• @cenizalunatica
    La luna borra su forma y yo sigo buscando semejanzas
  • @karlisjar
    El viento es una armónica de mil tonos
  • @Suspiro_DeLuna
    Magia es que te sostengan unos brazos que jamás te han tocado
  • @Tu_Funamiento
    Me busqué en otras personas y en todas te encontré
  • @Innestesia
    Viajo por si me encuentro
  • @fumivora
    Aparento más mariposas de las que tengo
  • @letrasdemorado
    Ya no hacen el pasado como antes
  • @itzarbepoesia
    He guardado bajo mis párpados caminos de agua por los que volver al hogar de tu recuerdo
  • @AlejandroLanus
    Juego como un niño que no sabe morir
  • @leonbenIarregui
    Cada vez más insomnes y menos soñadores
  • @vforte
    la tristeza es la rabia parada bajo la lluvia
  • @Yennifercc
    El que vive a solas con la poesía anda descalzo porque no cree en las heridas

Mario Trejo

(El poeta Jorge Boccanera escribió sobre su colega y compatriota Mario Trejo que es "una de las voces mayores de la literatura argentina", que además se aventuró en "distintas épocas de la producción poética hispanoamericana". Trejo, quien murió el 13 de mayo a los 86 años, constituía "un personaje irreverente, irónico, provocador, que hizo de la insolencia y la rebeldía un camino de vida fogoneado por un espíritu siempre joven y alerta, tan presto al diálogo como al debate". Con su obra "El uso de la palabra", obtuvo el premio Casa de las Américas en 1964.)

Y entonó el poeta argentino Juan Gelman, sobre Mario Trejo, en la portada del diario Página/12 de Buenos Aires, el 18 de mayo de 2012:

Enmudecía la tristeza cuando pasaba él y los sastres de la mezquindad huían. Entró en la habitación a la que nadie entra. Supo y vistió sin miedo harapos del amor, calles nocturnas en que celebración rima con soledad y cuerpos rebeldes a servidumbres contagiosas. En los despojos de la gracia puso su sí que arde en tiempos verdaderos. Castigó la despasión humana y cultivó los labios del jilguero. Brindó con Dios para que sepa que hay vacíos en la lengua y enigmas en los hilos donde se acuesta la poesía. En su fulgor deja encuentros posibles, incertidumbres de la libertad, compasiones de la imaginación.


La poesía

Sí.
Porque sus labios nacen a la luz de mis ojos.

Cuando aparece su voz, su ritmo invulnerable, las cosas
le obedecen.
Sobre las miras adversarias, sobre el tedioso oficio de
temerle, están las voces sin reposo, las patrullas del
tiempo, las olas victoriosas.

Ciudadela de la oscura verdad que desampara al
hombre: yo soy tu prisionero y soy tu fugitivo.

¿Mi contraseña?
Ejercer tu silencio, solicitar tu estruendo.

Porque, ¿qué es entonces la poesía sino una fanática
consigna, una tensión entre los muertos y las profecías?


El cantante, no la canción

Alegría de renacer
en el bostezo de lo leído:
rumor del mar espuma de poesía

Me rebelo
elijo el olvido
me resuelvo en locura
en rugidos de cuerpo

Miro el ruido del mar tautológico
y entre canción y cantante
elijo al cantante.


Solicitud de clemencia

Yo sólo pido perdón
por haber besado las playas del Mar Rojo
haber visto las luces de Aqaba en el amanecer verde
haber tomado mate entre el humo de los asesinos
haber temblado ante el incesto
del pez piedra con las piedras
del sol con la belleza
de mis sueños con la realidad.

Yo sólo pido perdón
por haber inventado las montañas de Arabia Saudita


Helena de Troya

Mira el cielo, apaga el sol con su mirada y luego sonríe
al mar. Su interés es olímpico y descansa en las leyes
delirantes del universo. Incómoda real: serían necesarias
otras dimensiones hasta dar contigo. Esta noche dormiré
sin ti y luego acataré los ritos de la historia.

 

La Dama de Elche

De lejos llega la verdadera noche. Entre las mantas del
verano brillaban sus risas; de pronto, se detuvieron en la
mirada del solitario.
De lejos llega la verdadera historia. Ella se unió a él como
a la vida. Persiste, se adhiere a sus recuerdos, va dejando
de ser, desaparece.
Se convierte en su nombre.


