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    El espejo intacto y nosotros rotos
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    El tiempo no espera a sus acompañantes

Poesón / Leopoldo Castilla

 

   Travesía de la luz

 

No se va intacta la luz.

 

Al cruzar la llovizna

pierde memoria,

la fe

       en los desiertos,

precisión en los jardines

y en la sombra intocable del agua

se desanima.

 

Se desvive en cristales

                             libélulas,

                              abejas,

                              espigas y luciérnagas.

Un tenue saque de deidades

en los sargazos

                         de la energía.

 

Y ahí se queda

                  de oro adolescente

                   embelesada

                             en el aire.

 

Diana dormida junto al lujo de su cacería.

 

Hasta que llega la oscuridad,

                               la madre invulnerable.

Y anula los imanes.

 

Hacia ella vuelve

malherida,

                 la luz

                      con las manos vacías.

 

 

 

   Neutrinos

 

Nos atraviesan.

No los detiene

la ofuscación del astro

ni los varía

la lenta insolencia del cometa.

 

Una lluvia interminable

en los predios

                      sin edad

                                 del espacio

que contiene estos sistemas

que no están donde creen

pues todo ocurre en un tiempo perdido.

 

Hilo por hilo unen

la materia

                 al vacío.

Y en esa trama eres otra línea de fuga.

 

Los neutrinos te sostienen aquí,

latente.

             Sólo un momento.

 

Para que el mundo pueda construirse

lo que existe

                    no debe saber que ya se ha ido.

 

 

 

   Alma

 

Qué puede hacer la ciencia

con esta neblina del más allá

que vive acorralada,

                                condolida.

 

Con esta lejanía

volando en una paloma

que no es una paloma

sino una carta secreta

que extravió la muerte.

 

Hasta el universo ignora de dónde vino.

Anda por ahí

                 pródiga y mendiga

llamando a su bandada

 

Es tanto

                 siendo nada.

Apenas unos pocos gramos

que solo pueden pesarse

cuando faltan.

 

Un día, callada, te abandona.

 

Y eres

          una palabra sola

                                     dentro de la carta.

 

 

 

   Luna

 

Esta isla eligió el aire.

 

Se llevó el camposanto del agua

-por eso no tiene sombra el mar-

se robó la niñez de las cordilleras

y un ojo de la noche.

 

Tan joven

                envejece.

 

Siempre en el último día.

Viaja

       en un espacio antiguo.

Ovula en las mujeres

delicados finales que caen

de los insomnes

claroscuros de la muerte.

 

Tanto adiós

                 dejando.

 

Al partir

se detiene

en una hora ensimismada.

 

Entonces,

igual que una vieja actriz

se inmola en su propia luz

como una orquídea

 

               y cambia la calavera.

 

(De “poesón (al universo)”, el suri porfiado ediciones, colección fuera de serie, Buenos Aires, 2016. Leopoldo Castilla nació en Salta, noroeste de Argentina, en 1947. En poesía, también en 2016 la colección Visor de Poesía, de España, publicó “Era el único planeta que cantaba”. Anteriormente, “Viento Caribe”, en Caracas, 2015; “Tiempos de Europa”, en Buenos Aires, 2014, en el suri porfiado; y “Gong (Canto al Asia)”, Buenos Aires, 2014. Obtuvo gran cantidad de reconocimientos, entre ellos el Primer Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes; el Rosa de Cobre a la Trayectoria, otorgado por la Biblioteca Nacional; el Primer Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora, que otorga el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, de Venezuela. Poemas suyos fueron traducidos al francés, inglés, italiano, portugués, ruso y sueco). 

 

 

   Principio de Incertidumbre

 

Por el Principio de Incertidumbre

es imposible determinar

a la vez

la posición y la velocidad de un objeto.

 

Un paradigma dudoso.

Así como el colibrí en vuelo

a cada instante

                     pierde un colibrí,

en un mismo acto

se elimina lo que aparece.

 

Somos

de segundo en segundo

un relámpago

y después otro

y ese espacio no vuelve.

 

Una sucesión de invisibles.

 

Vamos detrás de nuestra semejanza

tocándola apenas,

                                 como la nieve.

 

La unidad y el trayecto son ilusorios.

 

El principio sería acertado

si no hubieran medido

                                      la ausencia de los cuerpos.

 

 

   Duplicidad del átomo

 

Un átomo puede estar en dos partes

al mismo tiempo,

como el que agoniza lejos

                                     y vino a despedirse

o como yo estoy aquí

                                y en tu pensamiento.

 

Eres

un 99,9 por ciento de vacío.

El resto: la atribulada

y eficaz biología, sólo alcanza

para que seas una imagen.

(Por eso podemos proyectarnos).

 

Mira cómo entra y sale

por ti, como si nada,

                                    el agua,

cómo una palabra puede traspasarte.

 

Te supones completo

pero, como el mundo,

sólo estás entero en tus pedazos.

 

Sin embargo ese átomo

en los dos lugares

                                es único.

 

Puede que esté girando dentro tuyo.

Que seas en su órbita

un punto

por donde una vez

                                  pasas real

 

y después,

                 todo el tiempo,

                             pasas invisible.

 

 

   Estrella fugaz

 

Una mota de polvo raya la atmósfera

y el hombre

ve caer una estrella.

 

Un fenómeno producido

por la ionización del aire

y por el observador que padece

el don de la inmensidad.

 

También él, como esa partícula,

viajó por los cometas,

perdió masa,

brilló como nadie

y descendió,

               lleno de distancias,

                         sobre el planeta.

 

En el trayecto

curvó el espacio

con la sensación de su existencia,

y estuvo antes y después

en este mismo ser

que ahora pide un deseo.

 

            Para siempre, pide.

 

Y la estrella desaparece en él

                                                y él

                                                      en la tierra.

 

 

   Poesón

 

(De poesía y del griego “póiesis”, derivado “poeio”: crear.)

 

Hasta ahora se desconocía su existencia

como partícula elemental.

Es portadora de los códigos

de la totalidad a la singularidad.

Interviene en todas las dimensiones,

también se expresa en ondas,

multiplica los mundos

y revela lo invisible.

 

Aunque intangible, forma parte, como el neutrón,

 fotón o el protón, del universo.

Actúa provocando severas distorsiones

en las leyes físicas.

 

Por un símil fonético puede confundirse

con poison

                     (del inglés):

                                           veneno.

 

 

(Estos poemas fueron los elegidos por el autor para su lectura en la presentación de la obra, el martes 16 de agosto, en el Centro Cultural de la Cooperación, en Buenos Aires).

 

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