• @dianalefaz
    Son tantas las veces que no estamos aquí, donde pisamos
  • @Anadimeana
    Mi próxima línea viene con raíces de rosa del viento
  • @Xhuvia922:22
    Los sauces llorones mojan lo que resta de tu sombra
  • @LaPetit10
    El miedo es la distancia más larga
  • @cochambrossa
    Un corazón donde la nostalgia acomode su ingravidez
  • @Genrus
    Nada como el asedio de lo irreparable para mantener el corazón encendido y las velas desplegadas
  • @largabreve
    Todo el amor es una breve esperanza, una contención indebida, enajenadora
  • @SimoneBella7
    No tardes que el silencio arrecia, hoy solo basta con que insinúes un suspiro para volverme agua
  • @ReneValdesM
    La poesía saca lo mejor que no tenemos
  • @_Annai_
    Un don es una sombra liberada
  • @___Sputnik___
    Nadie verá el estante vacío
  • @entiyparati
    Poner el alma a las palabras y que respires de ellas

Ama, apresúrate (Jaime Sabines)

 

   Horal

 

El mar se mide por olas,

el cielo por alas,

nosotros por lágrimas.

 

El aire descansa en las hojas,

el agua en los ojos,

nosotros en nada.

 

Parece que sales y soles,

nosotros y nada…

 

--

 

SITIO DE AMOR, lugar en que he vivido

de lejos, tú, ignorada,

amada que he callado, mirada que no he visto,

mentira que me dije y no he creído:

 

en esta hora en que los dos, sin ambos,

a llanto y odio y muerte nos quisimos,

estoy, no sé si estoy, ¡si yo estuviera!,

queriéndote, llorándome, perdido.

 

     (Ésta es la última vez que yo te quiero.

     En serio te lo digo.)

 

Cosas que no conozco, que no he aprendido,

contigo, ahora, aquí, las he aprendido.

 

En ti creció mi corazón.

En ti mi angustia se hizo.

Amada, lugar en que descanso,

silencio en que me aflijo.

 

     (Cuando miro tus ojos

     pienso en un hijo.)

 

Hay horas, horas, horas, en que estás tan ausente

que todo te lo digo.

 

Tu corazón a flor de piel, tus manos,

tu sonrisa perdida alrededor de un grito,

ese tu corazón de nuevo, tan pobre, tan sencillo,

y ese tu andar buscándome por donde yo no he ido:

 

todo eso que tú haces y no haces a veces

es como para estarse peleando contigo.

 

Niña de los espantos, mi corazón caído,

ya ves, amada, niña, qué cosas dijo.

 

 

   Del corazón del hombre

 

He mirado a estas horas muchas cosas sobre la tierra

y sólo me ha dolido el corazón del hombre.

Sueña y no descansa.

No tiene casa sobre el mundo.

Es solo.

Se apoya en Dios o cae sobre la muerte

pero no descansa.

 

El corazón del hombre sueña

y anda solo en la tierra

a lo largo de los días, perpetuamente.

 

Es una mala jugada.

 

 

   De la ilusión

 

Escribiste en la tabla de mi corazón:

desea.

Y yo anduve días y días

loco y aromado y triste.

 

 

   Del adiós

 

No se dice.

Acude a nuestros ojos,

a nuestras manos, tiembla, se resiste.

Dices que esperas –te esperas- desde entonces,

y sabes que el adiós es inútil y triste.

 

 

--

 

 

ANDO BUSCANDO A UN HOMBRE que se parezca a mí

para darle mi nombre, mi mujer y mi hijo,

mis libros y mis deudas.

Ando buscando a quién regalarle mi alma,

mi destino, mi muerte.

 

¡Con qué gusto lo haría,

con qué ternura me dejaría en sus manos!

 

--

 

 

SI SOBREVIVES, si persistes, canta,

sueña, emborráchate.

Es el tiempo del frío: ama,

apresúrate. El viento de las horas

barre las calles, los caminos.

Los árboles esperan: tú no esperes,

éste es el tiempo de vivir, el único.

 

 

--

 

 

DIGO QUE NO PUEDE DECIRSE EL AMOR.

El amor se come como un pan,

se muerde como un labio,

se bebe como un manantial.

El amor se llora como a un muerto,

se goza como un disfraz.

El amor duele como un callo,

aturde como un panal,

y es sabroso como la uva de cera

y como la vida es mortal.

 

El amor no se dice con nada,

ni con palabras ni con callar.

Trata de decirlo el aire

y lo está ensayando el mar.

