• @nimarlu
    De tristezas que no dejan costura por reventar y de otros amores impensables
  • @L0laM0ra
    Suelen anidar las ilusiones en la tímida noche buscando la última estrella
  • @monarcamanni
    Lo que nos rompa primero: el olvido o una canción
  • @Anadimeana
    Algunos inundan puentes y ventanas, otros llueven estrellas: cada palabra con su mano vuela
  • @xhuvia922
    Las esponjas del mar borran el horizonte
  • @nancyeldarjani
    El tiempo es un olor cuando llueve
  • @DeNegraTinta
    También te quiero a deshoras
  • @DLobosyQuimeras
    Barcos de papel en dique seco
  • @LaPetit10
    Yo ya no quiero sueños intocables
  • @BlueDement_
    El día que te conozcas, vas a enamorarte de mi
  • @RecMaria
    El tiempo matará lo que no defiendas
  • @EstebanPerezsan
    Duermes en lo que escribo/ y lees en lo que sueño

Miguel Gaya

En el patio de un poeta menor

Ya pasaron por el cielo las aves
que migraron
al país feliz.
Ya los carros llevaron el grano
y se encendieron las fogatas
y en los campos vecinos
bailaron y brindaron
hasta que vino el día y
¿cuál fue tu cosecha
este año?

Ronda la casa un viento silencioso.
Algo que se lleva de puntillas
los papeles rotos y las cenizas
que dejaste en el patio.

Apenas un momento
algunos restos temblarán en los rincones
que los retuvieron y luego
nada serán
en el aire
se habrán ido.

Los sueños tuyos tienen el peso
de esas formas
que un momento apenas
se elevaron
y luego
como el sol de otoño en la ventana
no estuvieron más.

¿Y adónde te has ido
hoy?

¿Cual fue tu cosecha?

 

Algunas preguntas contemplando el último
retrato registrado de Raúl González Tuñón

Treinta días después de esa foto
estaba muerto.
pero, ¿cómo es que se mueren los poetas?


Los poetas jóvenes posaron con él
en otra foto.
pero, ¿qué juventud tiene ese hombre entre ellos?


Lo que veo en su retrato
ya está muerto.
pero, ¿qué hace que en esos ojos yo esté vivo?


Treinta días después de esa foto que ahora miro
estaba muerto
pero, ¿de qué vida me persuade su voz?

 

Patria avara

Patria avara,
me fui de ti
y nada me entregaste
y nada permitiste
que llevara
de mí.
Soy extranjero ahora en tu casa.
Bebo y como
y duermo
en lecho ajeno.
Y tu canto oigo
por las noches
que me gusca
para decirme
ausente.
Nada menos que tu voz
es la que sigo
sonámbulo.
Y no me hallo,
ni encuentro más
que el polvo
del camino
por donde se van mis pies.


Templo en México Tenochtitlán

Dioses ajenos y brutales
nos han dado forma
quién sabe si en sus pesadillas.
En la plaza del mercado deambulamos
ofreciéndonos sin pudor
ni esperanza.
Fuimos arrojados de ellos, abandonados
por ellos y todos nos hemos perdido
por la historia y la explicación que intenta.

Sólo nos resta que alguien se apiade de nosotros
y nos retenga
en ese corazón
que se da de comer.

Carne de extranjeros.


(De "El alma y otros lugares", Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2012. Miguel Gaya nació en Ayacucho, provincia de Buenos Aires, Argentina, en 1953. Es también novelista. Sus poemas están incluidos en numerosas antologías).

 

Ayacucho

Intentas dormir en el lecho
donde fuiste niño
y no lo hallas.

Rebuscas en sus sueños el camino
que te llevó acá
y no hay pasaje
desde este lugar
donde estás atento al latido espeso
de tu corazón.
¿Lo tenías entonces,
al corazón?
¿Qué sangre llevaban
tus venas
sin que supieras?
¿Qué intercambios
había
entre tu cuerpo y el sueño?

Cierras los ojos y los abres
y la oscuridad es una pared
que te rodea
con suave persuasión.
No fue así,
así no era.
El silencio estaba
poblado
entonces.
Pero entonces como ahora
también te circundaba
un universo
incierto.
Buscas su forma en el lecho.
Procuras
acogerte a ella
entre las sábanas y las almohadas
donde con delicadeza se deslizaron
los sueños.

Escucha:
hay pasos
hay roces
hay tímidos crujidos
de madera.

Las naranjas amargas

Las naranjas amargas que crecían
detrás de la casa, entre los sauces,
¿habrán caído este otoño
perdiéndose su oro
entre los pastos,
habrán rodado
escondiéndose?
Seguramente en el lugar las abejas
zumban
cuando la brisa amaina
y el sol es amable y
las hojas de los árboles traen
un rumor apagado
hasta la casa.

Tu sombra estará
supongo
apegada aún a las tablas
de la galería
como si se derramara
morosa
por los escalones
y sin embargo
atenta
al paso
de pájaros
que ellos sí
vuelven
por el cielo.

Ya lo ves, hay
ritos
circulares
y otros
como flechas.
Alcanzan a quien cree
en demorarse
y lo malhieren así
con horizontes.


El cerrito

Detrás de un cerrito
los muertos
fueron despenados
muertos y enterrados
y sus ánimas flotan
en la noche fría
constelaciones flotantes
como banderas
vistas por un burro austral
rumiando pasto.

Una estrella federal
y fugaz
florece al fondo
de la casa
y en el frente un aljibe esconde
otro brillo que asusta.

Te mirás en el fondo
sentada al borde con tus cabellos
desparramados así
como una lluvia
bendita caminando por el cerrito
rumbo al camposanto secreto
como dedos de agua
llevando la bendición
a los que fueron.

Duérmete cándida y alejada.
Duérmete y velando
sea yo quien te vea.

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