• @karlisjar
    Los símbolos nunca callan, así nosotros nos hagamos los sordos
  • @EstebanPerezsan
    Duermes en lo que escribo/ y lees en lo que sueño
  • @marconpi66
    Del amor también se sale, muerto de latidos
  • @fumivora
    Quiero que solo me apuñales a mi
  • @Innestesia
    Besas como si hubiéramos leído los mismos libros
  • @divagandoletras
    Cerrar las ventanas con nosotros fuera. Y quedarnos en el otoño
  • @Claudia_DelSur
    La imaginación nos envuelve en abrazos reales
  • @MeMalcriaste
    También hay errores platónicos
  • @Juansistemico
    Tocará beber de su sonrisa en una foto
  • @Pluriversos
    Cabizbajo no es tan triste si viene un sueño subiendo
  • @cachililiana
    Vengo desterrada de un sueño
  • @nancyeldarjani
    La hora es un compás seguro

Expedición entre violines

 

  

    JORGE LUIS BORGES

 

 

   A Johannes Brahms

 

Yo que soy un intruso en los jardines

que has prodigado a la plural memoria

del porvenir, quise cantar la gloria

que hacia el azul erigen tus violines.

He desistido ahora. Para honrarte

no basta esa miseria que la gente

suele apodar con vacuidad el arte.

Quien te honrare ha de ser claro y valiente.

Soy un cobarde. Soy un triste. Nada

podrá justificar esta osadía

de cantar la magnífica alegría

-fuego y cristal- de tu alma enamorada.

Mi servidumbre es la palabra impura,

vástago de un concepto y de un sonido;

ni símbolo, ni espejo, ni gemido,

tuyo es el río que huye y que perdura.

 

 

   Caja de música

 

Música del Japón. Avaramente

de la clepsidra se desprenden gotas

de lenta miel o de invisible oro

que en el tiempo repiten una trama

eterna y frágil, misteriosa y clara.

Temo que cada una sea la última.

Son un ayer que vuelve. ¿De qué templo,

de qué leve jardín en la montaña,

de qué vigilias ante un mar que ignoro,

de qué pudor de la melancolía,

de qué perdida y rescatada tarde

llegan a mí, su porvenir remoto?

No lo sabré. No importa. En esa música

Yo soy. Yo quiero ser. Yo me desangro.

 

(De "Obra poética", Sudamericana, Buenos Aires, 2011. Jorge Luis Borges nació en Buenos Aires en 1899 y murió en Ginebra en 1986. En la adolescencia vivió con su familia en Suiza y España, donde comenzó sus publicaciones, en revistas literarias. En Buenos Aires desde 1921, fue partícipe activo en la vida cultural, fundó revistas y publicó artículos en periódicos. En 1923 publicó “Fervor de Buenos Aires” y en 1935 una de sus obras más conocidas, “Historia universal de la infamia”. Siguió con la publicación de poesía, cuento y ensayo. Fue presidente de la Sociedad Argentina de Escritores y director de la Biblioteca Nacional. En 1956 recibió el Premio Nacional de Literatura. Obtuvo el Cervantes en 1979. Obras suyas están traducidas en aproximadamente treinta idiomas. Fue gran polemista, repudió intensamente al Movimiento Nacional Justicialista –peronista- de su país, y expresó abiertamente apoyo a la dictadura cívico-militar que en 1976 asaltó el poder e implantó un régimen de terrorismo de Estado, que causó decenas de miles de víctimas. El poema ‘Caja de música” fue musicalizado por el argentino Pedro Aznar, en la obra que lleva ese mismo nombre, presentada en agosto de 1999 en el Teatro Colón de Buenos Aires. Esta presentación, que tuvo varios músicos invitados, quedó registrada en un disco).

 

 

   GONZALO ROJAS

 

   Adiós a John Lennon

 

Acostúmbrate, John, a verlas por el periscopio

de mármol, a palparlas

desde ahí tan lejos en tu escafandra

de raso,

               ah y por liturgia

aunque sea sábado y sigas

teniendo 22 tocando

durmiendo toca hasta el fin,

estremecimiento de diamante,

                                                       no

huelas la locura de estas rosas.

 

(De “Antología de aire”, con selección de textos de Hilda R. May, colección Poetas Chilenos, Tierra Firme, Fondo de Cultura Económica, Santiago, 2004. Gonzalo Rojas nació el 20 de diciembre de 1917 en Lebu, y murió el 25 de abril de 2011 en Santiago. Ganó el Premio Cervantes en 2003, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1992, y el Nacional de Literatura de Chile, ese mismo año. Fue representante diplomático del gobierno de Salvador Allende. La dictadura de Augusto Pinochet lo exoneró de los cargos docentes universitarios que le habían sido asignados. Padeció el exilio en República Democrática Alemana y Venezuela, y regresó a su país en 1994, cuando se radicó en Chillán).

   

   JORGE ARTEL

 

   La cumbia

 

     Hay un llanto de gaitas

diluido en la noche.

Y la noche, metida en ron consteño,

bate sus alas frías

sobre la playa en penumbra,

que estremece el rumor de los vientos porteños.