Pero el amante lo tiene prendido,

untado en la sangre lunar,

y el amor es igual que una brasa

y una espiga de sal.

 

La mano de un manco lo puede tocar,

la lengua de un mudo, los ojos de un ciego,

decir y mirar.

El amor no tiene remedio

y sólo quiere jugar.

 

(De “Tarumba y otros poemas, antología”, con selección y prólogo de Eduardo Langagne, colección El Viento de los Locos, Cooperativa de Trabajo Editora Patria Grande, Buenos Aires, 2015. Jaime Sabines nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en 1926, y murió en Ciudad de México, en 1999. Estudió filosofía y letras. Recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes, el Nacional de Literatura y el Xavier Villaurrutia de Poesía, entre otros reconocimientos. Algunas de sus obras: "Heral" -la primera, publicada a la edad de 23 años-; "La señal", "Adán y Eva", "Tarumba", "Poemas sueltos", "Yuria", "Tlatelolco", "Maltiempo", "Algo sobre la muerte del mayor Sabines", "Otros poemas sueltos", "Los amorosos: cartas a Chepita". El director Claudio Isaac realizó un documental sobre su vida y obra, titulado “Algo sobre Jaime Sabines”. El poema “Los amorosos”, ya publicado en www.lapoesiaalcanza.com.ar e incluido en “Tarumba y otros poemas, antología”, fue la base para una serie de televisión que llevó ese mismo nombre. El mismo poema fue llevado a la música por Alejandro Filio y Pedro Aznar. En el prólogo de esta edición, Langagne sostiene que con Sabines “se conquistaron nuevas regiones de lo indecible”).

 

 

 

Oigo palomas en el tejado del vecino.

Tú ves el sol.

El agua amanece,

y todo es raro como estas palabras.

¿Para qué te ha de entender nadie, Tarumba?,

¿para qué alumbrarte con lo que dices

como con una hoguera?

Quema tus huesos y caliéntate.

Ponte a secar, ahora, al sol y al viento.

 

 

--

 

 

Estos días, iguales a otros días de otros años,

con gentes iguales a otras gentes,

con las mismas horas y los mismos muertos,

con los mismos deseos,

con inquietud igual a la de antes;

estos días, Tarumba, te abren los ojos,

el viento largo y fino te levanta.

No pasa nada, ni estás solo.

Pasa tú con el frío desvelado

y pasas otra vez. No sabes dónde,

a dónde, para qué.

Oyes recetas de cocina,

voceadores, maullidos.

¡Fiestas de la barriga, navidad, año nuevo,

qué alegres estamos,

qué buenos somos!

Tú, Tarumba, te pones tus alas de ángel

y yo toco el violín.

Y el viejo mundo aplaude con las uñas

y derrama una lágrima, y sonríe.

 

 

 

 

   De “Algo sobre la muerte del mayor Sabines”

   Primera parte

 

   I

 

Déjame reposar,

aflojar los músculos del corazón

y poner a dormitar el alma

para poder hablar,

para poder recordar estos días,

los más largos del tiempo.

 

Convalecemos de la angustia apenas

y estamos débiles, asustadizos,

despertando dos o tres veces de nuestro escaso sueño

para verte en la noche y saber que respiras.

Necesitamos despertar para estar más despiertos

en esta pesadilla llena de gentes y de ruidos.

 

Tú eres el tronco invulnerable y nosotros las ramas,

por eso es que este hachazo nos sacude.

Nunca frente a tu muerte nos paramos

a pensar en la muerte,

ni te hemos visto nunca sino como la fuerza y la alegría.

No lo sabemos bien, pero de pronto llega

un incesante aviso,

una escapada espada de la boca de Dios

que cae y cae y cae lentamente.

Y he aquí que temblamos de miedo,

que nos ahoga el llanto contenido,

que nos aprieta la garganta el miedo.

Nos echamos a andar y no paramos

de andar jamás, después de medianoche,

en ese pasillo del sanatorio silencioso

donde hay una enfermera despierta de ángel.

Esperar que murieras era morir despacio,

estar goteando del tubo de la muerte,

morir poco, a pedazos.

 

No ha habido hora más larga que cuando no dormías,

ni túnel más espeso de horror y de miseria

que el que llenaban tus lamentos,

tu pobre cuerpo herido.

 

 

 

   VII

 

Madre generosa

de todos los muertos,

madre tierra, madre,

vagina del frío,

brazos de intemperie,

regazo del viento,

nido de la noche,

madre de la muerte,

recógelo, abrígalo,

desnúdalo, tómalo,

guárdalo, acábalo.

 

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