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    La luna borra su forma y yo sigo buscando semejanzas
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    El viento es una armónica de mil tonos
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Un poema para 2017 (II)

   Segunda serie de la selección de poemas que surge de propuestas que realizaron lectores, poetas, amigos y allegados de La Poesía Alcanza, para publicar a modo de recibimiento de 2017. La invitación fue en extremo sencilla: un poema que desee que los demás lean para recibir el Año Nuevo. Este es el resultado, rico, diverso, heterogéneo.

  

   Luis Cernuda

 

   No decía palabras

 

No decía palabras, 

acercaba tan sólo un cuerpo interrogante, 

porque ignoraba que el deseo es una pregunta 

cuya respuesta no existe, 

una hoja cuya rama no existe, 

un mundo cuyo cielo no existe. 


La angustia se abre paso entre los huesos, 

remonta por las venas 

hasta abrirse en la piel, 

surtidores de sueño 

hechos carne en interrogación vuelta a las nubes. 


Un roce al paso, 

una mirada fugaz entre las sombras, 

bastan para que el cuerpo se abra en dos, 

ávido de recibir en sí mismo 

otro cuerpo que sueñe; 

mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne, 

iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo. 

Auque sólo sea una esperanza 

porque el deseo es pregunta cuya respuesta nadie sabe.

 

   Propuesta de Gabriela Ramírez, de México.

 

   Gioconda Belli

 

   Huelga

 

Quiero una huelga donde vayamos todos, 

Una huelga de brazos, piernas, de cabellos, 

una huelga naciendo en cada cuerpo. 

 

Quiero una huelga 

de obreros de palomas 

de choferes de flores 

de técnicos de niños 

de médicos de mujeres. 

 

Quiero una huelga grande, 

que hasta el amor alcance. 

Una huelga donde todo se detenga, 

el reloj las fábricas 

el plantel los colegios 

el bus los hospitales 

la carretera los puertos. 


Una huelga de ojos, de manos y de besos. 

Una huelga donde respirar no sea permitido 

una huelga donde nazca el silencio 

para oír los pasos del tirano que se marcha.

 

   Propuesta de Mónica Vega, de Argentina.

 

   Juan Gelman

    

   Viendo a la gente andar

 

Viendo a la gente andar, ponerse el traje,

el sombrero, la piel y la sonrisa,

comer sobre los platos dulcemente,

afanarse, correr, sufrir, dolerse,

todo por un poquito de paz y de alegría,

viendo a la gente, digo, no hay derecho

a castigarle el hueso y la esperanza,

a ensuciarle los cantos, a oscurecerle el día,

            viendo, sí,

cómo la gente llora en los rincones

más oscuros del alma y sin embargo

sabe reír y sabe andar derecho,

viendo a la gente, bueno, viéndola

tener hijos y esperar y siempre

creer que van a mejorar las cosas

y viéndola pelear por sus ríñones,

            digo gente,

qué hermoso andar contigo

a descubrir la fuente de lo nuevo,

a arrancar la felicidad,

a traer el futuro sobre el lomo, hablar

familiarmente con el tiempo y saber

que acabaremos y de una buena vez por ser dichosos,

qué hermoso, digo, gente, qué misterio

vivir tan castigado

      y cantar y reír,

            ¡qué asunto raro!

 

Porque existen las plazas. Y los pájaros.

Y las muchachas y los perros y

los árboles, la gente, los zaguanes.

 

Porque existen los Juanes, preocupados

porque la nena tiene fiebre o

le salen los dientitos. La mujer

suele decir: “Cuando te aumenten

el sueldo…” y suele estar en el mercado

contando las monedas y contándose

la vida a tropezones.

            ¡Qué cuestión!

 

Si estas cosas existen, si es que están

golpeándote y pegando a tu sordera,

quizás te calles o te vayas o

te dediques al sueño, a la morfina,

quizás te vayas, sí, o tomes vino

sobre el estaño, cálido de codos,

posiblemente existas de ese modo,

pálido, flaco, tropezándote

a cada rato con tu pantalón

y tu camisa, rota de ilusiones,

y tu ilusión, tan rota de camisas.

