• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
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    Amar es ser verbo en todos los tiempos
  • @SIELALSOYYO
    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
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    La poesía también es presagio
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  • @z_zyanya88
    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Las Palabras son Islas

 

   El título de esta selección de poemas toma el del libro homónimo de Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1999.

 

   Omar Pérez López

 

 

   Contribuciones a una idea rudimentaria de nación

 

En las volátiles noches de un invierno

que la naturaleza convalida con magnanimidad

el cubano se entrena para la diversión o para la amnesia,

muy injustamente se supone a veces que son la misma cosa

lleva dulces a Dios, fermenta los dialectos

combate la cirrosis con frutos en almíbar, hace comercio;

se dictamina entonces que El Cubano inventa.

En las pesadas coreografías de un verano

que la naturaleza autoriza, ya, con suspicacia

va el cubano hasta el océano con ofrendas y arpones,

muy injustamente se supone a veces que son la misma cosa

enumera con los dedos las bajas, ejerce la infracción

lleva las manos a los bolsillos, jura y compromete;

se diagnostica entonces que El Cubano inventa.

Asistamos al territorio improbable

Donde el cubano y El Cubano conversan viril, pastosamente

allí conoceremos en qué travesías, en qué extraños parajes

en qué trueques

hemos contraído tanto ingenio.

 

 

   Emilio García Montiel

 

   Un día de inocencia

 

Yo recuerdo a los hombres en el momento mejor de su caída.

Cerca ya de la noche.

Cuando apenas se advierte una sombra, una nostalgia, un temblor

     hacia el fin.

Yo los recuerdo en días apacibles:

hechos sobre un pasado o de extraña lucidez.

Graves por la confianza o por la fama, o tal vez por el tiempo.

Pero nunca en la gloria.

La gloria es vanidad para creer que somos fieles, que alguna vez

     lo fuimos.

Tampoco en la tristeza.

Porque nada es peor que la tristeza para engañar a un hombre.

Yo los recuerdo en días apacibles:

Loados o innombrables bajo tanta blasfemia.

Doce o treinta y seis: ¿a qué dios pertenecen las jugadas?

¿A qué dios suplicar no ser ni héroes ni traidores?

Alguna vez estos silencios ya no tendrán sentido.

Alguna vez sobre mis ojos el temor se hará inútil.

Sé que habrá un día –un día de inocencia- en que no me será

     dado decir más.

Yo lo bendigo, igual que a esas mujeres que tendrás mis palabras.

Que sabrán murmurar: “ha hablado de los hombres en días

     apacibles”.

Igual, a los amigos, que cubrirán mis versos con su rostro.

Para bien –o para mal- mucho les pertenece.

Yo recuerdo a los hombres en el momento mejor de mi caída.

En el momento de llamarme con simpleza Juan o Rey.

De no sentirnos héroes ni traidores.

De no llegar al fin.

 

 

   Ramón Fernández Larrea

 

 

   Poema transitorio

 

                                       A Víctor Rodríguez Núñez

 

Es difícil vivir sobre los puentes

 

Atrás quedó la negra boca el odio

y no aparece el esplendor

esto es también el esplendor

pero tampoco

 

La cegadora luz siempre estará más adelante

La cegadora luz siempre estará

su nido está en la punta

hacia allí van tus pasos. No te detengas

no te detengas no

o el vértigo hundirá su temblor en tus ojos

la cegadora luz siempre estará ante ti

hacia allí va tu sangre pero no la verás

 

Es difícil vivir sobre los puentes.

 

 

   Generación

 

nosotros los sobrevivientes

a nadie debemos la sobrevida

todo rencor estuvo en su lugar

 

estar en cuba a las dos de la tarde

es un acto de fe

no conocía mi rostro el frank con su pistola

 

yo tampoco he soñado la cara

de quien va alegremente a joder en mi cama

en mi plato sin la alegría que merece

o que merecería si soy puro

 

viejo tony guiteras el curita los tantos

que atravesaron una vez la luz

no pensaron que yo sería ramón

sudaron porque sí porque la patria gritaba

porque todas las cosas estaban puestas al descuido

 

este es mi tiempo de alambre y beirut

de esa bomba callando

era verdad lo que juanito dijo

la felicidad es una pistola caliente

un esplendor impensado una rosa

todos tenemos alguna estrella en la puerta.

