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Es hoguera el poema

   21 DE MARZO, DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA 

   Decenas de actividades en gran cantidad de ciudades grandes, medianas y pequeñas, están en curso con motivo del Día Mundial de la Poesía, declarado para el 21 de marzo por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). La decisión fue adoptada en París, en 1999. El organismo dijo en su declaración oficial que el objetivo de la jornada es “sostener la diversidad de los idiomas a través de la expresión poética y dar a los que están amenazados la posibilidad de expresarse en sus comunidades respectivas”. También busca “apoyar la poesía, la vuelta a la tradición oral de los recitales de poesía” y “promover la enseñanza” del género.

 

   JOSÉ EMILIO PACHECO

 

   15

 

Es hoguera el poema

                                   y no perdura

 

Hoja al viento

                        tal vez

También tristísima

                               Inmóvil ya

desierta

            hasta que el fuego

renazca en su interior

 

                                   Cada poema

epitafio del fuego

                             cárcel

llama

        hasta caer

en el silencio en llamas

 

Hoja al viento

                      tristísima

                                      la hoguera.

 

 

   Escrito con tinta roja

 

La poesía es la sombra de la memoria

pero será materia del olvido.

No la estela erigida en la honda selva

para durar entre sus corrupciones,

sino la hierba que estremece el prado

por un instante

y luego es brizna, polvo,

menos que nada ante el eterno viento.

 

 

   Arte poética

 

No tu mano:

la tinta escribe a ciegas

estas pocas palabras.

 

 

   Contra los recitales

 

Si leo mis poemas en público

le quito su único sentido a la poesía:

hacer que mis palabras sean tu voz,

por un instante al menos.

 

 

   Oficio de poeta

 

Ara en el mar.

Escribe sobre el agua.

 

 

   Vidas de los poetas

 

En la poesía no hay final feliz.

Los poemas acaban

viviendo su locura.

Y son descuartizados como reses

(sucedió con Darío).

O bien los apedrean y terminan

arrojándose al mar o con cristales

de cianuro en la boca.

O muertos de alcoholismo, drogadicción, miseria.

O lo que es peor: poetas oficiales,

amargos pobladores de un sarcófago

llamado Obras completas.

 

  

   La materia deshecha

 

Vuelve a mi boca, sílaba, lenguaje,

que lo perdido nombra y reconstruye.

Vuelve a tocar, palabra, el vasallaje

donde su propio fuego se destruye.

 

Regresa, pues, canción hasta el paraje

en que el tiempo se incendia mientras fluye.

No hay monte o muro que su paso ataje.

Lo perdurable, no el instante, huye.

Ahora te nombro, incendio, y en tu hoguera

me reconozco: vi en tu llamarada

lo destruido y lo remoto. Era

 

árbol fugaz de selva calcinada,

palabra que recobra en el sonido

la materia deshecha del olvido.

 

(De “Tarde o temprano, poemas 1958-2009”, Colección Nuevos Textos Sagrados, dirigida por Antoni Marí, Tusquets Editores, Ciudad de México, 2010. Esta antología incluye “Los elementos de la noche”, 1958-1962; “El reposo del fuego”, 1963-1964; “No me preguntes cómo pasa el tiempo”, 1964-1968; “Irás y no volverás”, 1969-1972; “Islas a la deriva”, 1973-1975; “Desde entonces”, 1975-1978; “Los trabajos del mar”, 1979-1983; “Miro la tierra”, 1984-1986; “Ciudad de la memoria”, 1986-1989; “El silencio de la luna”, 1985-1996; “La arena errante”, 1992-1998; “Siglo pasado, desenlace”, 1999-2000; “Como la lluvia”, 2001-2008; y “La edad de las tinieblas”, 2009. José Emilio Pacheco nació el 30 de junio de 1939 en Ciudad de México, y murió en ese mismo lugar el 26 de enero de 2014. Su relación con la literatura y sus actividades iniciales en ella comenzaron en la revista “Medio Siglo” de la Universidad Nacional Autónoma de México. Posteriormente dirigió colecciones y publicaciones vinculadas con la literatura. Se especializó en literatura mexicana del siglo XIX, y estudió al argentino Jorge Luis Borges. Se lo considera uno de los exponentes de la “Generación de los cincuenta”, también llamada “Generación de medio siglo”, junto con Salvador Elizondo, Eduardo Lizalde, Carlos Mosiváis y Sergio Galindo, entre otros escritores. Sus publicaciones de poesía comenzaron en 1963 con “Los elementos de la noche”. Después de la antología “Tarde o temprano”, de 2009, se publicaron “Como la lluvia” y “La edad de las tinieblas”, en el mismo año, y “El espejo de los ecos”, en 2012. Fue también novelista, cuentista, ensayista y traductor. Obtuvo gran cantidad de premios, entre ellos el Cervantes, en 2009, el Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca, en 2005, el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, en 2004, y el Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo, en 2003).

