• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Antonio Preciado, en Paralelo Cero

 

 

   Ese Hombre que Espera

 

Ese hombre que espera

no anhela compañía

ni pretende

que nadie le dé nada,

porque siente

que en el mundo no existe

un pan para saciar

un hambre que no es hambre,

ni agua para una sed

que no desea beber,

sino que quiere seguir siendo

cada día más sed,

más insaciable.

Y ese hombre padece de un dolor

que siente que le duele de otro modo,

y al dolerle presiente que será

el que un día lo salve.

 

Ese hombre que espera

en realidad se espera

y mientras tanto vive andando en círculos

hablándole a la tierra

con el convencimiento

de que la tierra entiende sus palabras,

empecinado en descifrar su enigma

y secreteando la ininteligible

verdad de sus verdades

con el viento que pase,

con su sombra

con él mismo

o con nadie.

 

Él permanece solo en sus adentros,

mas cuando me adivina

sale,

se me acerca

y me trata de hermano.

 

Ese hombre que espera

se espera en un poeta,

pero él no lo sabe.

 

 

   Imbricación

 

Mucha gente se muere

de su hambre personal

con la fisonomía

el nombre,

el apellido

y hasta con el apodo del hambriento;

y en cambio

son más los que perecen

de una dolencia general:

el daño inevitable

del cotidiano empacho

de mundo descompuesto;

y muchos más aún

todos aquellos a los que en la vida

se les juntan los dos padecimientos.

 

 

   Gracias a la Viva Voz

   de Mercedes Sosa

 

Por la costumbre de andar esperanzado

en que mientras yo viva

mi sufrida esperanza

no se me ponga triste

y peor que se me muera,

vuelvo a los imperiosos cantiles de esa voz,

a sus fulguraciones en las oscuridades

y me empujo a escucharla,

y cada vez

en lo más hondo,

ahora,

esas mismas canciones tienen algo

que parece

que les resucitara.

 

 

    Impedimento Armado

 

Lo que faltaba:

han enjaulado el cielo

para que Dios,

viendo que la paloma proverbial

se arrastra

hace ya mucha tierra,

algún día no pueda

compadecido,

él mismo

aprender a volar.

 

 

   Salma

 

¿Ha visto usted a una mujer trenzada

de cuerpo y corazón

con el fuego dulzón de una guaracha,

que erguida

baile al mismo tiempo con las piernas

y los brazos,

con los pies

y las manos,

y la cadera en la mitad

quebrando atenta al ir del ritmo arriba

a la vez que al venir del ritmo abajo?

¿Ha visto usted a un ángel

engolosinado con tambores

y que haya aprendido

a pisar con las alas?

¿Ha visto usted la forma en que se elevan

un poquito del agua,

majestuosos,

los gansos

y las garzas?

 

 

   Ruego

 

Ven, mujer,

quédate junto a mí,

¡por Dios, no te me vayas!:

tiéndete a seguir teniendo fe,

a creer mucho más estrechamente en mí

al presenciar los míos,

igual que cuando yo,

abismado,

presencio tus milagros.

 

 

   Un Niño me Sonríe

 

¿Qué será de él después,

qué le harán a su brote de ángel cierto,

a su semilla alada,

a ese mohín de una despreocupada gracia

que me hace verlo como

que nunca crecerá?

 

 

Mientras tanto,

mi salvación de hoy

es que ese muchachito me sonría

desde la bulliciosa trinchera de su juego,

donde veo

que poquito a poquito

el muy pícaro

va poniendo también el mundo en su bolsillo

junto con las canicas,

la horqueta,

las dos gomas elásticas,

la hamaquilla de cuero

y unos cuantos guijarros de mala puntería;

y todo aquel que lea este poema

queda comprometido

a guardar seriamente

ese alegre secreto,

para salvar de lo que ahora les harían

al brote de ángel cierto

y la semilla alada,

puesto que para ellos

no es nada conveniente

que el mundo convenido,

con un sobreviviente poeta por testigo,

aúne a estas alturas su frontera

con la dese reducto donde impera

tan ínfimo armamento.

 

 

   Ese Hombre que Viene

 

Ese hombre que viene

de repente hacia mi como a un abrazo,

pero por un camino

que, al contrario, se aleja,

que tiene un rostro ajeno

con los ojos mirando hacia sí mismo,

la boca blasfemando

y sigilando temibles dentelladas

y la sonrisa

en un puño cerrado,

a ese le saco el cuerpo,

no lo dejo que llegue a andar trasteando en mí,

a saquear lo que tengo de lo que siempre he sido,

a resollar, malévolo, oscuras fetideces

encima de mis versos,

a negar las locuras

del viejo corazón al que aún le creo

y tal vez hasta echarme

y quedarse

y volverse mi dueño.

