• @cenizalunatica
    La luna borra su forma y yo sigo buscando semejanzas
  • @karlisjar
    El viento es una armónica de mil tonos
  • @Suspiro_DeLuna
    Magia es que te sostengan unos brazos que jamás te han tocado
  • @Tu_Funamiento
    Me busqué en otras personas y en todas te encontré
  • @Innestesia
    Viajo por si me encuentro
  • @fumivora
    Aparento más mariposas de las que tengo
  • @letrasdemorado
    Ya no hacen el pasado como antes
  • @itzarbepoesia
    He guardado bajo mis párpados caminos de agua por los que volver al hogar de tu recuerdo
  • @AlejandroLanus
    Juego como un niño que no sabe morir
  • @leonbenIarregui
    Cada vez más insomnes y menos soñadores
  • @vforte
    la tristeza es la rabia parada bajo la lluvia
  • @Yennifercc
    El que vive a solas con la poesía anda descalzo porque no cree en las heridas

Raúl Artola

 

   Indicios (fragmentos)

 

Esta noche he llorado por una soledad de treinta años.

Nunca recé a ningún dios para que cesara en su castigo. Es

más, llegué a amar ese castigo. Esa soledad era mi fortaleza.

Dije: mi casa soy yo.

Ahora estoy desnudo, deambulo, abro cuando hay que

cerrar, guardo vasos vacíos en la heladera, la gata no me

reconoce (creo que hay momentos en que ladra), Nina

Simone canta para vos. Y me pregunto quién soy, cómo me

llamo y dónde queda mi casa.

 

--

 

En la literatura, como en la vida, el que se siente sorprendido

es porque no estuvo atento a los indicios.

 

--

 

Las mujeres pasan, el arte queda, pensó el pintor mirando el

movimiento de la calle por la ventana de su taller.

La modelo aprovechó para cubrirse e ir al baño.

 

--

 

Paciencia y astucia, se dicen los que esperan milagros en los

que no creen.

 

--

 

La poesía va delante de mí. Como siempre. Nunca la alcanzo.

 

--

 

Cada noche, al dormir, nos preparamos para el oficio mayor,

el que necesita más entrenamiento.

 

--

 

Ningún resultado mejora la oscura e incierta dicha de la víspera.

 

--

 

Nadie habla de los cuerpos sin ser mirado con recelo.

 

--

 

Repaso fotos viejas que aún me representan. Han cambiado

muchas cosas, el tiempo hizo su trabajo sin indultos ni

crueldad.

Al rato reconozco todas las camisas que conservo en distintos

grados de buen uso. Y la sonrisa ese lazo tendido entre

labios y mirada creo que también anda por allí en cajones

del ropero al abrigo del invierno

de los otros.

 

--

 

El funambulismo es arte de poetas. Caerse de un tobogán o

de un par de palabras es un fracaso estético.

El poeta, como los gatos, hace una pirueta en el aire y

eterniza el instante.

 

--

 

La poesía es un toro de lidia en el ruedo, solo, vestido con

su traje de luces

 

 

   Construcción del día (IV)

 

Es temprano

y esculpo una manzana

en la cocina.

La escasa luz

de invierno

empieza a filtrar

por la ventana

sus lentos pinceles.

La manzana

puede ser pez

magnolia

cerebro

granada

pero es el alba

y es mejor

que el barrio

siga descansando.

Me como

la granada

antes

de que estalle.

 

 

   Alto en el surco

 

Tuvo que ser así.

Tomé la sartén

por el mango

y se lo dije:

Me gustás mucho

y me parece

que te quiero.

Y ella, sin inmutarse,

respondió:

Yo también, tonto,

si no, ¿por qué

te creés que estoy acá

desde hace ocho años?

A mí solamente

me salió:

Claro, tenés razón,

no lo había pensado.

Y seguimos cosechando

los tomates.

Los pibes ayudaban

tan chiquitos.

 

(Los textos de “Indicios” son tomados de “Registros de hora prima”, con fotografías de la serie “Nocturna”, de Catalina Boccardo, Ediciones La Carta de Oliver, Vicente López, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 2014. Los poemas que siguen son de “(teclados)”, El Suri Porfiado Ediciones, Buenos Aires, 2010. Raúl Artola nació en Las Flores, provincia de Buenos Aires, en 1947, y está radicado en Viedma, provincia de Río Negro, Patagonia argentina. Además de estas dos obras, publicó “Antes que nada”, en 1987; “Aguas de socorro”, en 1993; “Croquis de un tatami”, en 2002. Es el compilador de “”Poesía/Río Negro, Antología Consultada y Comentada”, cuyo primer volumen publicó el Fondo Editorial Rionegrino en 2007, en tanto el segundo volumen será puesto en circulación en 2015. Es también narrador, editor, periodista y docente).

 

 

   Fabla viril

 

Pasolini me ha hecho leer y yo lo quiero

como al padre que nos señalaba la página perfecta

los canales venecianos y el capitel corintio

la belleza de la rama de glicinas

que cae sobre el muro y evocamos

una mañana neblinosa al ir a clase

sin saber la lección

las manos ateridas y los pies mudos

sobre las baldosas húmedas, desparejas.

Me hace leer Pasolini esa página

y yo le agradezco en silencio

acompañado por su sombra

y su mirada de padre que no quiso ser patrón

pero voló por olímpicas alturas.

Me contagia un ensalmo evolvente

para soportar el recuerdo

de aquellas mañanas impiadosas

y los atardeceres turbios

de regreso a la casa del amor arrinconado.

Y Pasolini no estaba todavía

para decirme: muchacho,

esto pasará, ya tendrás

tus horas de sueño y de vigilia ensoñada,

aguanta el invierno de la infancia,

yo te miro y a mi modo te cuido.

Y aunque no lo dijera aún

yo oía su voz en otras bocas,

en el aire adverso

se abría un canal amistoso

con el piano que me devolvía

una paz ignorada,

rescoldo que siento en mi pecho

tantos años después.

 

 

   El eco del espejo

 

Como el preso que barrena

el fondo de su celda

y no halla nada

no hace el túnel no ve luz

se cansa solamente

y ni una mano vieja

encuentra en la tarea.

 

Como el minero con su pico

que abre paso en roca viva

por metal o piedras o carbones

sin descanso ni agua ni alimento

hasta que baja el sol

y se fatiga.

 

Como el hombre vencido

por algunas cuestiones con la vida

que rema una chalupa

en el desierto

y no hay brazos que alcancen

para mover esa madera

seca y clavada

en el sueño del agua.

 

Como el niño que besa el vidrio

del espejo y cree que besa

a un niño que se le parece

demasiado para ser real

y siente que el frío

de tan pulida superficie

es peligroso como el hielo.

 

Cae y golpea la nuca

en una silla y no hay nadie

y el grito que sale de su boca

no se oye no es un grito

es el espejo que repite

el beso como un eco

de los remos en la arena

como el pico del minero o del preso

que retumba en la nada

de la inmensa soledad.

 

 

--

 

El revés de un formulario:

tentación para la poesía.

El que resiste

sangra por la herida.

 

 

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