• @cenizalunatica
    La luna borra su forma y yo sigo buscando semejanzas
  • @karlisjar
    El viento es una armónica de mil tonos
  • @Suspiro_DeLuna
    Magia es que te sostengan unos brazos que jamás te han tocado
  • @Tu_Funamiento
    Me busqué en otras personas y en todas te encontré
  • @Innestesia
    Viajo por si me encuentro
  • @fumivora
    Aparento más mariposas de las que tengo
  • @letrasdemorado
    Ya no hacen el pasado como antes
  • @itzarbepoesia
    He guardado bajo mis párpados caminos de agua por los que volver al hogar de tu recuerdo
  • @AlejandroLanus
    Juego como un niño que no sabe morir
  • @leonbenIarregui
    Cada vez más insomnes y menos soñadores
  • @vforte
    la tristeza es la rabia parada bajo la lluvia
  • @Yennifercc
    El que vive a solas con la poesía anda descalzo porque no cree en las heridas

País de tormentos y amapolas

 

   GUILLERMO BIANCHI

 

    Ni un paso atrás

 

vienen los expulsados de los diarios

los matados en vida

los dueños del dolor

los tabicados

     quieren mover los ojos

piden papel y lápiz

nombrar maravillados los objetos

    tiemblan con todo el cuerpo

    brillan por todas partes

quieren decir

quieren alzar los brazos

vienen a derribar las soledades

    vienen a repetir

    cuatro palabras.

 

(De “La luz de los vencidos”, Colección Poesía de Enigma Editores, Buenos Aires, 2012. Guillermo Bianchi nació en Buenos Aires, en 1970. Esta obra fue finalista del Premio Internacional de Poesía Olga Orozco, organizado por la Universidad Nacional de San Martín, provincia de Buenos Aires, y cuyo jurado integraron los poetas Juan Gelman, Jorge Boccanera, Antonio Gamoneda y Gonzalo Rojas. Bianchi obtuvo otros reconocimientos, como el premio Azahar de Plata, primer concurso de poesía inédita organizado por la Sociedad Argentina de Escritores y la Societá Dante Alighieri de la Provincia de Tucumán, norte de Argentina).

 

    LAURA KLEIN

 

   (un tropezón, un corazón…)

 

un tropezón, un corazón, una caída

y no hay

la forma de ser inteligente o

los ojos a través de la neblina

 

se cayó el país

cuando los bellos bailarines se cubrían

la carne, los muslos, el vientre

 

apenas una mujer cantaba se cubrían

 

esperanza y grela

los gestos del carbón qué torpes

 

-no habn de ser manías, que cientos

hayan dado un paso atrás, jurando

con palabras de roca

y hule, frotadas sin pudor,

más cerradas que un puño-

 

dentro del miedo un gigante hablaba

 

se cayó el país

el bolo flojo

 

lejos del azar cayó el país

el todo cojo

 

a blando paso de hombre va la muerte.

 

(De “A mano alzada”, Libros de Tierra Firme, Colección de Poesía Todos Bailan, Buenos Aires, 1986. Laura Klein nació en Buenos Aires, en 1958. Comenzó a publicar poesía en 1980, en antologías, entre ellas “Antología de la nueva poesía argentina”. Licenciada en Filosofía en la Universidad de Buenos Aires, es también ensayista).

 

    SANDRA CARLI

 

   Ensayos argentinos

 

acostumbrarse al sobresalto

mutilación o ganancia

en crónicas de décadas que repiten

una errática travesía

primaveras memorables

o abruptos bajos fondos

de oscura profundidad

caen por allí los cuerpos

a veces se redimen

en generaciones posteriores

y otras

mueren al nacer

mientras

sutil

el pensamiento

hila un sentido

que nos mantenga en el tiempo

 

    Imágenes

 

la palabra genocidio

se mastica

se expone al sol

con sus pertenencias raídas

saqueadas

me viste la escritura de pesares

recuerda

los nombres que esconde

con el gesto omnipotente

de aquel que arrasa

sin preguntar

saca de cuajo   raíz

velada la foto

no promete

la imagen de una vida

desplegada

como papel barrilete

 

(De “Viento Amarillo”, colección César Vallejo, editorial La Bohemia, Buenos Aires, 2004. Sandra Carli nació en Buenos Aires, en 1962. Es docente e investigadora de la Universidad de Buenos Aires).

 

   MIGUEL GAYA

 

   Campo de Mayo

 

Todos los muertos de pie

uno junto al otro

en la bruma de la mañana

entre el verde de los pajonales

inclinados de rocío

Son ellos

Los hermanos

las novias

los que fuimos

entre los jirones de la niebla

y la humedad

de la mañana

Perfilándonos

todos

De pie

Sin desamparo

Sin futuro

Sin tiempo

 

Mis muertos

 

Quietos

Constantes

A 30 kilómetros de mi dormitorio

mis libros

del vino

y del aceite

y la mesa donde tomo el café

A treinta kilómetros de la casa que habito

con ellos

 

tatuados en mí

 

Insepultos

en el aire

que respiro

 

Los silenciosos

Los sin queja

Los queridos

En la niebla restallan

sus pelos largos

Se agitan sus blusas

sus pantalones anchos

sus ojos como carbones

de la mañana

 

Ellos los hermosos

Los que aguantan de pie

la muerte

los que agigantan

la vida

que tengo

 

Uno tras otro

Y son miles

Y puedo

Tocar sus rostros

Tocar sus muertes

En sueños

En el pasado

En los días que ruedan

sin ellos

 

Allí están

como estandartes

como dólmenes

como lugar quieto

en la memoria

del día

 

Con sus nombres

Sus alias

Sus hijos

que no vinieron

Sus días

que no fueron.

