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    La luna borra su forma y yo sigo buscando semejanzas
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    El viento es una armónica de mil tonos
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    Magia es que te sostengan unos brazos que jamás te han tocado
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    El que vive a solas con la poesía anda descalzo porque no cree en las heridas

Doblar la esquina de la aurora

 

   JUAN LISCANO

 

   Límite

 

Como ando, así desando mi camino,

repítome hacia atrás; y por las malas,

corazón ali-caído,

me voy pisando los ayeres, los entonces.

 

¡Qué difícil, hermanos, es morirse de frente!

 

Cómo nos cuesta caminar el tiempo;

dormir la noche, despertar de ayer,

mirar, de nuevo, el sol

y vestirnos, hermanos, ¡ay!, vestirnos de hoy.

 

Si las huellas no fueran sino huellas,

si pasara el pasado de verdad,

yo pudiera ser cóndor,

yo pudiera ser fuente.

 

Con toda buena fe, pudiera

doblar la esquina de la aurora,

desayunar de todo corazón,

besar a la niñita en paz de espíritu,

y por fin, tiernamente, regresarme de tarde,

dormir de noche, despertar de ayer,

mirar, muy nuevo, el sol

y vestirme, alma mía, ¡sí!, vestirme de hoy.

 

 

   1

 

Los días son semejantes en tiempo contado

                                                           hacia la muerte.

No hay sábados ni jueves ni domingos

sino tiempo que pasa y ardimientos

al fin queda un hueco

lo llenamos entonces con rumores con memorias:

de modo que hoy le puse tu nombre a este día.

 

 

   20

 

¿Abrirse o irse al fondo?

Pienso en los legados del tiempo

en las acciones sin mañana

en las construcciones desmoronadas.

El amor es apariencia del mundo

sensualidad del mundo

espiado por la muerte

que nos alumbra y recrea.

 

 

--

 

 

No es el tiempo el que corre

somos nosotros quienes pasamos

iluminados por un lado o en sombras

ahogados o clamorosos.

Somos la referencia del tiempo

la irremediable certidumbre de destrucción

las ruinas por venir las contingencias

y la memoria que de pronto cesa

se expanden la ausencia el vacío

palpita el recuerdo entre los que nos miran morir

empiezan el despojo

las liturgias del luto

los vestigios devorados día a día por el olvido

las descomposiciones activas

                                                el polvo

el pasaje desconocido hacia el enigma.

 

(De “Antología poética, 1942-1991”, con prólogo de Oscar Rodríguez Ortiz, Colección Altazor, Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, Venezuela, 1993. Juan Liscano nació en Caracas en 1914, y murió en esa misma ciudad en 2001. “Nuevo mundo Orinoco”, de 1959, junto con “Cármenes”, de 1966, y “Fundaciones”, de 1981, son mencionados entre sus libros de poesía más importantes, además de su “Antología Personal”, de 1990. Fue también ensayista y crítico, y director de Monte Ávila Editores Latinoamericana).

 

 

   ROBERTO JUARROZ

 

 

   1

 

Insistir demasiado en sí mismo

es gastar sin sensatez la sustancia del mundo

y abusar de la luz y sus reflejos,

del prorrateo abierto del mirar,

del reparto de los colores

y también del corazón de las tinieblas.

 

Tal vez fuera preciso

moderar, recortar el existir

y retener la prepotencia de ser uno.

Y que eso nos permitiese morir menos

o simplemente no quedarnos sin fondo,

como patéticos odres

que no supieron contener su vino.

 

Insistir demasiado en sí mismo

es trastocar las figuras visibles

y embadurnar las invisibles

con el menguado alquitrán de nuestra furia.

 

Es preciso insistir en otra parte,

por ejemplo allí donde las líneas retroceden

y las manos se enguantan

para evitar el tacto sin regreso.

O allá, por lo menos,

donde sentimos cómo se desgastan

la piel tenaz del pensamiento,

las secreciones de todos los amores

y las suelas metafísicas

de nuestros últimos zapatos.

 

Sí. Es preciso insistir en otra parte.

 

 

   33

 

El pensamiento palpa el mundo

como un tacto suplente.

O tal vez titular.

Las cosas se tocan recién cuando se piensan.

Pensar el mundo es alcanzarlo.

 

Pero hay noches que crecen con exceso,

días descaradamente lívidos

y algunos aprensivos claroscuros

donde necesitamos tocar las cosas con los dedos.

 

Tocar un cuerpo, por ejemplo,

como un tibio talismán contra la muerte.