 

 

   Mirta Yáñez

 

 

   Hermano Quiroga

 

Nunca más el perfume excesivo de la costumbre,

se dijo el poeta renegado,

fuera con todo, cueste lo que cueste.

Fuera el consuelo de las certidumbres,

el lecho para dos,

las sucesivas generaciones

siguiendo una diáfana regularidad;

nunca más los refugios de la tolerancia

como sobras de la ciudad corrupta,

se dijo, hurgando en sus hambres, el poeta violento, el asesino,

el presunto suicida.

Fuera, fuera todas las afrentas

(como aquella de sentirse un mimado de los espurios dioses,

él mismo casi a punto de convertirse en un endeble diosecillo);

no, y mil veces no,

se dijo el poeta herético,

no a la urbe, no al corrillo,

no a las buenísimas maneras,

no a la belleza acatada por la mayoría

se dijo de una vez y por todas

el poeta irreverente, el célibe,

hundido de cabeza en su huraño destino,

en la brisa salvaje,

de la selva ancestral,

en la ulcerante libertad del animal solitario

que defiende sus escasos dones.

 

(De “Las palabras son islas, panorama de la poesía cubana siglo XX, 1900-1998”. Selección, introducción, notas y bibliografía a cargo de Jorge Luis Arcos. Consultantes: Cintio Vitier, Fina García-Marruz, Roberto Fernández Retamar, César López, Guillermo Rodríguez Rivera, Enrique Saínz y Ricardo Hernández Otero, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1999. Omar Pérez López nació en La Habana, en 1964. Al momento de la edición de esta antología había publicado “Algo de lo sagrado”, en 1995. Emilio García Montiel nació en La Habana, en 1962. Al momento de la edición de esta antología había publicado “Squeeze play”, en 1986; “Cartas desde Rusia”, en 1988; “El encanto perdido de la fidelidad”, en 1991. Ramón Fernández Larrea nació en Bayamo, en 1958. Al momento de la edición de esta antología había publicado “El pasado del cielo”, en 1987; “Poemas para ponerse en la cabeza”, en 1989; “El libro de las instrucciones”, en 1991; “Manual de pasión”, en 1993; “El libro de los salmos feroces”, en 1994. Mirta Yáñez nació en La Habana, en 1947. Al momento de la edición de esta antología había publicado “Las visitas”, en 1970; “Las visitas y otros poemas”, en 1986; “Poemas”, en 1987, y “Notas de clase”, en 1989).

 

 

   Delfín Prats

 

   Abrirse las constelaciones

 

                                               A Cintio y a Fina

 

                                               “el héroe permanece…”

                                                                                 R. M. Rilke

 

no los reduzcas

                      al espacio

demasiado estrecho de tu verso

(tu verso es un árbol

                      alzado en mitad de la sabana

contra el que se cierne

                      la apretada soledad de la noche)

 

no los encierres en tu casa

(tu casa es un refugio

                      y sólido

pero en su hondura

persistentes resuenan

ecos de pasos y voces ancestrales)

 

no los reduzcas tampoco a la ciudad

(el verso la casa la ciudad

son límites muros que será preciso violentar

para escapar al aire más vasto de la isla)

 

la isla es el compendio     en fin

de tu verso tu casa y tu ciudad

pero no los restrinjas a la isla

ellos se asomaron mucho más allá

ellos vieron

                  del otro lado del horizonte

abrirse las constelaciones

           

 

   Raúl Rivero

 

   Matar a un poeta

 

Es muy hermosa la muerte de un poeta

Lo recuerdan sus viudas

más piadosas

Hay muchas flores

y ofrendas oficiales

y los compinches de bares y cantinas

lo evocan en las barras habituales

con oleadas de rones melancólicos

 

