• @jex_javier
    El eclipse del lector es su imaginación
  • @isona_clarck
    Me gustan los lugares deshabitados por promesas sin salida
  • @EvaLopez_M
    La de cosas que pasan sin que ocurran
  • @hipst_eria
    No es lo que escribes, es lo que borras
  • @JacGoldberg
    El horror salivea en nuestra nuca
  • @Sofia_Insomnia
    Los herejes tenemos que organizarnos
  • @Sinsintidez
    A los tristes los delata la música
  • @yonosoycarmen
    Irse por fuera, quedarse por dentro, esa complicación
  • @NaEnEspiral
    Aquí, donde venimos a disfrazar epitafios con el traje de postal
  • @_soloB
    Yo he dormido lo insuficiente como para no tener pesadillas despierta
  • @tearsinrain_
    No te asustes, solo es otro futuro mas
  • @arbolador
    Algún día se perdonarán haberse conocido

Ingrid Valencia

 

   Patriagrande

 

En la montaña,
en la sangre de un pájaro
y en el dios del sol:

la patria grande,
la medusa
en el ácido vitriólico.

El galope
de un caballo blanco
trae el tabaco lunar
de una mordida.

La red del pescador
escupe escamas.

Los ventanales
rompen el aire:

son los puños
de la tierra en su flor.

es el rayo visto
por las ruinas.

es el tejido del óleo
que carcome los huesos.

es la sal de quien habita
un país, un navío anclado

a los sermones del brillo
del amanecer.



   Madretierra

 

Detrás de ti corrieron los hombres
con su revolución de hambruna,

en busca de otra cuerda que anudara
el lenguaje de los ciegos.

Te fuiste despacio de la miel oscura
de la boca entreabierta,

de lo imbécil que es creer en lo distinto.

 

   Amantes


En el idilio ellos
dilatan
la pesada mañana
libidinosa
la miel de las avispas
ya bélica
ya ansiada
moja
esos labios-dedos
obscenos
fugaces.

 

 

   Cosmódromo

 

Pasa por la mirada un tren interminable,
va dentro el ojo de la abuela con su huerto de vidrio,
van dentro las bocas de mi madre con su jardín cerrado,
van las cajas de cartón más preciadas y todo huele
a fruta seca, a naftalina, a pliegues de lino al sol.
La lumbre se come con insistencia, se cuelga de los labios.
La tristeza es confusión porque soy vaho y sorbo,
Sí, sorbo las cajas llenas de gente y balcones
y escupo mi nombre cada abril para hablar con un muerto,
uno que cae de pie apenas pregunto cómo sería.
Sí, cómo sería su mano ahora que es un objeto,
cómo sería el agua entre peces que flotan en casa,
cómo sería su lengua ya eléctrica con sillas de ruedas,
con sillas que se hinchan ya iluminadas, ya sin nadie,
ya de madera crecida en el bosque de los ojos.

 

 

   Me despedí de la guerra

 

Me despedí de la guerra
que abría el baúl de lo lejano.

Dejé la espera al centro
de un estadio inundado con plantas.

Las vi crecer tan alto
que me olvidé de los demás.

Mientras me hacía pequeño
aprendí a contar las horas

con una espiga entre los dientes.

 

 

   Acústica



Las minas estallan
donde el veneno
es palabra pendiente.

La puerta de mi país
es una lengua muerta.

Evado el asco
y oculto el surco bajo la hierba
de la mirada.

A salvo de la voz
la noche es un muro
alterado por la acústica

de mis pasos.


(Ingrid Valencia nació en Ciudad de México, en 1983. En 2016 obtuvo el premio "Pilar Fernández Labrador", que otorgan instituciones de Salamanca, España, por su obra "Oscúrame". Valencia recibirá el premio -que comprende la publicación de la obra- en octubre, junto con el otro poeta galardonado, el español José Pulido Navas. Publicó, anteriormente, "La inacabable sombra", en 2008; "De Nebra", 2013; "One Ticket", con traducción al francés por Odelin Salmeron, 2015; "Taxidermia", 2015; "Un círculo en otro sol", con traducción al inglés por Don Cellini, 2016. "Diez y nota", publicación de 2010 de la Secretaría de Cultura de Jalisco, compiló parte de su obra. También "Anuario de poesía mexicana 2006", del Fondo de Cultura Económica. Fue directora del periódico cultural "La Manzana, arte & psique", de 2005 a 2010, y colaboró en varias publicaciones).

 



   La vida artificial

                                          Una lámpara. Un vaso. Una botella
                                                sin más utilidad ni pertenencia
                                      que estar allí, que dar a la conciencia
                                      un soporte casual. Mas no la huella...
                                                                      Severo Sarduy

 

Avanza el polvo
Mejor sería confundir la piedra con un llanto
creer que esa casa conservará las palabras, los silencios, cada
golpe y herida
Sólo las sombras se dispersan

Una casa es una casa cuando susurra cada objeto, cuando canta
una luz
cuando alguien muere al salir de ella o en ella
Una casa es un vacío que ha de llenarse de pretextos

Ahora no hay lugar que alcance
otras miradas se han estacionado en el aire
El asco carcome
lento
a pasos intermitentes

El suero gotea
los peces respiran
mi madre respira
La vida recorre angostos túneles de transparencia artificial
Nadie quiere entender que la piel es más veloz que la calle
Avanza el polvo. Avanzo.

 


   La mortebianca

La noche de ojos suaves
arranca de un sueño la colmena
donde arde el frío.

Conozco el temblor de lo único y frágil
ese extravío cotidiano
de exhalar la vida
en cada fracción de muerte.

Estoy sola con todo el blanco posible.

 


   Los árboles se tuercen

Los árboles se tuercen
bajo el cielo
intolerable, lluvioso.

Era el tiempo el que crecía.
Era de noche, era hoy.
Era este día el más largo.

El que llega con sus guantes
de látex, de transparencia.

Invertí en azoteas,
en playas y ciudades:

en un pasillo
que se prolonga.

Sólo encuentro
las jeringas gastadas
de los años en un bote,

en el quirófano,
en la higiene,
en el olor a fármacos,

en la carne que reclama
un sitio para urgir la rehabilitación.
Era el agua que golpeaba el rostro.
Era la enfermedad.
Era asombro.

 

   Abrirse paso

Caminar y dejarse caer como un asesino en el asfalto,
en la reja que hilvana los minutos.
Salir corriendo por un césped rojo lleno de espinas,
de pétalos púrpura.

Contar la historia de la epilepsia nocturna
que inflama la boca con su cosmos de aluminio.
Salir ileso de los gritos, de los espejos que me agrandan.

Las manos sujetan las flores muertas del insomnio.

 


   La noche de todos

Son nuestras las palabras
que abandonamos,
nuestros los astros
que nos acercan
al lodo, a la cruz, al círculo,
a la cadena de humanos
que gritan y cantan.
Son los senderos de ayer,
los de mañana,
las hojas de los árboles,
el viento, las bocas, la rueda,
la silla, la escalera,
el columpio y los ojos.
Son nuestros los lenguajes
que olvidamos, los entierros.
Así vamos llenos de objetos,
de costuras, de manos prestadas
hacia el último día,
la noche de todos.

 

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