De puño y letra

Me doy por vencido.
La religión la mafia
la política y el fútbol
el ejército y la moda
mueven más gente que yo.

Son millones o pocos
pero totalmente decididos
al todo por el todo.
Yo sólo tengo que ver
con las pequeñas multitudes
de un cine de trasnoche
con la soledad de los jugadores
que ofician una partida de ajedrez
con la tibieza de algunos mujeres.

Leo
vuelvo a ver una vieja película
hago noche en Coltrane
y estiro el brazo y acaricio a mi bella
que fuma y ahora me convida.

a Michelle y
Gato Barbieri

 

(De "El uso de la palabra, antología personal", con prólogo de Alberto Cousté, Musarisca poesía, Ediciones Colihue, Buenos Aires, 1999.)

 

El gran ambicioso

Con leves ascos, con manos, con palabras, el gran
ambicioso ha durado con habilidad frente a dispersas y
prometedoras circunstancias. Amigos y enemigos dieron
precio a su vida; dieron amor, heridas, olvidos y condenas.
¿Por qué insiste este hombre que apenas sabe encender
y apagar las palabras, apenas acertar con lugar y
momento? Hombre que culpa a la noche por su lucidez
y al día por su ceguera.

Esto de improbable futuro
estos minutos
han sido y son todavía:
lo inducen a volcanes
a orquídeas extinguidas
a salvajes resurrecciones.

Pero no es codicia su insomnio.

Su lucidez imita a los dementes, esa jauría de prójimos
sedientos. Su causa se propaga vorazmente. Es ácido, es
incendio, es epidemia de mercurio.
Ya nacerá la raza que muerda a los vampiros en la boca,
ese gesto de amor que hará de nosotros amigos
implacables de nosotros.


Se acabó la poesía

Desnuda está la página
Yo la miro y me acerco
Y a cada paso pienso
Se acabó la poesía

Ay qué distancia enorme
De la voz a las cosas
La que va de una boca
A un perro que se vuelve
A un adiós que nos toca

Salvar en las palabras
Lo perdido en la rosa
Correr todos los riesgos
Desastres y victorias
Locos y lenguaraces
Lenguas que me enamoran

Elijo este castillo
Palabras como manos
Para tocar las nalgas
Y acomodar la silla

Raramente saldré
Y sólo por leones
Me digo que soy libre
Digo tigres de África

Llamar y ser llamado
El resto poco importa
Los labios de esta herida
Habrán de hacer las paces


Violetas populares

Fue la noche de Santiago
Y casi Valparaíso
Yo le canto a la Violeta
Por lo que odió y lo que quiso.

Aquí me pongo a cantar
Las Violetas Populares
Que de Chile por los mares
Empiezan a perfumar.
Qué otra cosa puedo dar
Sino puro sentimiento
Y el claro presentimiento
De que estos pueblos hermanos
Paso a paso mano a mano
cumplirán su testamento.

Violeta Parra se llama
Cantaloca cantadora
Querible competidora
De los pájaros sin rama.
Rabia que el vino derrama
Cada vez que empina el codo
Rabia de decirlo todo
Mientras llega la Señora
Que aunque no llegue a la hora
Llegará de todos modos.

Señora llámese Muerte
Llámese Revolución
Llámese Crucifixión
De la razón del más fuerte.
Señora tengo la suerte
De señalar Su llegada
Justo a la hora fijada
Ni antes ni después de hora
Con puntualidad Señora
De gallo en la madrugada.

Señora Revolución
Yo no le canto a la Muerte
Lo que yo quiero es beberte
Fresca como una canción.
Que la hembra y el varón
El solo y la muchedumbre
Recuperen la costumbre
Del amor en la verdad
Y que en toda oscuridad
Sea Usted quien nos alumbre.

Y en el final compañera
De esta milonga argentina
Nuestra América Latina
Comienza a ser verdadera.
Violeta sangre quemada
Los tigres de tu mirada
Ya están rugiendo victoria
Porque está entrando en la historia
La Gran Patria Liberada.

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