 

 

   LUIS ALBERTO CRESPO

 

   Escaso

 

Es muy clara esta región

para escribir con niebla

 

muy agudo este cuchillo en la mirada

para estar calmo

 

qué seca es esta pluma

para firmar con la muerte

 

y qué torpe es este idioma

para cuidar una flor.

 

 

   Trabajo

 

Dejo mis manos sobre la mesa

en el quicio del vértigo

 

Ten paciencia    me dirías (si estuvieras),

sé fiel al poema

-cultiva su duda-

 

Es lo único que espera.

 

 

   Y el otro aquel

 

También me enseñaste

que una coma es una fatiga del pensamiento

 

y los puntos suspensivos

no se sabe dónde terminan

 

que basta un paréntesis

para esquivar la ternura

 

y que nada es más callado

que el punto final

no tiene a nadie

se le ha acabado el tiempo   no

 

no lo mires.

 

 

   Fugaz

 

Un canario

sobre el suelo amarillo

es hoja y viento

 

sobre la grama del jardín

es pájaro

 

pero apenas lo escribo

su color es negro sobre blanco

y pronto se borra

y nada es

como la literatura*.

 

  • Es el país de Yolanda Pantín.

 

   Polvareda

 

Es tu palabra ansiada

tantéala

 

aunque no puedas decírtela

 

Cuenta sus tres primeras sílabas

 

En la última conocerás tu pasión

 

Es ciega

 

En la página que falta

qué pobreza

 

(De “La misma vez, 2008-2011”, Altazor, Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 2013. Luis Alberto Crespo nació en Carora, estado Lara, Venezuela, en 1941. Estudió periodismo en la Universidad Central de Venezuela y luego en París, pero en tanto desarrolló la escritura poética, que se expresó en su primera publicación, en 1967, con “Si el verano es dilatado”, seguido por “Cosas”, “Novenario”, “Costumbres de sequía”, “Resolana”, “Duro”, “Solamente”, entre otras. Asimismo, publicó tres antologías, “Costumbres de sequía”, “Como una orilla” y “En lugar del resplandor”. Recibió numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Conac, el Municipal de Poesía y el Nacional de Cultura. Poemas suyos fueron traducidos al alemán, árabe, francés, inglés, italiano y húngaro, entre otros. También realiza una tarea intensa como periodista cultural).

 

   ALEJANDRA PIZARNIK

 

   Anillos de ceniza

 

Son mis voces cantando

para que no canten ellos,

los amordazados grismente en el alba,

los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.

 

Hay, en la espera,

un rumor a lila rompiéndose.

Y hay, cuando viene el día,

una partición del sol en pequeños soles negros.

Y cuando es de noche, siempre,

una tribu de palabras mutiladas

busca asilo en mi garganta

para que no canten ellos,

los funestos, los dueños del silencio.

 

 

   Cenizas

 

Hemos dicho palabras,

palabras para despertar muertos,

palabras para hacer un fuego,

palabras donde poder sentarnos

y sonreír.

 

Hemos creado el sermón

del pájaro y del mar,

el sermón del agua

el sermón del amor.

 

Nos hemos arrodillado

y adorado frases extensas

como el suspiro de la estrella,

frases como olas,

frases con alas.

 

Hemos inventado nuevos nombres

para el vino y para la risa,

para las miradas y sus terribles

caminos.

 

Yo ahora estoy sola

-como la avara delirante

sobre su montaña de oro-

arrojando palabras hacia el cielo,

pero yo estoy sola

y no puedo decirle a mi amado

aquellas palabras por las que vivo.

 

 

   Destrucciones

 

Del combate con las palabras ocúltame

y apaga el furor de mi cuerpo elemental.

 

(De “Poemas”, con selección y prólogo de Alejandro Fontenla, Capítulo, Biblioteca Argentina Fundamental, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1982. Alejandra Pizarnik nació en Buenos Aires, en 1936, y murió en la misma ciudad, en 1972. Publicó por primera vez en 1955, “La tierra más ajena”. Siguieron “La última inocencia”, 1956; “Las aventuras perdidas”, 1958; “Árbol de diana”, 1962; “Los trabajos y las noches”, 1965; “Extracción de la piedra de locura”, 1968; “El infierno musical”, 1971; “Texto de sombra y últimos poemas”, edición póstuma, de 1982. En prosa, publicó “La condesa sangrienta”, en 1971. Estaba hospitalizada en 1972, por padecer depresión. Se quitó la vida ingiriendo barbitúricos, durante un permiso de salida).

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