerezsan
    Duermes en lo que escribo/ y lees en lo que sueño

Juan Bañuelos

 

   Viento de diamantes

 

                  La Eternidad está enamorada de las obras del tiempo.

                                                                                W. Blake

 

Lo mismo que Adán sumergido hasta la alondra del

      silencio,

   sucio de humana noche en que he caído, rompo todos

      los pronombres

   para tenderme en el día óseo de la plenitud.

Acudo ebrio de musgo y tulipanes hasta las criptas de

      las piedras

   o de los ríos secos, donde muerden el silencio cárabos

      crepusculares

   y en donde un hombre solitario se hinca.

 

Pisando soledad entro en el día, porque es dable a las

      criaturas

   ver su hora crecer para hallar luego algo de los mortales

   en un grano de arena. Más también bajo las gradas

      seculares y

diviso el humo de las chozas de los hombres,

   veo los caminos cotidianos, las nubes que anuncian el

      otoño

   y a la mujer grávida de su fruto sentada en su

      hamaca

   viendo pasar las horas.

                                         Y me muevo con las hierbas,

      y con el menor movimiento del caballo, y siento que

      dentro de mí corro

   como ese río que estoy viendo que avanza.

¡Y miro alejarse la carreta del último cosechador!

 

E igual que una palabra lanzada a la mitad del mar

   caigo en el seno del prodigio. Y como el minero que

      se cubre

   con las manos la faz cuando de pronto, ciego, reencuentra

      la luz

   así la dulzura levanta su toga y me envuelve temerosa.

¡Ay, el hombre soy y no lo había advertido!

   el amparado por dioses tutelares de la iniquidad, el que

      frecuenta

   y ronda tanto reconr taimado del polvo con su cauda

      de crines blancas.

¡El hombre soy, mas no me basta!

   porque el sol tiene su trigo en llamas y el mar tiene

      los ojos tocados por la gracia.

El hombre soy

   pero toda cosa nacida con la aurora, con ella muere,

y toda criatura que engendra la noche

      con ella se aleja porque oscuro es su linaje.

 

Todo pasa.

Y como el agua y el sol, también todo queda. Un silencio

   que se sienta a esperar el primer ruido. Nuestra imagen

   que se pierde y se encuentra como el humo que no es

      más que el eco del fuego.

No otra cosa que la espuma negra

que va haciendo el arado sobre la tierra.

Y lejos de la memoria del viento que dejaron las épocas,

   un olor de centeno y anís hace volver los pájaros.

 

Y porque el horizonte no es más que una hoja larga de

      perfil,

   dejo que mudas tribus de peces muerdan los guijarros,

   dejo que brille el hocico del jabalí en la noche

   y que bajo el zumbido de las abejas

   los bueyes trillen las mies.

      ¡Ay, reivindicación bañada en el ojo inocente!

      ¡Oh, exultación del mar sostenida en el resplandor!

¿De qué remoto sueño hemos caído? ¿Por qué somos una

     rueda que grita enloquecida? ¡Ah! Triste es nuestro

     paso, en verdad,

¡No más que olas somos! Nos levantamos brevemente…

para seguir siendo mar.

 

 

   Esta noche y sus viejos nómadas de blanco

 

Y todavía, todavía el ciego Tiresias va cojeando mientras

     recuerda al mar.

El astro de Quetzalcóatl anda buscando sitio entre la

     noche.

La noche con todas sus estrellas gira como un viejo

     molino de palomas,

y nosotros, resueltos ya en ruinas, de esta carroña deliciosa

sabremos ser tierra, sabremos ser fuego –sabré ser pájaro

     y su vuelo-

y consentiremos en nuestro propio corazón al hombre.

Ahora cerca del espíritu vamos a crear la palabra (un arco

     iris movido por el aire).

Que el tiempo nos separe como separa los días y las aguas,

que la palabra sea como la mano de Ananías y veamos

     por una sola vez,

por una, lo que no podíamos ver.

          Porque ¿qué es el crepúsculo

          sin los ojos del hombre?

