• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
  • @ciruelle
    Amar es ser verbo en todos los tiempos
  • @SIELALSOYYO
    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
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    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Mujer y Poesía

 

   Esta selección de poetas, con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, se realizó por las propuestas hechas por lectores a través de nuestra cuenta en Twitter (@AlcanzaPoesia). En ese espacio, @lobonegrolobo91 a Damsi Figueroa, de Chile; @Elyzabeth propuso a la mexicana Amparo Dávila, en tanto @Sultana1975 postuló a la cubana Dulce María Loynaz.

 

    AMPARO DÁVILA

 

    Insomnio

 

El sueño se escapó entre las pestañas; por entre el matorral

   huyó ligero.

 

Abiertas en la noche quedaron las pupilas; abiertas

   y encendidas como faros en vigilia.

 

La imaginación vuela, entre la alas del viento; por la ruta

   del aire, va la fantasía exaltada.

 

Las horas se alargan en la noche como hebra de hilo fantasma;

 

las horas se embarcaron en un viaje sin etapas y en vano

   pretendo oírlas, en el reloj de la esquina.

 

Qué eternas las horas insomnes; en ellas parece que he vivido

   medio siglo!

 

El reloj de la esquina sigue mudo; el sueño no se asoma aún

por las pestañas.

 

--

 

LA NOCHE hunde

 

su prestigio de tigre

 

muerde al sueño

 

y al cuerpo

 

el tigre de la noche

 

en el agua

 

--

 

 

ESTE cuerpo que grita

 

y no se escucha

 

que se abisma

 

para salir huyendo

 

cuerpo sin luz

 

en sí cerrado

 

--

 

 

Ni un solo pájaro

 

en la noche

 

ni nada que nos retoñe

 

el cuerpo olvidó su rostro

 

su sombra

 

su recuerdo

 

--

 

 

NOCHE sin alba

 

profunda

 

eterna

 

el cuerpo cae en ti

 

como fruto maduro

 

y consumado

 

--

 

 

EL CUERPO es una llama viva

 

pasión en movimiento

 

la noche con luna y con estrellas

 

--

 

 

EL CUERPO es una llama errante

 

un terco dolor

 

la noche caída y fragmentada

 

--

 

 

EL CUERPO busca en la noche

 

la fugaz duración del sueño

 

la leve permanencia de su gozo

 

y la huella tal vez

 

de una mirada

 

instante consumado

 

y sin retorno

 

--

 

 

EL CUERPO es una estrella fugaz

una llama encendida

que se apaga

 

La noche es una ala negra

que se extiende

y envuelve en su negrura

 

(De “Poesía reunida”, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 2011. Este libro reúne las obras “Salmos bajo la luna”, de 1950; “Perfil de soledades”, de 1954; “Meditaciones a la orilla del sueño”, de 1954; “El cuerpo y la noche”, 1965-2007. Amparo Dávila nació en Pinos, Zacatecas, en 1928. Algunos biógrafos la describen como una niña rebelde, aunque la familia se vio muy afectada por la muerte de uno de sus hermanos, al nacer, y de otros dos por enfermedades padecidas a muy corta edad. Al pasar mucho tiempo en la librería de su padre, se convirtió rápidamente en gran lectora. Cursó estudios primarios y secundarios en San Luis Potosí y luego se trasladó a Ciudad de México, donde trabajó con Alfonso Reyes. Su primera publicación de poesía data de 1950, con “Salmos bajo la luna”. En 1977 recibió el premio Xavier Villaurrutia. Se destaca también como cuentista).

 

   DAMSI FIGUEROA

 

   En el momento justo

 

Pido que se te multiplique la boca

se te multipliquen las manos

los pies los brazos la cintura

 

Pido que se te multiplique todo

sobre todo lo mío

 

 

   Poema de lenguas

 

Temo a la espina que surce tu lengua

y a ese hilo de azufre que te escurre

y amamanta el dócil canal

tus hendiduras

 

Así como a la muerte temo a tu arcilla

a la moldura que la sostiene

temo al diente que se te clava en la sombra

 

Temo a la boca que se traga tu lengua deliciosa

y como a hostia envenenada la devuelve a tu boca

 

Temo, pero aún así permanezco

triste en la desmesura

sola en mi amor por los espejos.

 

 

   La piedra

 

Yo sé por qué te duele

atraer con furia la piedra hasta los dientes

y arrojarla después como si nada

a la danza magnética

donde acaba el milagro

 

Con el tiempo te haz vuelto ciega

encandiláronte los verbos

la incandescencia de los verbos dolorosos

Te aniquilaron las alimañas palabreras

el susurro esquizofrénico de la naturaleza del hombre

 

Yo sé

que tu lamento no cesará jamás

porque tu hambre es mi hambre

y ese pan se hizo carne

se hizo fuego imposible de llevarse a la boca.

 

                                    (a Alejandra Pizarnik)

 

 

   Más luz

 

He soñado el poema que dice al mundo

con su tumulto de palabras aladas

bandada de pájaros de fuego

que devuelve la luz a todas las praderas

 

He aquí al poema que quiere abrirse

el poema que quiere llegar al centro de la tierra

porque no desconoce el magma de su esencia

el ígneo y secreto elemento de su aliento

He aquí al poema que cantará para siempre con el mar.