 

Ese hombre que así viene

y es capaz de ponerles zancadillas

a mi rastro de amor

y a mis designios,

es mejor que se vaya de regreso.

 

 

(De “De lo demás al barrio”, con prólogo de Carlos Enrique Garzón, ELÁNGEL  Editor, Quito, 2013. Antonio Preciado nació en Esmeraldas, Ecuador, en 1941. Después de una infancia llena de privaciones materiales en su ciudad natal, se trasladó a Quito, donde se licenció en Ciencias Políticas y Económicas. Comenzó a publicar poesía en 1961, con “Jolgorio”. Siguieron, entre otros títulos, “Siete veces la vida”, “Poema húmedo” –publicado en Cuba-, “De ahora en adelante” y “De boca en boca”. “Con todos los que soy” fue el título de una antología que reunió gran parte de su obra, publicada en 2012 en Ecuador. En 1965 obtuvo el Premio Nacional de Poesía instituido por el diario El Universo, de Guayaquil. Dos años después se le adjudicó el primer premio del Festival Nacional de las Letras de la Universidad de Guayaquil. Poemas suyos integran numerosas antologías, de Ecuador y otros países, y fueron traducidos al francés, inglés, italiano y rumano. Desarrolla una intensa actividad política y diplomática. Fue ministro de Cultura del presidente Rafael Correa. El Festival Paralelo Cero lo designó poeta homenajeado en su edición 2017, a comienzos de abril).

 

 

   Ese Hombre que Ama

 

Ese hombre

tiene un amor mundial

que a diario esparce

y el viento se lo lleva,

las lluvias lo recogen,

cae,

moja,

se encharca,

pero el sol lo calienta,

lo eleva

y cae en nuevas lluvias,

y si las lluvias cesan,

el obstinado amor

no escampa y sigue amando.

 

Ese hombre que ama

todo lo que hay que amar en este mundo,

sin embargo,

en medio de ese amor tan grande

tiene

una pizca de odio,

como un ojo certero,

que es tan solo

para lo que es preciso odiar en este mundo;

de modo que ese hombre

tiene un amor inmenso que odia un poco

y un poquito de odio

que realmente ama mucho.

 

 

    Inconfundible

 

Al solapado que tiraba piedras,

un día,

por lo que fuera,

simplemente le dio

por ponerse a tirar besos volados,

mas sus besos dolían

y por cierto, esa vez,

cauteloso también,

escondía la mano.

 

 

   La Efigie de Sandino

 

En Nicaragua, uno

de cualquier modo siempre

se encuentra con Sandino,

sobre todo en Managua

que lo tiene de pie

en lo alto de la Loma de Tiscapa,

inconfundible en esa efigie colosal

toda pintada de un negro solemne

que se ve desde lejos,

para que el General, ubicuo, se halle

en todo corazón al mismo tiempo.

 

 

Recorriendo el contorno desde abajo

primero son notorias las botas,

a las que de inmediato, por su cuenta, los ojos

se sienten obligados a agregarles las trochas,

los lodazales y las polvaredas.

En la mitad se reconoce, como

un amontonamiento de más piel

que le hubiera crecido,

el bulto de la manta inseparable

que le cuelga,

y cualquiera supone

los leales cobijos de otra piel

que también se rebela.

 

Ya arriba,

coronándolo,

nítido sobresale su sombrero de siempre:

yo creo que hasta ahora

por dentro esa alta copa permanece

llena de también altos pensamientos,

y por fuera le encimo

todos sus soles

y sus aguaceros.

 

El que ha visto un retrato de Sandino

y lo tiene presente,

le pone con certeza a la figura

el rostro legendario;

pero, viéndolo bien,

es mucho más Sandino imaginándole

la cara de cualquier nicaragüense.

 

Por supuesto, esa imagen

no necesitaría un corazón,

pero un día de julio

en viaje hacia Masaya,

pensándola,

sientiendo casi que su enormidad,

tenaz, desde Managua

me iba siguiendo por la carretera,

de pronto me di cuenta

de que ese corazón inmenso de Sandino

como que hubiera sido para el tamaño de ella,

si el General en una de sus fotografías

(aparte del país,

que se le nota),

todo él casi es las botas,

la manta

y el sombrero;

pero lo cierto es

que de algún modo a él, aún así,

un corazón así

le cabía en el cuerpo.

 

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