Su camino

que no he recorrido

 

Y sin embargo

camino con ellos

 

Soy ellos

en la sombra

dudosa

del amanecer

 

Figuras en la niebla

mojadas

por mis lágrimas

 

(De “El alma y otros lugares”, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2012. Miguel Gaya nació en Ayacucho, provincia de Buenos Aires, en 1953. En poesía publicó “La vida secreta de los escarabajos de la playa”, “Levanta contra el viento la cabeza oscura”, “Colección Robin Hood”, “Siluetas en la corriente del río”, “Los poetas salvajes”, “Lo efímero y otros poemas inestables” y “Mediterráneo”. Poemas suyos fueron incluidos en varias antologías. Es también novelista).

 

 

   JOAQUÍN GIANNUZZI

 

   La paz del torturador

 

El torturador está cenando

con su sagrada familia.

Todo parece andar bien en este pequeño mundo.

Él está satisfecho con su trabajo

tan gratificante

que con 220 voltios es capaz de hacer maravillas

como arrancar de raíz

el más recóndito secreto de Dios.

La esposa no tiene por qué saber nada

acerca de estos asuntos

que por otra parte no le servirían

para hacer una buena sopa.

Sus dos hijitos admiran a papá

por su generosa manera

de llenar el mundo a su alrededor.

Cuando llega de la calle

el perro mueve felizmente la cola

y a los dos les da lo mismo

cualquier sistema social.

 

 

   La razzia

 

Una vez más el golpe de estado

lo puso contra una pared,

los brazos en alto y le abrieron las piernas

lo palparon de armas

a empujones lo subieron a un camión azul

donde había otros amontonados en la oscuridad.

El mundo más o menos explicable desapareció

el camión arrancó

cruzó espacio y tiempo desconocidos

hasta llegar a un lugar sin nombre

donde los descargaron a palos

así que ingresaron a un sitio cuadrado

entre paredes ciegas

allí quedaron tendidos y pisoteados

por figuras negras que vociferaban

como si quedara poco tiempo para todo

hasta que sonaron repetidas descargas de metralla

así que murió sin saber

hasta dónde podría haber soportado todo eso.

 

 

   Bíblica

 

En un rincón oscuro de la plaza

los amantes habían creado para sí

un edén personal

hasta que llegó la policía con linternas

y quedaron paralizados en la mira de las pistolas.

Esta historia no tendrá fin: el deseo

que nace como una flor y es cortado

en mitad de su consumación

el crimen del mundo que expulsa a los amantes del paraíso.

Acusados, el código penal en la mano de los otros,

el índice enguantado, señalando

y degradando el conocimiento original.

 

(De "Un arte callado”, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2008. Joaquín Giannuzzi nació en 1924 en Buenos Aires, y murió en 2004 en Salta, noroeste argentino. Obras poéticas publicadas: "Nuestros días mortales" (1958), "Contemporáneo del mundo" (1962), "Las condiciones de la época" (1967), "Señales de una causa personal" (1977), "Principios de incertidumbre" (1980), "Violín obligado" (1984), "Cabeza final" (1991), "Apuestas en lo oscuro" (2000), "¿Hay alguien ahí?" (2003). En 2000 se publicó "Obra poética", que reunió todos sus libros hasta entonces. "Un arte callado" es una edición póstuma que incluye material inédito).

 

 

   EDGAR BAYLEY

 

   Creo en mi país

 

mi país lleno de flujo de silencio y absurdo

mi país de horror de cautela de miedo por mitades

mi país en que todo fracasa y se deslíe

mi país imposible sin canto sin deseo

mi país quemante muerto

mi país de nada nada

mi país de tormentos y amapolas

de asesinos bufones y monstruos desvelados

 

¿de este puro gritar de este verano insomne

de esta sombra en que nada adquiere algún sentido

de este asco de este horror de esta madera

saldrá por fin la luz que encienda nuestra calle

la estrella que nos guíe

la estancia clara y la memoria en llamas?

 

saldrá por fin la luz que encienda nuestra calle

la estrella que nos guíe

la estancia clara

y la memoria en llamas

 

(De "Obras" de Edgar Bayley -Buenos Aires, 1919-1990-, Grijalbo Mondadori, Buenos Aires, 1999. Este libro cuenta con presentación de Francisco Madariaga y prólogo de Rodolfo Alonso. Asimismo, ofrece una revisión y estudio preliminar de la obra de Bayley a cargo de Daniel Freidemberg. Incluye "En común" (1944-1949), "La vigilia y el viaje" (1949-1955), "Ni razón ni palabra" (1955-1960), "El día" (1960-1963), "Celebraciones" (1968-1976), "Nuevos poemas" (1977-1981), "Alguien llama" (1981-1983), "Algunos poemas más" (1984-1990), "Otros poemas", "Poemas inéditos", "Vida y memoria del doctor Pi", "Otras historias". También las piezas teatrales "Burla de primavera", "Farsa de Isopete y el sastre" y "Dulioto -en cinco momentos-", y una serie de ensayos, reflexiones y relatos. También tres poemas en honor a Bayley, uno de Enrique Molina y dos de Francisco Madariaga).

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