• @nimarlu
    De tristezas que no dejan costura por reventar y de otros amores impensables
  • @L0laM0ra
    Suelen anidar las ilusiones en la tímida noche buscando la última estrella
  • @monarcamanni
    Lo que nos rompa primero: el olvido o una canción
  • @Anadimeana
    Algunos inundan puentes y ventanas, otros llueven estrellas: cada palabra con su mano vuela
  • @xhuvia922
    Las esponjas del mar borran el horizonte
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  • @BlueDement_
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  • @RecMaria
    El tiempo matará lo que no defiendas
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Carlos Aganzo

El madrileño Carlos Aganzo es el último ganador del Premio Ciudad de Salamanca de Poesía, por su libro “En la Región de Nod”. El poeta Alfredo Pérez Alencart, profesor de la Universidad de Salamanca y coordinador de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos, que este año celebra su XVIII edición, envió una selección de poemas de este poeta y periodista español que en 2012 recibió el Premio Nacional de las Letras Teresa de Ávila.

  

   Finalidad del alma

 

Recuerdo una frase bella indefinida

como un beso viejo

que ha perdido el olor aunque mantiene

temblor sin superficie.

 

Recuerdo un rostro amado en la distancia

como el polvo seco

que ha dejado una hoja del otoño

antes de ser aire.

 

Recuerdo tu ausencia

como un dolor de manos;

una oración que dice:

“La finalidad del alma es el deseo”.

Y después, el silencio.

(De “Manantiales”, 2002)

 

 

    Poema II

 

 Más te podan, negrillo,

 más vida nos das en primavera

 y sombra en el verano.

 Así, como tú, los hombres buenos:

 la raíz bien en tierra,

 la copa llena de pájaros

 y las ramas dispuestas a dar cobijo siempre

 a aquel que lo necesita.

 Y frente al leñador, el tronco firme.

 (De “Como si yo existiera”, 2004)

 

 

    Un hombre solo

 

Dime dónde están ahora

aquellos que gritaban

mi nombre entre las palmas.

Dónde cuando el dolor

de la traición y el engaño

se fue llagando en mi frente

como corona de espinas.

Cómo es que dejaron sola

a mi madre, al amigo

para mí más querido,

aquel que reposaba ayer sobre mi pecho

con dulzura de ángel

y hoy va deshabitado,

apartando a su paso calaveras

en este oscuro Gólgota

                        de los desengañados...

 

¿Cómo has podido, padre,

dejarme aquí tan solo,

oyendo únicamente la voz de los soldados

que se juegan mi túnica,

y ese sordo lamento

de los que esperan la muerte

sin remisión posible?

¿Por qué si me trajiste

aquí como el heraldo

más alto de tu templo?

¿Por qué si tuve entera

Jerusalén a mis plantas,

si me amaban los niños,

si tenía la dulce sonrisa de María

envuelta en la pomada

que alivia las tristezas del camino;

si hubo doce leales

que partieron conmigo

el pan de la concordia?

¿Por qué este aliento amargo

de hiel que hay en mi boca

rota de ángel caído?

 

Tanto dolor de Dios

para un hombre tan solo.

(De “Caídos ángeles”, 2008)

 

 

    Coherencia

 

 ¿Debe un hombre que dice

 ser fiel a la causa de su patria

 empuñar el fusil, subir al monte,

 y activar explosivos

 bajo los coches de los generales?

 ¿O acudir al trabajo cada día

 y educar a sus hijos en un mundo distinto?

  

¿Acaso debe un hombre

fiel a la tradición de sus mayores,

desnudarse en silencio,

dejar su ropa y sus lamentaciones

doblados en un banco

antes de entrar, solícito, en la cámara

de las dudas profundas,

sin mirar a los ojos al soldado

que le empuja a la puerta?

¿O mejor debería

armarse de coraje

y buscar ese hueco en la alambrada

que conduce hasta el bosque

donde la belladona

embriaga el olfato de los perros?

 

¿Debe un hombre que dice

amar la libertad y la justicia

sobre todas las cosas

recostarse en la tierra

delante de los carros de combate

o sentarse en la vía

a esperar que detenga

su corazón el tren de las infamias?

¿O debe ir cada día

prudentemente al aula,

sembrar en sus alumnos

su semilla de sueños

y esperar que germine

cuando estén las espadas envainadas?

 

¿Acaso debe un hombre

coherente con su obra literaria

caer ebrio en las calles de la noche,

perder un brazo en lucha contra el turco,

o una mano en un lance callejero

o la honra en lo oscuro de un prostíbulo

y dar fin a su vida con pistola?

¿O quizás retirarse

donde habita el olvido

y dejar para nadie

versos que ayudan a entender el mundo,

palabras de consuelo

para las horas grises,

retamas de verdad

en el fulgor incierto de la noche?

 

¿Debe un hombre que dice

abrazar con fe ciega su destino

apurar la amargura de los cálices,

entregarse al castigo

brutal de los verdugos

en lugar de quedarse

oculto entre las sombras de un olivo

y encontrar la mañana

en un campo florido de azucenas?

 

¿Debe un hombre que ama

negar que hubiera amado

si no dejó la vida en el empeño?

 

¿Debe un hombre ser hombre,

crecer, hacerse viejo,

y legar a sus hijos

el miedo de sus padres?

