• @nimarlu
    De tristezas que no dejan costura por reventar y de otros amores impensables
  • @L0laM0ra
    Suelen anidar las ilusiones en la tímida noche buscando la última estrella
  • @monarcamanni
    Lo que nos rompa primero: el olvido o una canción
  • @Anadimeana
    Algunos inundan puentes y ventanas, otros llueven estrellas: cada palabra con su mano vuela
  • @xhuvia922
    Las esponjas del mar borran el horizonte
  • @nancyeldarjani
    El tiempo es un olor cuando llueve
  • @DeNegraTinta
    También te quiero a deshoras
  • @DLobosyQuimeras
    Barcos de papel en dique seco
  • @LaPetit10
    Yo ya no quiero sueños intocables
  • @BlueDement_
    El día que te conozcas, vas a enamorarte de mi
  • @RecMaria
    El tiempo matará lo que no defiendas
  • @EstebanPerezsan
    Duermes en lo que escribo/ y lees en lo que sueño

25 de noviembre: No Resignación (II)

 

   Segunda selección de poemas tomados de la publicación “No Resignación (Poetas del mundo por la no violencia contra la mujer). Antología de Salamanca”. La obra fue publicada por el Ayuntamiento de Salamanca, España, con edición realizada por el poeta peruano-español Alfredo Pérez Alencart. Se dio a conocer con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, instituido para el 25 de noviembre por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1999. En la primera selección, La Poesía Alcanza publicó poemas de Luz Mary Giraldo, de Colombia; Ana Cecilia Blum, de Ecuador; Enrique Gracia Trinidad y Marina Izquierdo, de España; Isolda Hurtado, de Nicaragua; Juan Cameron, de Chile; Xhevdet Bajaj, de Kosovo; Lilliam Moro Núñez, de Cuba; Pablo Carbone, de Bolivia; y Ernesto Román Orozco, de Venezuela. La obra completa, que es de libre disponibilidad, está accesible en este enlace:

   http://www.crearensalamanca.com/wp-content/uploads/2016/11/no-resignacion-antologia-de-salamanca-interior.pdf

 

 

   Laura Cracco, de Venezuela

 

   Bocas Chanel

 

Lenguas viperinas tras los labios brillantes. Sí. Culebras. Toda una historia de reptar bajo la mesa, de susurrar en los propios pensamientos, de vencer al macho con veneno en las sortijas, de ahogarse en el alarido que si no quebraría capillas Sixtinas y Pentágonos. Reptiles por siglos, alfileres en lugar de cuchillos, gasas cuando se requería la soga. Diosas madres en los libros de filólogos nostálgicos, Marías en oraciones blancas, madames Bovary nacidas de la costilla del escritor. Silencio revestido de insultos y palabras fermentadas. Corazones que miran la luna y ven allí algo más íntimo que el amante o marido de años. Somos esas bocas Chanel con una habitación sin huésped.

 

    Leya Tierney, de Inglaterra

 

   Adiós

 

No más caricias

del color de la nada.

No más disculpas

con sabor a ceniza.

Ni más abrazos

bajo la lluvia negra del mañana.

 

Mi adiós es para siempre.

 

Para ti la desnuda hiel

de los engaños,

la malicia sangrante

de tu lengua feral,

las lágrimas mentidas

que alguna vez

manaron de tus ojos ciegos.

 

Mi adiós es para siempre.

 

Y también el dolor de mis heridas.

 

 

   Angélica Tanarro, de España

 

 

   Mil y una noches no bastarían...

 

Mil y una noches no bastarían...

 

Ella lo sabe

            pero insiste.

Aún confía –quiere– en las palabras

que serán piedras

contra su cuerpo de cristal.

 

Niña a la pata coja

encerrada en un círculo de tiza.

