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    La luna borra su forma y yo sigo buscando semejanzas
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    El viento es una armónica de mil tonos
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    El que vive a solas con la poesía anda descalzo porque no cree en las heridas

Asidos a la tierra

 

 

   FRANCISCO RUIZ UDIEL

 

   Deja la puerta abierta

                                              A Claribel Alegría

                                              Su Majestad

 

Deja la puerta abierta.

Que tus palabras entren

como un arco tejido por cipreses,

un poco más livianas

que la ineludible vida.

Lejos está el puerto

donde los barcos de ébano

reposan con tristeza.

Poco me importa llegar a ellos,

pues largo es el abrazo con la noche

y corta la esperanza con la tierra.

Donde quiera que vaya

el mar me arroja a cualquier parte,

otro amanecer donde la imaginación

ya no puede convertir el lodo

en vasijas para almacenar recuerdos.

Me canso de despertar,

la luz me hiere cuando ver no quiero.

El viaje a Ítaca nada me ofrece.

Si hubiera al menos un poco de vino

para embriagar los días que nos quedan

embriagar los días que nos quedan

que nos quedan.

 

   En qué lugar bordará su vestido

 

En qué lugar bordará su vestido

la muchacha que soñaba

con jarrones verdes,

su amargura deshecha

en la escritura.

 

Dónde y junto a qué árbol

amarra su sombra; ay, animal

de cada uno en la sangre del otro,

gota de soledad, hoja cetrina

que guardaba como escapulario

en sus cabellos la historia,

los desamores náufragos en sus ojos.

 

Cuál era su nombre asido a la hierba,

qué sustancia disuelta

creció en la tempestad del arco.

 

Cómo se hacía llamar la muchacha

que caminó junto a mí con el semblante absorto,

callando, ahora sé, la lluvia tras sus parpados.

 

Cómo se hacía llamar la que se olvidó de sí,

la huella desprendida, cigarra enmudecida.

 

Yo, que aprendí a guardar sus dolores

no pude despertarla de su tiniebla,

por temor, por no saber

que era mi nombre lo que buscaba.

 

Y llegué a escuchar la huida del ciervo,

el vaso roto y la llama que va quemando

el paso de las flores secas.

 

De ella sólo me queda la cicatriz del agua,

la columna de cera y un olor

que adormece junto a las limonarias.

 

(De “Ad ora incerta, traducciones 2007-2013”, con traducción y notas de Tomaso Pieragnolo, libro electrónico disponible en http://www.larecherche.it. Esta antología de poetas centroamericanos y mexicanos traducidos al italiano incluye a Francisco Ruiz Udiel, Norberto Salinas, Ana Istarú, Adriano Corrales, Rodolfo Dada , Osvaldo Sauma, Magda Zavala, Gloria Gabuardi, Carlos Villalobos, Carlos Calero, Arabella Salaverry, Simon Zavala, Teresa Melo y Xavier Villaurrutia. Francisco Ruiz Udiel nació en Estelí, Nicaragua, en 1977, y murió en Managua, en 2010. El desarrollo de su actividad literaria estuvo vinculado desde el comienzo con Claribel Alegría. En 2005 ganó el premio internacional Ernesto Cardenal de Poesía Joven, por su obra “Alguien me ve llorar en un sueño”. Luego publicó “Retrato de poeta con joven errante” y “Memorias del Agua”. Poemas suyos fueron incluidos en varias antologías).

 

   ANA ISTARÚ

 

   Mi único pájaro

 

Hoy llevo puesto

mi vestido tierno.

Y la casa está dorada

como un jarro de miel.

Hoy,

cuando el cielo ascendía de nuevo

sobre mi árbol

he arrancado de un soplo

el único pájaro que tenía.

Cuando se alejaba,

parecía que el alma se me llenaba de plumas.

Y un solo pájaro atravesó la mañana.

Debe de estar desangrándose

en el tejado oscuro de tu casa.

Esta mañana el único pájaro

que me quedaba

se ha roto hasta apagarse,

aurora que se desgarra.

Esta mañana,

cuando el sol

sembraba de margaritas

todos los rincones.

Tu puerta estaba cerrada.

 

(De la obra ya citada. Ana Istarú, seudónimo literario de Ana Soto Marín, nació en San José, Costa Rica, en 1960. Publicó un primer libro de poemas cuando tenía 15 años, “Palabra nueva”.  Se graduó en artes dramáticas y en 1983 fue premiado su libro “La estación de fiebre”, publicado en España por Visor. También es dramaturga y actriz; en 1990 recibió el Premio Nacional a la actriz debutante. Poemas suyos fueron traducidos al francés). 