 

     Amalgama de sombras y de luces de esperma,

la cumbia frenética,

la diabólica cumbia,

pone a cabalgar su ritmo oscuro

sobre las caderas ágiles

de las sensuales hembras.

Y la tierra,

como una axila cálida de negra,

su agrio vaho levanta, denso de temblor,

bajo los pies furiosos

que amasan golpes de tambor.

 

     El humano anillo apretado

es un carrusel de carne y hueso,

confuso de gritos ebrios

y sudor de marineros,

de mujeres que saben a la tibia brea del puerto,

al yodo fresco del mar,

y al aire de los astilleros.

 

     Se mueve como una sierpe

sonora de cascabeles,

al compás de los chasquidos

que las maracas alegres

salpican sobre las horas

desmelenadas de ruido.

 

     Es un dragón enroscado

brotado de cien cabezas,

que muerde su propia cola

con sus fauces gigantescas.

 

     ¡Cumbia! -¡danza negra, danza de mi tierra!

¡Toda una raza grita

en esos gestos eléctricos,

por la contorsionada pirueta

de los muslos epilépticos!

 

     Trota una añoranza de selvas

y de hogueras encendidas,

que trae de los tiempos muertos

un coro de voces vivas.

 

     Late un recuerdo aborigen,

una africana aspereza,

sobre el cuero curtido donde los tamborileros,

-sonámbulos dioses nuevos que repican alegría,

aprendieron a hacer el trueno

con las manos nudosas,

todopoderosas para la algarabía.

 

     ¡Cumbia! Mis abuelos bailaron

la música sensual. Viejos vagabundos

que eran negros, terror de pendencieros

y de cumbiamberos

en otras cumbias lejanas

a la orilla del mar…

 

(De “Colombia en la poesía colombiana, los poetas cuentan la historia”, a cargo de Joaquín Mattos Omar, Amparo Murillo Posada, Robinson Quintero Ossa y Luz Eugenia Sierra, Letra a Letra, Bogotá, 2011.  Jorge Artel nació en Cartagena de Indias, en 1909, y murió en Barranquilla, en 1994. Su obra poética se centró en el rescate de la cultura negra y, aunque se graduó como abogado, dedicó su vida principalmente a las letras. Publicó, entre otras obras, “Tambores en la noche”, “Poemas con bota y bandera” y “Antología poética”).

 

 

   ALEJANDRO PERALTA

 

   Lunario musical

 

Se han volcado las fuentes de la luna

y mi cuarto es un lago de aromas

Beethoven

en la penumbra se alborota la melena

El silencio se moja la nuca bajo una ducha de estrellas

En mi boca-cilindro musical

juega como un confite el plenilunio

 

(De “Antología de la Poesía Vanguardista Peruana”, con introducción y estudio de Mirko Lauer. Ediciones El Virrey – Hueso Húmero Ediciones, Lima, 2001. Alejandro Peralta nació en Punto en 1899 y murió en esa misma ciudad en 1973. Sus libros “Ande” y “Kollao” son considerados definitorios para el denominado “indigenismo vanguardista”).

 

   JAIME SABINES

 

 La música de Bach mueve cortinas

 en la mañana triste, y un viento con amores

se desliza en las calles y en los corazones.

Nadie sabe por qué, pero se alegran

las sombras y los hombres

como si Dios hubiese descendido a fecundarlos

y en el asfalto espigas de oro florecieran.

En el día de hoy el sol se ablanda

y mansa luz como un aceite unta

a los cansados y a los tristes.

Un canto para sordos se desprende de las cosas

y esa terrible dulzura que es Dios insoportable

contagia la salud de un pecho a otro.

Es la hora interminable, la inasible,

la eternidad que dura un abrir y cerrar de ojos.

(Mientras esto he dicho, el día se ha partido en

dos como una granada madura.)

(De “Antología poética”, con prólogo y selección de Guadalupe Flores Liera, Colección Conmemorativa 70 Aniversario del Fondo de Cultura Económica, México, 2005. Jaime Sabines nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en 1926, y murió en Ciudad de México en 1999. Su primer libro de poesía, “Horal”, data de 1950. Su obra comprende numerosas ediciones, y después de su deceso llega a “Los amorosos: cartas a Chepita”, de 2009. Entre numerosos premios, recibió el Chiapas de Poesía, en 1959; el Xavier Villaurrutia, de 1974; y el Nacional de Lingüística y Literatura, en 1983. Fue traducido a numerosos idiomas. Se desempeñó como legislador, por Chiapas y por el Distrito Federal).

 

   RODOLFO ALONSO

 

   Noche de música

 

 En la ausencia del trópico, cantamos.

 

La oscuridad es música en la noche de mujeres

elementales y árboles de sangre. Es fiebre en la mirada

de los hombres.

 

El ritmo salvaje y seguro, la fuerza abierta del instinto:

cálidos caminos.