¿O buscar en el magma palpitante

de su sangre caliente

los restos que aún perviven

de la antigua locura

con la que modelaron

los dioses su cabeza?

(De “Las voces encendidas”,  2010)

 

(Carlos Aganzo nació en Madrid, en 1963. Publicó varios libros de poemas, “Manantiales”, “Como si yo existiera”, “La hora de los juncos”, “Caídos Ángeles”, “Las voces encendidas”,  “Las flautas de los bárbaros” y “En la región de Nod”, entre otros. También es autor del libro de viajes “Rutas por las Juderías de España” y de guías de la serie “Ciudades con Encanto” -Ávila, Toledo, Segovia, Tarragona, Girona, Lugo, Soria, y Pontevedra-. Su obra literaria ha sido reconocida con premios como el Jaime Gil de Biedma, el Universidad de León o el Ciudad de Salamanca. Pertenece a la Academia de Poesía de San Juan de la Cruz de Fontiveros. Como periodist,a ha sido subdirector del periódico Ya y director de La Voz de Huelva y Diario de Ávila; en la actualidad es director de El Norte de Castilla).

 

 

   Mosaico de Pegaso en la villa romana de Almenara-Puras

 

No he olvidado, Pegaso,

el sonido de tus cascos rompiendo la pradera,

el chapoteo fresco de los manantiales

surgiendo a nuestro paso

y la fuente Hipocrene

riéndose del tiempo y el espacio

tan cerca y lejos de Roma…

Que bien saben las ninfas de esta tierra

cereal y bendita por Cibeles

que te sobraron alas

para hacerme volar sobre la niebla

y el ansia del camino…

 

Ahora que estoy sentado entre las sombras

de esta tarde infinita,

esperando a que el bárbaro

ponga su pie desnudo en las teselas,

pienso en ti, mi buen amigo, el que me aguarda

en el monte Helicón,

donde pace el ganado de los dioses.

(De “Las flautas de los bárbaros’”, 2012)

 

 

    Niebla

Quien hasta aquí me trajo no sabía

que la niebla me rapta y me confunde.

Tantas veces mis dedos

jugaron con las hojas

del árbol de la ciencia

sin reparar siquiera levemente

en la forma del fruto…

Tantas veces ponía

yo el oído en la tierra

para escuchar la sorda

respiración del tiempo y del hermano,

mientras iban pasando sin reposo

los días y las noches

desde un sol a otro sol,

con nieve o con espigas inflamadas…

 

En la tierra de Nod

por donde pasa el río

infestado de lodo y de vergüenza.

Donde los hombres hacen holocaustos

por mandato de Dios,

mas no por agradarle ni agradarse.

Donde la niebla hiere y se congela,

los terrones son duros y las gentes

cierran puertas con llave.

En la región de Nod viven mis ojos.

 

 

Aquí mis hijos crecen en silencio,

guardándose las risas,

soñando con volver hacia el oeste,

donde no hay horizonte

que no tenga montañas.

En la región de Nod viven mis huesos.

 

Quien hasta aquí me trajo no sabía

que el huerto que me nutre

se surte de la sangre subterránea,

sementera caliente,

racimo de amapolas

que brota de una tumba en el edén.

 

Regresaré, quizás, cuando sea viejo

y mis ojos, ya niebla,

agradezcan el sol sobre los párpados.

(De “En la Región de Nod”, 2014)

 

Alfredo Pérez Alencart nació en Puerto Maldonado, Perú, en 1962. Poeta y ensayista peruano-español, es profesor de la Universidad de Salamanca desde 1987. Fue secretario de la Cátedra de Poética “Fray Luis de León” de la Universidad Pontificia (entre 1992 y 1998), y es coordinador, desde 1998, de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos, que organiza la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura y Saberes. Actualmente es columnista de los periódicos La Razón y El Norte de Castilla, así como de varios diarios y revistas digitales de España y América Latina. Publicó, en poesía: “La voluntad enhechizada”, en 2001; “Madre Selva”, en 2002; “Ofrendas al tercer hijo de Amparo Bidon”, en 2003; “Pájaros bajo la piel del alma”, en 2006; “Hombres trabajando”, en 2007; “Cristo del Alma”, en 2009; “Estación de las tormentas”, en 2009; “Savia de las Antípodas”, en 2009; “Aquí hago justicia”, en 2010; “Cartografía de las revelaciones”, en 2011; “Margens de um mundo ou Mosaico Lusitano”, en 2011; “Prontuario de Infinito”, en 2012; “La piedra en la lengua”, en 2013; “Memorial  de Tierraverde” y “El sol de los ciegos”, ambos en 2014, y de “Los Éxodos, los Exilios”, en 2015.  También las antologías “Oídme, mis Hermanos”, en 2009; “Da selva a Salamanca”, en 2012; “Antología Búlgara” y “Monarquía del Asombro”, ambos en 2013. Hay un ensayo sobre su obra, “Pérez Alencart: la poética del asombro”, publicado en 2006 por Enrique Viloria, y “Arca de los Afectos”, de 2012, homenaje de 230 escritores y artistas de cuatro continentes. Fue invitado a numerosos encuentros internacionales. Poemas suyos fueron traducidos a veinte idiomas. Por el conjunto de su obra le fue adjudicado el Premio Internacional de Poesía “Medalla Vicente Gerbasi”, en Venezuela, en 2009, y el Premio “Jorge Guillén” de Poesía, en España, en 2012, entre otros.

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