 

 

   Müesser Yeniay, de Turquía

  

   Lamento

 

Ser mujer

significa estar invadida, Oh silenciada!

ellos toman de mí toda cosa

una mujer tomó mi infancia

un hombre, mi feminidad…

Dios no debió crear a la mujer

Dios no sabe cómo dar a luz

aquí, las costillas de todos los hombres

están rotas

nuestro cuello es más delgado que un cabello

los hombres nos cargan

como un funeral sobre sus hombros

hemos estado por debajo de sus pies

leves como plumas

volamos desde un mundo hasta un Adán

y mis palabras son, oh silenciada!

las huellas de sus pies…

 

                        (Traducción de Rafael Patiño Góez)

 

   Aleyda Quevedo Rojas, de Ecuador

 

 

   Tríptico

 

   Asunto

 

Giras la llave,

si entras por lo que

te toca, llévatelo.

Tus patadas

en el sillón

reinventan

el hombre que eres

Tengo la impresión

de que no logras

acabar con este asunto

postergado tantas veces

Es aquí

donde arranca

la guerra

de corazones y juzgados.

 

    Espanto

 

 

Una puerta me queda

por abrir

infinitos pavores carcomen

mi sombra

 

Siento rabia al saber

que soy mi propio miedo

enfundado en este cuerpo.

 

   Aflicción

 

Machaco mis dedos

para dejar atrás las azules

llagas de los pesares

 

Soy la muerta

y mi cuerpo un fantasma

sumergiéndose en los ríos

que mojan la memoria.

 

 

   Bertalicia Peralta, de Panamá

 

    La única mujer

 

La única mujer que puede ser

Es la que sabe que el sol para su vida

empieza ahora.

La que no derrama lágrimas sino dardos para

sembrar la alambrada de su territorio.

La que no comete ruegos…

La que opina y levanta su cabeza y agita su cuerpo

Y es tierna sin vergüenza y dura sin odios.

La que desaprende el alfabeto de la sumisión

Y camina erguida.

La que no le teme a la soledad porque siempre

Ha estado sola.

La que deja pasar los alaridos grotescos de la violencia

y la ejecuta con gracia.

La que se libera en el amor pleno…

La que ama… la única mujer que puede ser

La única… Es la que dolorida decide por

sí misma salir de su prehistoria.

 

 

   Marcia Barroca, de Brasil

 

   Tatuajes

 

A través de las retinas tatuadas

por la violencia

calla la simiente tejida

en úteros desiertos

 

Son huérfanas de paz

 

Unas

reactivas luchan

generando esperanza

Otras

se dejan humillar

y en su mirada ausente

podemos percibir su dolor

 

Sus voces

casi siempre olvidadas

se rebelan en un espasmo

de justicia y soledad

 

Es necesario oír lo que dicen

Es primordial acoger su canto de fe

 

Guerreras

Traen en su rostro arrugas profundas

universos solo suyos

perdidos

en un abanico de estigmas

 

Latigazos

no destruyen sueños

pero marcan como hierro ardiente

el encanto y el misterio de ser mujer

 

                                      (Traducción de Alfredo Pérez Alencart)

 

 

   Carlos Barbarito, de Argentina

 

   Si le acercaran un cobertor,

             un bálsamo...

 

Si le acercaran un cobertor, un bálsamo,

un capítulo sin dolencia ni crispación,

un vientre de recobrada pubertad,

una espalda blanca capaz de soñar y despertar

sobre el lado celeste de la piedra,

sobre el lado terreno de la lluvia.

A qué nacer con sal en lo lastimado,

con lenta muerte que el dolor devana;

a qué acudir en días de vinagre,

de gusano perforador del pan,

de cuartos rotos, de horas harapientas

en los que la única rueda que gira

es la que mueve el cobayo,

en los que la única visión

es la de escarcha a la que nada raspa ni conjura.

Lo sé, qué lejos, ahora, su mínimo alimento.

Qué cerca, ahora, su hambre infinita.

Si le procuraran una voz repujada,

una sólida viga en su techo,

un renovado despertar

con vista al amor, el alba, los gorjeos.