(De “A favor del viento, poesía reunida 1952-1956”, colección Poesía de la Editorial Argonauta, Buenos Aires, 2014. Rodolfo Alonso nació en Buenos Aires, en 1934. Siendo adolescente participó de la revista de vanguardia “Poesía Buenos Aires”. Su primera publicación data de 1954, “Salud o nada”. Desde entonces lleva publicados más de veinte libros. Fue integrado a numerosas antologías. Obtuvo varios premios, entre ellos el Nacional de Poesía. Fue el primer traductor de Fernando Pessoa en América Latina. Y tradujo a muchos otros poetas).

 

 

   GÜNTER GRASS

 

   Orfeo

 

Como entonces me contaba entre el público,

me senté en la fila diecisiete.

Así, con las manos sobre el programa,

Aguanté hasta poco antes del descanso:

borré al director de un trazo,

apunté a la dentadura del piano, saqué un ojo a la flauta

y llené los cobres -¿de qué?- de plomo.

Había que depilar a la mitad de los instrumentos.

¿Quién me cortó entonces la película?

Los acomodadores recibieron poderes,

me arrojaron violines, pecheras,

todo lo que, pautado, vive de notas en blanco y negro.

La arpista, a pesar de ello mujer,

se inclinó sobre mí, con un vestido caritativo.

Y así penetré en sus cuerdas

y sólo entiendo ahora de dedos.

Suena bien, me hago el desentendido y me guardo

de pedirle a ella el programa.

(De “Poemas”, con traducción de Miguel Sáenz, Colección Visor de Poesía, Madrid, 1999. Gûnter Grass nació en Danzig, Alemania, en 1927. Su primera publicación de poesía data de 1956, con “Las ventajas de las gallinas de viento”. Su obra narrativa lo ubica como un clásico del siglo XX. Obtuvo los premios Nobel de Literatura y Príncipe de Asturias. En comparación con su narrativa, la obra poética es considerada poco conocida. También es muy valorada su actividad en la política y la promoción de los derechos humanos).

 

   ELVIO ROMERO

 

   Guitarra de sembradores

 

Contorno y geografía de sueño y de madera,

tienes, guitarra, soles que encienden la garganta,

ecos que condecoran la sangre con estruendo,

el corazón con brasas.

Cristal de miradores aflorando en el pecho,

vena de nuestra voz, terrón arrebatado,

endurecida gota de arboledas sonoras,

de tórrido remanso.

Tienes una armadura de forestal silencio

y áridas bocanadas de estos desiertos áridos,

golpeándonos por dentro con sus sordos secretos

de arpegios incendiados.

Veo en las madrugadas duras manos que cogen

tu cuerpo, hasta apretarlo contra otro cuerpo duro,

desembocando en él para empezar el día

con vértigo profundo.

Son como marejadas que llegan a ribera

y extienden en reposo sus olas más feroces.

Litoral de madera: tu caja es una orilla

donde cantan los hombres.

Dejan allí sus venas, su amor, de cara al viento,

orlados por el sol que las raíces quema,

mientras van arrojando semillas con las manos

en las amargas tierras.

Que tienen la epidermis soleada y te enamoran

con áspera caricia, con raptos torrenciales,

y te dejan sus nervios, su corazón, sus huesos

y su canto anhelante.

Hace falta tocar, coger la más profunda

fibra de hervor caliente o sol desparramado,

para tener la boca ardiente y encendida

y seguir caminando.

Firmes manos te toman de la firme cintura,

firmes manos de suave sudor y antigua sangre,

con una vocación de acuchillar tristezas

besando sus cordajes.

Son hombres que perforan su pecho con tu caja

para enterrarte en él como en rojo relámpago,

hasta que allí te envuelva su cotidiana fiebre

de sueño y arrebato.

Son hombre todos llenos de relente y boscaje,

cálices de la vida, generosos y fuertes,

que cantan y te sienten y están amaneciendo,

que gritan y te sienten.

Toca, guitarra plena, amanecida, toca

la cuerda popular, la más caliente y densa,

aunque rompa tu cuerpo sonoro su mensaje,

su vibración tremenda.

Y entonces cuando vistas ese ardiente ropaje

de las cosas que tienen color de nuestros actos,

pondré tu arquitectura de madera profunda

sobre el pecho, cantando.

(De "Sus mejores poemas", con prólogo de Josefina Plá. Biblioteca Paraguaya El Lector, Editorial El Lector, Asunción, 1997. Elvio Romero nació en Yegros, en 1926. Su creación y actividad literaria comenzó cuando era muy joven, así como su participación en los asuntos del país, como activista social. Con 21 años debió salir al exilio, tras la guerra civil de 1947. Entre otras actividades, tras el derrocamiento del dictador Alfredo Stroessner, fue diplomático de su país en Argentina. "Días roturados", "Resoles áridos", Despiertan las fogatas", El sol bajo las raíces", "De cara al corazón", "Esta guitarra dura", "Un relámpago herido", "Los innombrables", "Destierro y atardecer", "El viejo fuego", "Los valles imaginarios", "Flechas en un arco tendido", "El poeta y sus encrucijadas", son algunas de sus obras. Murió en Buenos Aires, en mayo de 2004).

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