          ¿Y qué es la pregunta sin que

          responda el que la sabe?

¡Ay, corazón, alégrate y deja tu palabra en mi boca!

   Hagamos nido en las llamas de la imágenes; que

          un grillo debajo de la lengua vigile el sueño de

          caracol del mundo

   mientras danzando, enloquecido el viento rasga sus

   ropas en los árboles.

¡Ay, corazón, alégrate, y ante un poco de agua del mar

          en nuestras manos,

   sintamos su grandeza al recordarlo!

Y porque nuestro tiempo no es tiempo para interrogar

         al Mar

   sino para poner su boca en el polvo,

y porque ¡ay! difícil es ver la hora desnuda de su arena,

   he aquí que un coro de lágrimas se oye en la noche

   y las estrellas tiemblan como párpados blancos en los

         ojos del agua.

-Mas un día oímos la voz de la humedad del río subir

   la sangre hasta la luz, y danzar astillándose en los

         corazones.

¡Ay, escribo sin medir camino ni palabras: no tropiece

         mi lengua para fundar el orden y la vida!

   Porque la vida es, y como la tierra, se embellece cuando

         arrojamos las semillas.

Sólo cuando construimos nos despojamos de la ebriedad

         de la tiniebla.

   -Duermen los siglos en las piedras y el silencio se hace

     tiempo;

   en el verano de los muertos, el adolescente es un peñasco

         estéril.

Sólo hila una tumba la arcilla que no conoce el agua.

Nosotros nos iremos por los viejos caminos transitados,

   por las vías donde desovan los reptiles, por donde

        se quedó

   una estrella que olvidó la noche recoger, por el lugar

        del sueño,

   por donde el colibrí canta y su canto es liquen que cae

        para formar nido en el ojo de un ciego.

¡Ah, esta noche y sus viejos nómadas de blanco!

 

 

   Anacreóntica

 

Colgué en sus labios el asombro.

Como un tigre violeta le sangraban los ojos.

Ahorré la luz debajo de su pelo.

Sol. Tertulias de sombra en sus pestañas

Rumoreaban como uvas de un lagar.

Reconstruí de súbito la fiebre,

Y el acoso flameaba entre sus medias.

Pequeña de los años –diecisiete-

Me despeñé desde su cuello

Cuando debajo del corpiño

Dos frágiles navíos

Se le iban a pique

 

(De “Poesía en movimiento, México 1915-1966”, selecciones y notas de Octavio Paz, Alí Chumancero, José Emilio Pacheco y Homero Aridjis, con prólogo de Octavio Paz, Siglo Veintiuno Editores, vigesimoséptima edición, Ciudad de México, 1998. Juan Bañuelos nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en 1932. Estudió derecho, letras hispánicas y filosofía. Realizó una actividad literaria intensa en la Universidad Nacional Autónoma de México y en las de Chiapas, Guerrero, Querétaro y Sinaloa. Publicó sus primeros poemas como integrante del grupo La espiga amotinada. Publicó, entre otras obras, “Puertas al mundo”, “Espejo humeante”, “Destino arbitrario”, “A paso de hierba” y “Vivo, eso sucede”. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, en 1968; el Chiapas en Arte, 1984; el Nacional Carlos Pellicer, en 2001; y el de Poesía José Lezama Lima, en 2005. Defensor de los derechos de los pueblos originarios, fue titular de la Comisión Nacional de Intermediación, que organizó mesas de diálogo entre el gobierno mexicano y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Murió en Ciudad de México el 29 de marzo de 2017).

 

 

 

 

   Celebración de la infancia

 

Yo celebro. Celebro y danzo

bajo la númida capa de lo eterno.

Escucho el silbo del verde olor

de mis días natales:

escucho cómo gira la rueda de la noria

y cómo lo inasible crece en las espigas.

Y yo celebro. Celebro el diálogo del cordero

y las hojas del esparto.

Sobre el arcor de mieses cae lento

el ruido de los remos que golpean

las aguas de la noche.

