• @cenizalunatica
    La luna borra su forma y yo sigo buscando semejanzas
  • @karlisjar
    El viento es una armónica de mil tonos
  • @Suspiro_DeLuna
    Magia es que te sostengan unos brazos que jamás te han tocado
  • @Tu_Funamiento
    Me busqué en otras personas y en todas te encontré
  • @Innestesia
    Viajo por si me encuentro
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    Aparento más mariposas de las que tengo
  • @letrasdemorado
    Ya no hacen el pasado como antes
  • @itzarbepoesia
    He guardado bajo mis párpados caminos de agua por los que volver al hogar de tu recuerdo
  • @AlejandroLanus
    Juego como un niño que no sabe morir
  • @leonbenIarregui
    Cada vez más insomnes y menos soñadores
  • @vforte
    la tristeza es la rabia parada bajo la lluvia
  • @Yennifercc
    El que vive a solas con la poesía anda descalzo porque no cree en las heridas

Madera de violín / Jorge Boccanera

 

  I

 

La selva está hecha a lápiz, punta fina

sobre papeles rotos, garabatos que se alzan en el

   aire y cajitas de música y el oso perezoso.

Una lágrima verde rueda sobre la lengua del jaguar.

Tierra tatuada, selva

con la palma en el centro que en un aire de reina

despliega su penacho, su cabellera de hilos,

   su serena ebriedad.

 

Abajo, el viento junta restos del universo.

 

 

   IV

 

La rosa es una máscara,

oculta el rostro de la selva,

barro verde.

 

Furia que no envejece.

Como la respiración contenida de un dios.

 

Lo que no es selva es ruina.

 

 

   V

 

Yo respiro la selva, no lo ves pero yo la respiro

y voy sujeto al humo de su cuerpo.

El vapor de sus nombres sube por las cañerías de

   esta ciudad vieja.

Y respiro su sangre.

Aspiro la arboleda y es de un trago, con borbotones,

pelos de animal y cáscara de fruta descompuesta.

Cosas que fueron otras se deshacen en el plateado de la

   noche.

Son estrellas podridas que acunan con aullidos, con un

   filo vidrioso y una piedra que duele a cualquier tacto.

Vivo en esa caverna sin paredes.

Entre sus inscripciones lo enmarañado tiene rostro

y los perfumes gozan su fugacidad eterna.

 

También en la noche de cemento te respiro.

Agua insolente cruza debajo de mi almohada.

 

 

   X

 

La selva es lo inminente, eso que está por

   desencadenarse.

Es lluvia detenida. Espuma a punto de plumaje.

Urgencia.

Estar y devenir en una misma boca.

Lo que se viene. Pronta. Y se va a desatar.

Telegramas que ruedan por el aire.

 

Mi oficio es recibir eso que vive de anunciarse.

Ser la rama de aquello que no se posa nunca.

 

 

   XIV

 

Los insectos astillan el aire. Tenaces

las mandíbulas fabrican montañas de silencio.

Muerden, logran cesar las hojas que chasquean.

Es posible palpar aquello que nadie puede oír.

En sus ojos metálicos cruza el polvo de las

   ciudades desaparecidas.

 

El escarabajo dice: “todo silencio es extranjero”.

La hormiga escribe: “aroma del misterio”.

La iguana verde piensa: “el silencio existe solamente

para los muertos, pero ellos no pueden escucharlo”.

El bambú intuye que ese silencio es algún dios cantando.

 

Lo no dicho es un viento que lo sacude todo.

Del esqueleto de la fronda, cae su ceniza atronadora.

 

 

   XV

 

El hombre, ruina de sí mismo,

foto movida, zapato en el pie equivocado.

Harapo de su alma, inventa partes de la selva con

madera que roba de la selva. Construye un ataúd

   con la madera de un violín.

Sus ciudades son trampas, fábricas de veneno,

   siembra de soledades.

 

(De “Palma Real”, Colección Visor de Poesía y Ediciones Continente, Buenos Aires, 2009. Jorge Boccanera nació en Bahía Blanca, Argentina, en 1952. “Música de fagot y piernas de Victoria”, “Los ojos del pájaro quemado”, “Polvo para morder”, “Sordomuda” y “Bestias en un hotel de paso” son algunos de sus obras poéticas, con las que se componen compilaciones y antologías como “Marimba”, “Antología personal” y “Servicios de insomnio”. Con “Palma Real” obtuvo el Premio de Poesía Casa de América, que se otorga en España, en 2008. Coordinó y editó numerosas antologías, como “Anillo del silencio, Centroamérica en la Poesía”, y “Animales del azar”, de Juan Gelman. Sus trabajos en condición de ensayista son numerosos. Entre ellos, “Confiar en el misterio / La poesía de Juan Gelman” y “Luis Cardoza y Aragón: solo venimos a soñar”. Integra frecuentemente jurados de concursos poéticos internacionales, como lo hizo en 2016 para el Pablo Neruda, en Chile. “Palma Real” fue traducida al italiano y viene publicándose en varios países, después de las ediciones en España y Argentina. La más reciente, en 2016, apareció en Costa Rica. Se trata de una edición que cuenta con fotografías de Luciano Capelli).

 

 

 

   XXIV

 

Ni crece, ni se expande la selva.

Nunca se multiplica.

Nunca asciende la selva,

   vive

de imaginar el tiempo.

Todo el tiempo.

 

 

   XXIX

 

Hay que aprender a leer las hojas, las

nervaduras de las hojas, su canción de crujido,

su extendida memoria de ceniza.

Hay que aprender a leer las hojas, su cuaderno

de vuelos, sus colores disueltos, su libertad, sus

huesos diminutos en la danza, su vocación de ala,

de lengua, de canoa, de sexo de hembra.

 

Hay que aprender a leer las hojas, sus enjambres

ocultos, su textura, sus oleajes de seda, sus provisiones

de agua, su temblor y su reino de terrones deshechos

 

 

   XXX

 

La prueba de que dios existe,

es la selva

hecha a mano.

 

La prueba de que la mano existe,

es la selva.

 

La prueba de que la selva existe,

es la ausencia de dios.

 

 

   XXXVIII

 

Centellea, entre las mandíbulas del diablo, una brizna

   de hierba, señales del derrumbe.

 

Lo siento entre las vísceras con un ala de filos, silbos

   de sucumbir.

 

Ciego frente a la Palma Real, ignora que ella es muchas

   si abraza, corre, gira por la espuma del goce.

 

Hay un bosque quemado en el centro de mi juventud.

Son treinta mil esos sueños talados.

 

Quiero urgencia y memoria

cuando el horror enjuague su rostro en el follaje.

Que nadie ofenda al bosque.

 

Palma cortada es holocausto.

 

 

   XLV

 

El vuelo del halcón peregrino escribe un poema político.

Los arrecifes de coral –sumergidos fuegos de artificio-

escriben un poema político. Cuando el tucán arcoíris da

su mejor perfil, escribe un poema político. Las raíces del

cedro amargo reptan en la tierra esponjosa y escriben un

poema político. Las arribadas de tortugas lora escriben

un poema político. Una seiba de setenta metros cabecea en

la bruma y escribe un poema político. Entre sus fauces el

caimán hace un poema político. El sosiego de una mariposa

nocturna escribe un poema político.

 

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