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    Amar es ser verbo en todos los tiempos
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    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
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  • @z_zyanya88
    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Borges: absuelto de las máscaras

 

   Ceniza

 

Una pieza de hotel, igual a todas.

La hora sin metáfora, la siesta

que nos disgrega y pierde. La frescura

del agua elemental en la garganta.

La niebla tenuemente luminosa

que circunda a los ciegos, noche y día.

La dirección de quien acaso ha muerto.

La dispersión del sueño y de los sueños.

A nuestros pies un vago Rhin o Ródano.

Un malestar que ya se fue. Esas cosas

demasiado inconspicuas para el verso.

 

 

   Son los ríos

 

Somos el tiempo. Somos la famosa

parábola de Heráclito el Oscuro.

Somos el agua, no el diamante duro,

lo que se pierde, no la que reposa.

Somos el río y somos aquel griego

que se mira en el río. Su reflejo

cambia en el agua del cambiante espejo,

en el cristal que cambia como el fuego.

Somos el vano río prefijado,

rumbo a su mar. La sombra lo ha cercado.

Todo nos dijo adiós, todo se aleja.

La memoria no acuña su moneda.

Y sin embargo hay algo que se queda

y sin embargo hay algo que se queja.

 

 

   Piedras y Chile *

 

Por aquí habré pasado tantas veces.

No puedo recordarlas. Más lejana

que el Ganges me parece la mañana

o la tarde en que fueron. Los reveses

de la suerte no cuentan. Ya son parte

de esa dócil arcilla, mi pasado,

que borra el tiempo o que maneja el arte

y que ningún augur ha descifrado.

Tal vez en la tiniebla hubo una espada,

acaso hubo una rosa. Entretejidas

sombras las guardan hoy en sus guaridas.

Sólo me queda la ceniza. Nada.

Absuelto de las máscaras que he sido,

seré en la muerte mi total olvido.

 

*Piedras y Chile es una intersección del barrio de San Telmo de la Ciudad de Buenos Aires.

 

 

   Los justos

 

Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.

El que agradece que en la tierra haya música.

El que descubre con placer una etimología.

Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.

El ceramista que premedita un color y una forma.

El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.

Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.

El que acaricia a un animal dormido.

El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.

El que agradece que en la tierra haya Stevenson

El que prefiere que los otros tengan razón.

Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

 

 

   El sueño

 

La noche nos impone su tarea

mágica. Destejer el universo,

las ramificaciones infinitas

de efectos y de causas, que se pierden

en ese vértigo sin fondo, el tiempo.

La noche quiere que esta noche olvides

tu nombre, tus mayores y tu sangre,

cada palabra humana y cada lágrima,

lo que pudo enseñarte la vigilia,

el ilusorio punto de los geómetras,

la línea, el plano, el cubo, la pirámide,

el cilindro, la esfera, el mar, las olas,

tu mejilla en la almohada, la frescura

de la sábana nueva, los jardines,

los imperios, los Césares y Shakespeare

y lo que es más difícil, lo que amas.

Curiosamente, una pastilla puede

borrar el cosmos y erigir el caos.

 

 

   Arte poética

 

Mirar el río hecho de tiempo y agua

y recordar que el tiempo es otro río,

saber que nos perdemos como el río

y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño

que sueña no soñar y que la muerte

que teme nuestra carne es esa muerte

de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo

de los días del hombre y de sus años,

convertir el ultraje de los años

en una música, un rumor y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso

un triste oro, tal es la poesía

que es inmortal y pobre. La poesía

vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara

nos mira desde el fondo de un espejo;

el arte debe ser como ese espejo

que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,

lloró de amor al divisar su Itaca

verde y humilde. El arte es esa Itaca

de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable

que pasa y queda y es cristal de un mismo

Heráclito inconstante, que es el mismo

y es otro, como el río interminable.