Es excelente la muerte de un poeta

Porque podemos recordarlo

con poéticos discursos

donde se disimulan con tinta de notario

las odiosas manías que acosan a esos seres

 

Un poeta muerto permite que miremos

condescendientemente sus atrocidades

Se le perdonan los escándalos públicos,

su amor por los aviones comerciales,

el abandono de sus hijos,

la fidelidad a los alcoholes

y su vocación de perdulario

Las pocas irreverencias permitidas

se convierten en leves pecadillos

y las dudas, los traspiés,

esas borrascas,

la sospecha, lo oscuro, lo sombrío

bajan en el ataúd con él

prendido en el alfiler de la corbata

 

Es maravillosa la muerte de un poeta

Enseguida surgen testimonios redactados

por un íntimo enemigo

y los atribulados editores de revistas

garantizan el número que viene

Tenemos además

un nombre nuevo

para instaurar un premio literario

y otra fecha para relleno en los periódicos

 

Una muchacha de provincia

ajada y sin jardín

por unos versos malos

en su caja de música

llora el viernes como nunca

por el destino

de la protagonista de la telenovela

 

Pero es bellísima la muerte de un poeta

porque la muerte es una celada del amor terrestre

Cuando se ha muerto un poeta

siempre hay alguien alegre

en una estancia deshabitada de ternura

 

Es imprescindible la muerte de un poeta

porque sus cantos a la patria se liberan

y quedan fuera del dominio autoral

los poemas que escribió a sus mujeres

Claro

es mucho más difícil

abandonar con naturalidad las rosas secas,

visitar el zoológico

y cortar los crisantemos,

recoger los vidrios,

mirarse en los espejos

y ocultar en las gavetas

o en otros intersticios los amores frustrados

 

Pero siempre es mejor un poeta muerto

Nos queda limpia toda su poesía

y nos libramos del conflicto diario

de convivir con un hombre que ama la vida

desastrosamente

un hombre que no quiere la muerte

ni en poesía.

 

 

   Miguel Barnet

 

    El poeta en la isla

 

Ni caimán oscuro,

ni caña vertical, mitológica,

ni Ochún nadando en las aguas doradas del sueño,

ni Santa Bárbara ardiendo en la noche del amor,

en la imborrable noche de los sexos

Ni la Giraldilla inmóvil

hacia el más remoto de los puntos cardinales,

ni la Avenida del Puerto empujando las aguas

hacia no se sabe dónde

Sino el fondo retador,

la cavidad arenosa de la Isla,

preguntando por mí,

buscando una respuesta mía

 

 

   Che

 

Che, tú lo sabes todo,

los recovecos de la Sierra,

el asma sobre la yerba fría,

la tribuna,

el oleaje en la noche

y hasta de qué hora se hacen

los frutos y las yuntas

 

No es que yo quiera darte

pluma por pistola

pero el poeta eres tú

 

(Del libro ya citado. Delfín Prats nació en Holguín, en 1945. Al momento de la edición de esta antología, había publicado “Lenguaje de mudos”, en 1970; “Para festejar el ascenso de Ícaro”, en 1987; “Abrirse las constelaciones”, en 1994. Raúl Rivero nació en Ciego de Ávila, en 1945. Al momento de la edición de esta antología, había publicado “Papel de hombre”, en 1969; “Poesía sobre la tierra”, en 1972; “Cierta poesía”, en 1981; “Corazón que ofrecer”, en 1981; “Poesía pública”, en 1983; “Escribo de memoria”, en 1987; “Herejías elegidas”, en 1998. Miguel Barnet nació en La Habana, en 1940. Al momento de la edición de esta antología, había publicado “La piedrafina y el pavorreal”, en 1963; “Isla de güijes”, en 1964; “La sagrada familia”, en 1967; “Carta de noche”, en 1982; “Orikis y otros poemas”, en 1980; “Mapa del tiempo”, en 1989; “Viendo mi vida pasar”, en 1989; y “Con pies de gato”, en 1994).

 

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