O tocarse el propio rostro

para confirmar que aún no hemos desaparecido.

 

El pensamiento es también materia

y la materia pensamiento,

pero la agonía del hombre es todavía algo más.

 

Es tal vez otro tacto

que ordena sus funciones.

 

 

   37

 

Inaugurar la transparencia.

Ver a través de un cuerpo, de una idea,

de un amor, de la locura,

divisar sin estorbo el otro lado,

traspasar de parte a parte

el trompo ubicuo de ser algo.

No sólo penetrar con el ojo en la roca

sino también salir por su revés.

 

Y algo más todavía:

inaugurar la transparencia

es abolir un lado y el otro

y encontrar por fin el centro.

Y es poder no seguir,

porque ya no es preciso,

porque una cosa deja de ser interferencia,

porque el más allá y el más acá se han unido.

 

Inaugurar la transparencia

es hallarte en tu sitio.

 

                                                       (para Laura)

 

 

 

   41

 

Sacudir el cuerpo como lo haría un animal,

pero quitándose de encima mucho más que el animal:

el polvo que deja el pensamiento,

las rigideces que enrolan a la muerte,

las manchas del amor y de las lluvias sucias

que caen de las cornisas

y también de un cielo turbio, envenenado.

 

Y quitarse de encima los andrajos del tiempo,

las contraseñas de los cuartos grises,

los moretones de la dicha,

los restos pegajosos del banquete,

las macabras serpentinas del dolor.

 

Y en un día de calculados estremecimientos

quitarse uno de encima hasta su sombra,

hasta eso que llamamos uno mismo,

hasta esos roces que llamamos los otros.

 

Y otro día sacudirse de encima

la eternidad desfigurada de la vida,

como si fuera otra capa de polvo.

 

(De “Novena Poesía Vertical, Décima Poesía Vertical”, Ediciones Carlos Lohlé, Buenos Aires, Argentina, 1986. Los poemas publicados son de la Novena Poesía Vertical. Roberto Juarroz nació en Coronel Dorrego, provincia de Buenos Aires, en 1925, y murió en Temperley, localidad de la misma provincia, en 1995. Con la excepción de una única obra, “Seis poemas sueltos”, de 1960, sus libros de poesía fueron publicados por orden numérico y siempre bajo el título de “Poesía vertical”. Fue traducido a varios idiomas y recibió numerosos premios, entre ellos el de la “Bienal Internacional de Poesía” de Lieja, Bélgica, en 1992. Fue también bibliotecario, ensayista y crítico).

 

 

   WASHINGTON BENAVIDES

 

 

   No es un tigre de papel

 

El tiempo está en los otros.

Al acecho.

(Y el tiempo no es un tigre de papel)

Hasta que salta de un rostro conocido

Y como quien revela una fotografía

Lo vamos descubriendo (sin espejo).

 

El tiempo está en nosotros.

 

Que nadie pierda tiempo cerrándole las puertas

Que nadie crea alejarlo porque no se le nombre

(ni metiéndote bajo de la cama

ni perdiendo la fe).

Queda otra instancia aún.

Cuando descubres que ralea el ejército

de los conocidos.

                      Y alguien dice:

“Ha muerto Helena”

                      -y eres tú que has muerto-

“Ayer murió Ramón”

                      -y con él mueres-.

 

El mundo (tu mundo) se despuebla

y el compañero de la infancia

te contempla con lástima y con miedo

porque él también lo ha descubierto todo:

la muerta está en nosotros.

 

 

   Unas pocas anécdotas

 

Redacto simplemente unas pocas anécdotas;

algunas circunstancias y eso es todo lo dable.

Del resto, sólo queda una imagen difusa,

como esa sensación que te produce el bosque

que miraste de un tren, pensando en otra cosa.

Lo mucho, lo que crea incesante la vida

en cada hora que pasa, lo turbulento

del existir (como gustara decir Macedonio)

se escurre entre los dedos y razones.

Se vuelve la migaja que miras en la mesa,

la cuchara noctámbula en la pensión de pueblo,

el farol agobiado de una esquina de barrio,

las palabras terribles de un diagnóstico,

la cara de tu madre, fuera del gran combate,

la foto de un hijo con la melena larga,

un documento obsceno donde te destituyen,

una urraca cantando cerca del campamento.

Pero muy poca cosa cargan nuestras maletas;

se hacen polvo recuerdos, se oscurecen memorias

y uno (claro) prosigue; en la dura batalla

no puedes cargar en hombros al camarada muerto;

no puedes ni siquiera cargarte enteramente,

y por eso desechas material oneroso

como un ciclista lo hace antes del embalaje.