 

(De "Obra Poética", Sudamericana, Buenos Aires, 2011. Este libro comprende las obras "Fervor de Buenos Aires", "Luna de enfrente", "Cuaderno San Martín", "El hacedor", "El otro, el mismo", "Para las seis cuerdas", "Elogio de la sombra", "El oro de los tigres", "La rosa profunda", "La moneda de hierro", "Historia de la noche", "La cifra" y "Los conjurados". Jorge Luis Borges nació en 1899 en Buenos Aires y murió en 1986 en Ginebra, Suiza. Al conjunto de la obra, que incluye ensayos y cuentos, se atribuye su trascendencia universal. Infinidad de escritores se declararon influidos por Borges, y los críticos extienden la lista con muchos otros que no lo enunciaron expresamente. Fue distinguido con gran cantidad de títulos académicos. Entre numerosos premios, se pueden mencionar el Internacional de Literatura, que compartió con Samuel Beckett en 1961. En 1980 recibió el premio Cervantes, junto con Gerardo Diego. Escritores, críticos y académicos esperaron durante años que recibiera el Nobel de Literatura, pero ello no ocurrió. Se presume que sus definiciones políticas, fuertemente contrarias a movimientos populares, como el Peronismo en Argentina, y el respaldo a dictaduras cívico-militares genocidas, fueron un obstáculo para que se le adjudicara el Nobel. Borges quedó ciego cuando tenía 55 años).

 

 

 

 

 

   La luna

 

             A María Kodama

 

Hay tanta soledad en ese oro.

La luna de las noches no es la luna

que vio el primer Adán. Los largos siglos

de la vigilia humana la han colmado

de antiguo llanto. Mírala. Es tu espejo.

 

 

   De que nada se sabe

 

La luna ignora que es tranquila y clara

y ni siquiera sabe que es la luna;

la arena, que es la arena. No habrá una

cosa que sepa que su forma es rara.

Las piezas de marfil son tan ajenas

al abstracto ajedrez como la mano

que las rige. Quizá el destino humano

de breves dichas y de largas penas

es instrumento de Otro. Lo ignoramos;

darle nombre de Dios no nos ayuda.

Vanos también son el temor, la duda

y la trunca plegaria que iniciamos.

¿Qué arco habrá arrojado esta saeta

que soy? ¿Qué cumbre puede ser la meta?

 

 

   Edgar Allan Poe

 

Pompas del mármol, negra anatomía

que ultrajan los gusanos sepulcrales,

del triunfo de la muerte los glaciales

símbolos congregó. No los temía.

Temía la otra sombra, la amorosa,

las comunes venturas de la gente;

no lo cegó el metal resplandeciente

ni el mármol sepulcral sino la rosa.

Como del otro lado del espejo

se entregó solitario a su complejo

destino de inventor de pesadillas.

Quizá, del otro lado de la muerte,

siga erigiendo solitario y fuerte

espléndidas y atroces maravillas.

 

 

   Los enigmas

 

Yo que soy el que ahora está cantando

seré mañana el misterioso, el muerto,

el morador de un mágico y desierto

orbe sin antes ni después ni cuándo.

Así afirma la mística. Me creo

indigno del Infierno o de la Gloria,

pero nada prodigo. Nuestra historia

cambia como las formas de Proteo.

¿Qué errante laberinto, qué blancura

ciega de resplandor será mi suerte,

cuando me entregue el fin de esta aventura

la curiosa experiencia de la muerte?

Quiero beber su cristalino Olvido,

ser para siempre; pero no haber sido.

 

 

   Buenos Aires

 

Y la ciudad, ahora, es como un plano

de mis humillaciones y fracasos;

desde esa puerta he visto los ocasos

y ante ese mármol he aguardado en vano.

Aquí el incierto ayer y el hoy distinto

me han deparado los comunes casos

de toda suerte humana; aquí mis pasos

urden su incalculable laberinto.

Aquí la tarde cenicienta espera

el fruto que le debe la mañana;

aquí mi sombra en la no menos vana

sombra final se perderá, ligera.

No nos une el amor sino el espanto;

será por eso que la quiero tanto.

 

(Los poemas "Los enigmas" y "Buenos Aires", entre otros, fueron musicalizados por el compositor argentino Pedro Aznar. Él músico, quien es también poeta, presentó esa obra en el Teatro Colón de Buenos Aires, el 24 de agosto de 1999, junto con varios artistas, como el grupo A.N.I.M.A.L., Víctor Heredia, Lito Vitale, Rubén Juárez y Mercedes Sosa).

 

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