 

Quizás te escapes con la madrugada

tibia aún en tus ojos, para ir

a la muerte, a la muerte y a la muerte

bajo otros cielos, sobre ajenos patios,

entre otras voces, caras, infelices,

para que digan se murió, eso es todo,

siempre eso es todo, se murió, que encuentren

un peine roto en tu bolsillo, cartas,

y eso es todo, ¿eso es todo?

 

   Propuesta de Ana María Rodmen, de Argentina.

 

   Cintio Vitier

 

   Trabajo

 

Esto hicieron otros

mejores que tú

durante siglos.

De ellos dependía

tu sensación de libertad

tu camisa limpia

y el ocio de tus lecturas y escrituras.

De ellos depende

todo

lo que te parecía natural

como ir al cine

o estar triste, levemente.

Lo natural, sin embargo, es el fango,

el sudor, el excremento.

A partir de ahí, comienza

la epopeya, que no es sólo

un asunto de héroes deslumbrantes,

sino también

de oscuros héroes, suelo de tus pisadas,

página donde se escriben las palabras.

Deja las palabras, prueba

un poco

lo que ellos hicieron, hacen,

seguirán haciendo

para que seas:

ellos,

los sumidos en la necesidad

y la gravitación,

los molidos por los soles implacables

para que tu pan siempre esté fresco,

los atados

al poste férreo de la monotonía

para que puedas barajar todos los temas,

los mutilados

por un mecánico gesto infinitamente repetido

para que puedas hacer

lo que te plazca con tu alma y con tu cuerpo.

Redúcete como ellos.

Paladea el horno,

come fatiga.

Entra un poco, siquiera sea clandestinamente,

en el terrible reino de los sustentadores

de la vida.

 

   Propuesta de Elena Corvalán, de Argentina.

 

 

   José María Eguren

 

   Lied V

 

La canción del adormido cielo

Dejó dulces pesares;

Yo quisiera dar vida a esa canción

Que tiene tanto de ti.

 

Ha caído la tarde sobre el musgo

Del cerco inglés,

Con aire de otro tiempo musical.

 

El murmurio de la última fiesta

Ha dejado colores tristes y suaves

Cual de primaveras oscuras

Y listones perlinos.

 

Y las dolidas notas

Han traído la melancolía

De las sombras galantes

Al dar sus adioses sobre la playa.

 

La celestía de tus ojos dulces

Tiene un pesar de canto,

Que el alma nunca olvidará.

 

El ángel de los sueños te ha besado

Para dejarte amor sentido y musical

Y cuyos sones de tristeza

Llegan al alma mía,

Como celestes miradas

En esta niebla de profunda soledad.

 

¡Es la canción simbólica

como un jazmín de sueño,

que tuviera tus ojos y tu corazón!

¡Yo quisiera dar vida a esta canción!

 

   Propuesta de Paola Torres, de Perú.

 

 

   Antonio Gamoneda

 

   Blues para cristianos

 

Antes algunos hombres se sentaban a fumar

y a mirar la tierra despacio.

Antes muchos hombres se sentaban a fumar

y poco a poco comprendían la tierra.

Ahora no se puede fumar cuando viene la noche.

Ahora ya no queda tabaco ni esperanza.

 

Ya han debido de pasar el cielo y la tierra

y todas las casas están vacías.

Han debido de pasar el cielo y la tierra

porque todas las casas están vacías.

La madre ya no quiere volver a sus cazuelas.

Aquí toda la gente está muy triste.

 

Ahora vendrá Dios con su madero.

Dicen que viene Jesucristo con su madero.

Bien, que venga con su madero.

 

Cuando venga Jesucristo con su madero,

vamos a verle la chaqueta vieja.

Cuando venga Jesucristo a vivir con nosotros,

habrá que verle el corazón cansado.

 

Aquí ya no hay otra majestad que el dolor.

Sí, buen amigo, ya no hay más en la tierra.

 

   Propuesta de Santiago Menéndez, de España.

 

   Jorge Boccanera

 

   Suma

 

Los días no contaban para mí,

bastaba la palabra.

Yo escuchaba en cuclillas cómo alguna palabra

                 conversaba con otra.

No contaban los días.

Pero extravié palabras y los días me siguieron de

                 cerca con sus largos abrigos.

Yo iba mirando el suelo.

"Ese no cuenta el cuento", vaticinaron unos.

Yo no escuchaba a nadie, yo contaba con ellas.