Vivir (vaya la reflexión) es llevar buena cuenta

del combustible que tenemos, y del tiempo

que falta, para llegar a alguna parte.

“Alguna parte” que para mí, casi no tiene nombre,

o es una referencia literaria o un hito

perdido entre las matas.

Vuelvo a mirar la luz, la luz tan buena amiga.

Abrazo a un compañero que ha vivido bastante;

gruño por la belleza que una elite ha gozado,

y me anima a seguir, a compartir otra jornada

(otra al menos) y a descansar lo más posible

porque el día de mañana será, tal vez,

más riguroso que este día de invierno;

y no tendremos cantimplora a mano ni

comida caliente ni refugio del viento.

Vamos a cocinar nuestra última liebre

y a pensar que en el día de mañana

habrá justicia y los niños correrán

por los campos, para ellos creados.

 

 

   Sabiduría

 

No es un elefante asiático

que se te viene encima

haciendo retemblar la tierra

de los sueños.

 

El tiempo calza zapatillas de tenis

y es una enérgica muchacha

a la que no podrás disputarle

un solo game.

 

(El primer poema es de “Antología Plural de la Poesía Uruguaya del siglo XX”, con estudio preliminar, selección y notas de Washington Benavides, Rafael Courtoisie y Sylvia Lago. Seix Barral, Montevideo, Uruguay, 1995. Los dos siguientes son de “El molino y el agua”, Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, Uruguay, 1993. Washington Benavides nació en Tacuarembó, Uruguay, en 1930. En 1955 publicó “Tata Vizcacha”, su primer libro, que deambuló entre el humor y la sátira sobre algunos de los personajes de su ciudad natal. Grupos ultraconservadores locales buscaron todos los ejemplares de la obra disponibles en librerías y los quemaron en plaza pública. Esa obra fue seguida entre otras por “Poesía 1959-1962”, “Poemas de la ciega”, “Murciélagos”, “Finisterre”, y “Fotos”. Con “El molino y el agua” recibió en 1990 el primer premio de Poesía Inédita, otorgado por la Intendencia de Montevideo. Profesor de literatura y músico con tres discos editados, poemas suyos tuvieron versiones musicales a cargo de Daniel Viglietti y Alfredo Zitarrosa, entre otros artistas).

 

 

   ARMANDO RUBIO HUIDOBRO

 

   Hábitos

 

          Esta vieja costumbre en consecuencia

de amanecer cansado cada día

con la cara de siempre, el mismo aspecto

-cordero estupefacto, ¡no hay derecho!-,

la liturgia congénita de mirarme al espejo:

descubrirme in fraganti con peineta y dentífrico

-no asienta esa conducta en mansa bestia-;

conciencia de estar vivo y respirando

-con qué objeto, qué sabes- y otras cosas

que, por último, ahora no tolero:

la plena autonomía de mis gestos

y la fidelidad de mis zapatos.

 

 

   Ciudadano

 

      No sé de dónde viene mi costumbre

de agravarme a las siete de la tarde.

Quizá sólo por ser un transeúnte

sin bigote o pañuelo, sin zapato ni amante.

 

     No sé para qué vivo y por qué muero,

si ha tiempo me dijeron las gitanas

que tendré vida cara con un final de perros:

o sea que no pienso morir como Dios manda.

 

     Conozco bien las piedras de andar, la vista gacha;

recojo los cigarros que pueblan las cunetas

agradeciendo todo en mis andanzas

de oscuros pies de barro y de madera.

 

     Si yo fuera un cantor como soñaba,

me iría por el mundo cantando mis desdichas

para vivir del canto mío y que me escucharan

los que sueñan con una risa limpia.

 

     Pero no tengo voz, ni pañuelo, ni amante;

no sé por qué me vuelvo amigo de los perros

cuando soy un transeúnte de la tarde

sin saber por qué vivo y por qué muero.

 

(De “Veinticinco años de poesía chilena, 1970-1995”, con compilación a cargo de Teresa Calderón, Lila Calderón y Tomás Harris, Fondo de Cultura Económica, Santiago, Chile, 1996. Armando Rubio Huidobro nació en Santiago, en 1955, donde murió en 1980. Su primer libro de poesía se publicó tres años después, con el título “Ciudadano”. En abril de 2015 se publicó “Poesía completa”, por obra del hijo del autor, Rafael, que reunió escritos que estaban dispersos).

 

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