Cantan las hojas y el viajero

por vez última oye el canto de los gallos,

mientras la esposa borda su nombre

en las doradas árguenas.

Lejos, un perro aúlla y un ala del día roza

la ventana.

Mas yo celebro, celebro y danzo al son

de las flautas oscuras que apagan el oro del otoño.

Pues ¿qué es lo cierto, y qué es el júbilo del niño ciego?

¿Y de quién es la trampa y el juego del viento vagabundo?

La fuente de ayer mana cerca de una tumba

y un árbol crece en la mano abierta de la tierra.

Soñamos,

soñamos y las aguas de la infancia

se cierran por encima de nuestras cabezas

                                           como una cúpula astral.

 

 

    Donde solo se habla de amor

 

A los hombres, a las mujeres

que aguardan vivir sin soledad,

al espeso camaleón callado como el agua,

al aire arisco (es el aire un pájaro atrapado),

a los que duermen mientras sostengo mi vigilia,

a la mujer sentada en la plaza vendiendo su silencio.

En fin, diciendo ciertas cosas reales

en una lengua unánime, amorosa;

a los niños que sueñan en las frutas

y a los que cantan canciones sin palabras en las noches

compartiendo la muerte con la muerte,

los invito a la vida

                       como un muchacho que ofrece una manzana,

me doy fuego

                       para que pasen bien estos días de invierno.

Porque una mujer se acuesta a mi lado

                      y amo al mundo

 

 

 

   Con el silencio, con el amor

 

A través de tus venas y de aduanas de parra

dejo mi huella.

Amanece el silencio. Queda el día desnudo

como la primavera.

 

Amoroso de agua —cerbatana de esquilas—

subo a tus muslos

como apretada yedra.

 

 

   Aceptación

 

Si tengo que aceptar profundamente

este amor entre zarzas,

he aquí el fuego: mi corazón

con su fuerza y el eco

de todos los días.

Si tengo que volver al porvenir

como de un viaje

en una unión de rostros,

es que yo hablo

de una mujer inconfundible,

que trae un rumor de sol

y extiende la ternura.

¿Qué quieren? La esposa:

real y aquí,

como raíz de un árbol.

 

 

   Amanece en el mundo

 

Desciende el tartamudo silencio de mi patria

Las fechorías cantan un aria de escorpiones

La Bolsa de Valores ha cotizado la mano del hombre

A las tres suena el timbre y baja el odio

cantado por sirenas

Oh señores los microscopios más potentes

aún no han podido descubriros

Cuánto esfuerzo de vuestra bondad para ser malos

Nuestras despensas tienen oídos sofocantes

Según me cuentan los más viejos siempre ha sido así

mucho antes del fuego o del antiguo testamento

              Cuando llegué a la vida

              había ya empezado la batalla

              Los diarios trajeron el resplandor

              de la primera bomba nuclear

              Espantosas las fotos, espantosos los rostros tan humanos

              Mujeres de rodillas en medio de las calles

              con sus bocas sin dientes y la mueca violeta

El humo sigue la dirección del viento

y yo crecí

Oh señores del Orden, respetables Señores

han tomado mis ojos como rehenes

pero aún veo

Han dado en vuestras máquinas al tiempo

su condición de tuerca

Aun así

el viento es un pájaro en el árbol

se enternece la tierra, desaprueba la muerte

Amamos nuestro siglo como un padre a su hijo

            Alcohol de la vigilia

            Amos del odio

            Engranaje mascado por la usura

            Aún nos llega el calor de los hornos crematorios

            Vuestro reino muere en la sombra

            bajo el peso de este amor

Y aquí nuestro planeta

de intenso azul visto desde el espacio

lenta naranja de metal desnudo

ariete en el silencio inevitable de nuestros astros

Atrás, prisiones, tumbas,

los muertos de Hiroshima hacen girar la Tierra

Callad, callad, va a dar a luz la sombra

Oh paz hermana que cose la vida al corazón

Atrás, prisiones, tumbas

Desde mi patria acechada confío en los hombres

 

Es inminente el nacimiento del alba

La poesía alcanza para todos - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.