Los días fueron como trapos mojados en los pies.

Habité días feroces porque perdí palabras.

Eran contadas y eran, al fin, las que contaban

El tiempo es implacable.

El que pierde palabras tiene los días contados.

 

   Propuesta de Patrica Da, de Argentina.

 

 

 

   Raúl González Tuñón

 

   La luna con gatillo

 

Es preciso que nos entendamos.
Yo hablo de algo seguro y de algo posible.
Seguro es que todos coman
y vivan dignamente
y es posible saber algún día
muchas cosas que hoy ignoramos.
Entonces, es necesario que esto cambie.

El carpintero ha hecho esta mesa
verdaderamente perfecta
donde se inclina la niña dorada
y el celeste padre rezonga.
Un ebanista, un albañil,
un herrero, un zapatero,
también saben lo suyo.

El minero baja a la mina,
al fondo de la estrella muerta.
El campesino siembra y siega
la estrella ya resucitada.
Todo sería maravilloso
si cada cual viviera dignamente.

Un poema no es una mesa,
ni un pan,
ni un muro,
ni una silla,
ni una bota.

Con una mesa,
con un pan,
con un muro,
con una silla,
con una bota,
no se puede cambiar el mundo.

Con una carabina,
con un libro,
eso es posible.

¿Comprendéis por qué
el poeta y el soldado
pueden ser una misma cosa?

He marchado detrás de los obreros lúcidos
y no me arrepiento.
Ellos saben lo que quieren
y yo quiero lo que ellos quieren:
la libertad, bien entendida.

El poeta es siempre poeta
pero es bueno que al fin comprenda
de una manera alegre y terrible
cuánto mejor sería para todos
que esto cambiara.

Yo los seguí
y ellos me siguieron.
¡Ahí está la cosa!

Cuando haya que lanzar la pólvora
el hombre lanzará la pólvora.
Cuando haya que lanzar el libro
el hombre lanzará el libro.
De la unión de la pólvora y el libro
puede brotar la rosa más pura.

Digo al pequeño cura
y al ateo de rebotica
y al ensayista,
al neutral,
al solemne
y al frívolo,
al notario y a la corista,
al buen enterrador,
al silencioso vecino del tercero,
a mi amiga que toca el acordeón:
-Mirad la mosca aplastada
bajo la campana de vidrio.

No quiero ser la mosca aplastada.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.
No quiero ser abeja.
No quiero ser únicamente cigarra.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.
Yo soy un hombre o quiero ser un verdadero hombre
y no quiero ser, jamás,
una mosca aplastada bajo la campana de vidrio.

Ni colmena, ni hormiguero,
no comparéis a los hombres
nada más que con los hombres.

Dadle al hombre todo lo que necesite.
Las pesas para pesar,
las medidas para medir,
el pan ganado altivamente,
la flor del aire,
el dolor auténtico,
la alegría sin una mancha.

Tengo derecho al vino,
al aceite, al Museo,
a la Enciclopedia Británica,
a un lugar en el ómnibus,
a un parque abandonado,
a un muelle,
a una azucena,
a salir,
a quedarme,
a bailar sobre la piel
del Último Hombre Antiguo,
con mi esqueleto nuevo,
cubierto con piel nueva
de hombre flamante.

No puedo cruzarme de brazos
e interrogar ahora al vacío.
Me rodean la indignidad
y el desprecio;
me amenazan la cárcel y el hambre.
¡No me dejaré sobornar!

No. No se puede ser libre enteramente
ni estrictamente digno ahora
cuando el chacal está a la puerta
esperando
que nuestra carne caiga, podrida.

Subiré al cielo,
le pondré gatillo a la luna
y desde arriba fusilaré al mundo,
suavemente,
para que esto cambie de una vez.

 

   Propuesta de María Itumelia Torres, de Posadas, Misiones, Argentina.

--

 

 

   Vicente Muleiro

 

   Trenes

 

 

Trenes que salen de ningún lugar,

trenes que arriban a ninguna parte.

 

No atraviesan la bruma

ni levantan el polvo

ni murmuran su paso por las noches.

 

Como la vida, trenes.

 

Sin embargo, en silencio

alguien le dice adiós a ciertos rostros

desdibujados en las ventanillas.

 

 

   Propuesta de Mercedes Falcón, de Argentina

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