 

(Damsi Figueroa nació en Talcahuano, Chile, en 1976. En 1993 fue invitada al Encuentro Nacional de Escritores realizada en el Bío-Bío. Participó en el primer y segundo Encuentro de Poetas Universitarios, organizados por la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción. Publicó su primer libro de poesía en  1994, "Judith y Eleofonte". Poemas suyos fueron incluidos en gran cantidad de publicaciones de su país. Asimismo, fue incluida en varias antologías, como "Poetas chilenos para el siglo XXI", "Ecos del silencio" e "Informe para extranjeros", publicada en España. En 2003 publicó "Cartografía del éter").

 

 

   DULCE MARÍA LOYNAZ

 

   Marinero de rostro obscuro

 

   Marinero de rostro obscuro, llévame

en tu barca esta noche... ¡Y no me digas

dónde vamos! Quiero partir sin rumbo:

Dejaremos en tierra las intrigas

de la esperanza y del recuerdo cómplices...

¡Y nos daremos a la mar!... ¡Que el viento

empuje nuestra barca a donde quiera

mientras la luna llena da un momento

sobre tu rostro obscuro!... ¡Que las olas

nos lleven y nos vuelvan muchos días

y muchas noches!... ¡Navegar sin rumbo

como las nubes lentas y sombrías!

 

   Como las nubes... Entre las neblinas,

por mares misteriosos, bajo cielos

blancos y soledades infinitas,

navegar sin temor y sin anhelos...

 

   Marinero de rostro obscuro, nunca

me digas dónde voy ni cuándo llego:

¡Qué son ya para mí, ruta ni hora!...

Serás como el destino, mudo y ciego,

cuando yo, frente al mar, los ojos vagos,

de pie en la noche, sienta una ligera

y lánguida emoción por la lejana

playa desconocida que me espera...

 

 

    Últimos días de una casa

 

         (fragmento)

 

   No sé por qué se ha hecho desde hace tantos días

este extraño silencio:

silencio sin perfiles, sin aristas,

que me penetra como un agua sorda.

Como marea en vilo por la luna,

el silencio me cubre lentamente.

 

   Me siento sumergida en él, pegada

su baba a mis paredes;

y nada puedo hacer para arrancármelo,

para salir a flote y respirar

de nuevo el aire vivo,

lleno de sol, de polen, de zumbidos.

 

   Nadie puede decir

que he sido yo una casa silenciosa;

por el contrario, a muchos muchas veces

rasgué la seda pálida del sueño

-el nocturno capullo en que se envuelven-,

con mi piano crecido en la alta noche,

las risas y los cantos de los jóvenes

y aquella efervescencia de la vida

que ha borbotado siempre en mis ventanas

como en los ojos de

las mujeres enamoradas.

 

   No me han faltado, claro está, días en blanco.

Sí, días sin palabras que decir

en que hasta el leve roce de una hoja

pudo sonar mil veces aumentado

con una resonancia de tambores.

Pero el silencio era distinto entonces:

era un silencio con sabor humano.

 

   Quiero decir que provenía de "ellos",

los que dentro de mi partían el pan;

de ellos o de algo suyo, como la propia ausencia,

una ausencia cargada de regresos,

porque pese a sus pies, yendo y viniendo,

yo los sentía siempre

unidos a mí por alguna

cuerda invisible,

íntimamente maternal, nutricia.

 

   Y es que el hombre, aunque no lo sepa,

unido está a su casa poco menos

que el molusco a su concha.

No se quiebra esta unión sin que algo muera

en la casa, en el hombre... O en los dos.

 

   Decía que he tenido

también mis días silenciosos:

era cuando los míos marchaban de viaje,

y cuando no marcharon también... Aquel verano

-¡cómo lo he recordado siempre!-

en que se nos murió

la mayor de las niñas de difteria.

 

   Ya no se mueren niños de difteria;

pero en mi tiempo -bien lo sé...-

algunos se morían todavía.

Acaso Ana María fue la última,

con su pelito rubio y aquel nido

de ruiseñores lentamente desmigajado en su garganta...

 

   Esto pasó en mi tiempo; ya no pasa.

Puedo hablar de mi tiempo melancólicamente,

como las personas que empiezan

a envejecer, pues en verdad

soy ya una casa vieja.

 

   Soy una casa vieja, lo comprendo.

Poco a poco -sumida en estupor-

he visto desaparecer

a casi todas mis hermanas,

y en su lugar alzarse a las intrusas,

poderosos los flancos,

alta y desafiadora la cerviz.

 

(De "Las palabras son islas, panorama de la poesía cubana siglo XX", con selección, introducción, notas y bibliografía de Jorge Luis Arcos, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1999. Dulce María Loynaz nació en La Habana, en 1902, donde murió en 1997. Su obra poética fue muy extensa, con publicaciones que comenzaron en 1938, con "Canto a la mujer estéril". En el año de su fallecimiento se publicó "Melancolía de otoño" y, en 1998, "Diez sonetos a Cristo". Fue también novelista. Entre numerosas distinciones, recibió el Premio Nacional de Literatura de su país, y el Premio Cervantes. Mantuvo una relación fluida con grandes escritores de su época, entre ellos Federico García Lorca, Gabriela Mistral y Juan Ramón Jiménez).

 

 

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