 

(De “No Resignación, Poetas del mundo por la no violencia contra la mujer”, con selección y prólogo de Alfredo Pérez Alencart y pinturas de Miguel Elías, edición del Ayuntamiento de Salamanca, 2016. En la obra participan poetas de todos los continentes. Pérez Alencart escribe que “la mujer remonta el caudal de las libertades, es cierto, aunque todavía encalla en el muro mental de los violentos, incansables a la hora de no disfrazar su cobardía”. La iniciativa para este libro surgió de la Concejalía de Familia e Igualdad de Oportunidades del Ayuntamiento de Salamanca y derivó en este resultado formidable: poemas de 72 mujeres y 64 hombres. “Siendo el hombre el problema en cuanto a violencia de género, satisface ver la cada vez más firme y decisiva implicación de los poetas”, dice el antólogo).

 

 

   Gioconda Belli, de Nicaragua

  

   Reglas de juego para los hombres

   que quieran amar a las mujeres

 

   I

 

El hombre que me ame

deberá saber descorrer las cortinas de la piel,

encontrar la profundidad de mis ojos

y conocer lo que anida en mí,

la golondrina transparente de la ternura.

 

 

   II

 

El hombre que me ame

no querrá poseerme como una mercancía,

ni exhibirme como un trofeo de caza,

sabrá estar a mi lado

con el mismo amor

con que yo estaré al lado suyo.

 

   III

 

El amor del hombre que me ame

será fuerte como los árboles de ceibo,

protector y seguro como ellos,

limpio como una mañana de diciembre.

 

   IV

 

El hombre que me ame

no dudará de mi sonrisa

ni temerá la abundancia de mi pelo,

respetará la tristeza, el silencio

y con caricias tocará mi vientre como guitarra

para que brote música y alegría

desde el fondo de mi cuerpo.

 

 

   V

 

El hombre que me ame

podrá encontrar en mí

la hamaca donde descansar

el pesado fardo de sus preocupaciones

la amiga con quien compartir sus íntimos secretos,

el lago donde flotar

sin miedo de que el ancla del compromiso

le impida volar cuando se le ocurra ser pájaro.

 

 

   VI

 

El hombre que me ame

hará poesía con su vida,

construyendo cada día

con la mirada puesta en el futuro.

 

 

   VII

 

Por sobre todas las cosas,

el hombre que me ame

deberá amar al pueblo

no como una abstracta palabra

sacada de la manga,

sino como algo real, concreto,

ante quien rendir homenaje con acciones

y dar la vida si es necesario.

 

 

   VIII

 

El hombre que me ame

reconocerá mi rostro en la trinchera,

rodilla en tierra me amará

mientras los dos disparamos juntos

contra el enemigo.

 

 

   IX

 

El amor de mi hombre

no conocerá el miedo a la entrega,

ni temerá descubrirse ante la magia del enamoramiento

en una plaza llena de multitudes.

Podrá gritar –te quiero– o hacer rótulos en lo alto de los edificios

proclamando su derecho a sentir

el más hermoso y humano de los sentimientos.

 

 

   X

 

El amor de mi hombre

no le huirá a las cocinas,

ni a los pañales del hijo,

será como un viento fresco

llevándose entre nubes de sueño y de pasado,

las debilidades que, por siglos,

nos mantuvieron separados

como seres de distinta estatura.

 

 

   XI

 

El amor de mi hombre

no querrá rotularme y etiquetarme,

me dará aire, espacio,

alimento para crecer y ser mejor,

como una Revolución

que hace de cada día

el comienzo de una nueva victoria.

 

 

   Cyndi Morales Ayala, de Colombia

 

 

   Me escondo en la oscuridad...

 

Me escondo en la oscuridad

para que el silencio me salve.

Cada día mi nombre

es un eco en el viento,

un aire silbador,

una brisa de esperanzas y olvidos,

una mancha de libertad

sobre la arena.

 

   Ana María Rodas, de Guatemala

  

   Mujer, ya viene el sueño

 

Mujer, ya viene el sueño

aprovecha este tiempo

y olvida a los que ahora

se agitan, beben, aman, fornican.

 

Ya llegó el sueño, amiga.

Calma tu sangre

y aférrate al momento

en que por fin comienzas un camino.

 

Sin brazos amantes, sin muletas

recíbelo, no es más que el sueño

y ya es bastante.

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