 

   RODOLFO DADA

 

Mi infancia,

costa poblada de pájaros y peces,

pequeños ermitaños caminando en las bolsas,

paso tras un cardumen,

mariposas azules,

medusas encalladas en la playa como barcos en ruina

Mi infancia,

un mar vaciado con un vaso,

tronco amarrado a voces de un naufragio.

 

Sólo la lluvia recuerda al mar en esta ciudad.

Infancia anclada entre fósiles, piedras,

peces en las vitrinas.

Presiento un mar ahogado

en la intimidad de las almejas.

Saco mis manos

busco la sal y no la encuentro.

Los pequeños caracoles se han ido,

el pulpo, los peces de arrecife,

mis pasos de niño detrás de los jureles.

Me adhiero a la roca como un alga,

abro las branquias y me ahogo.

Intento asir el esqueleto del mar.

 

Camino una calle que no existe.

Lo único que tengo se desliza,

gota a gota entre los dedos.

La gloria de otros años no es la sal

que ahora me conmueve.

Vi una ciudad, lo juro,

un café perdido entre sitios difusos

poblado de amigos y muchachas.

Vastedad donde una barca azul

sólo es visible en la tormenta.

Es una cárcel inmensa esta ventana.

Donde un pulpo desliza sus tentáculos

y un pez otea desde el vidrio

mi diminuto espacio.

 

(De la obra ya citada. Rodolfo Dada nació en San José en 1952. Publicó “El abecedario del yaquí”, en 1981 y “La voz del caracol”, en 1988, obras incorporadas al programa educativo de su país,  y “De azul el mar” y “Cardumen”, ambas en 2004, entre otros. En 2004 obtuvo el Premio Nacional de Poesía. Textos suyos fueron incluidos en antologías hispanoamericanas).

 

 

   GLORIA GABUARDI

 

   Observando a mi hija cuando baila

 

                                      A mi hija Gloria Marimelda Blanca Fernanda,

                                      bailarina de mis sueños.

 

Mi hija cuando baila es ángel,

Sheherezada, Mandolina, Diosa de luna,

Maga de la Luna y de la Noche

figurita colorada de Kandinski

envuelta en gasas, sedas y tafetanes crujientes

al ritmo del vuelo de una mariposa

y sus pies, uno, dos, tres, pies de ICARO

marcando el paso y alzando el vuelo

muñequita de cuerda

en lluvia de estrellas

que cae sobre las piernas, brinca, salta,

sus pies, su memoria y su recuerdo,

vuela igual que saeta,

dá giros, uno, dos, tres,

giros y vuelve al vuelo

con los hombros nerviosos, como olas de mar,

cintura en constante rotor,

danza en el vértigo del caos,

choque de olas contra las piedras,

choque y movimiento de huesos

alfarera de la vida y de la muerte

danza anidando su cielo

increpando lo oscuro de la noche

que no deja ver, oir

el ritmo feroz de la danza

danza primitiva ancestral

comanda a sus amigas

las alerta, grita: las mujeres aran la tierra

el espíritu del baile la atrapa y la transforma

como hechizo y como embrujo:

las mujeres defienden la tierra

se transforma en guerrera,

ángel de la guarda protegiendo las estrellas

danza en primitivo movimiento ancestral:

uno, dos, tres, cuatro, vuelta,

la tierra, la tierra nuestra, de los hijos

de los míos, a su defensa gira y gira

empuña el palo, su espada, su machete

lo alza, lo lanza, lo clava en la tierra

al ritmo del calor, del color, del tambor

danza primitiva ancestral:

los hombres se fueron a la lucha

las mujeres en la danza defendiendo

el arado, la tierra que chorrea sangre,

la tierra de los hijos

la tierra de los ancestros

luego husmea, siente el peligro, es un lince

danza, brinca, se agacha, lanza el palo,

remolino de sedas, cintas, sudor y llanto

giros y mas giros, vuelos de pájaros

hasta quedar extenuadas, jadeantes,

trasmitiendo, bailando, el sentido de su danza

ruidos de pájaros, trinos, voces ahogadas

en los vientos huracanados que impulsan la danza

hasta el fin

 

(De la obra ya citada. Glora Gabuardi nació en Managua, en 1945. Tras graduarse en Derecho padeció el exilio en México, entre 1974 y 1979. Publicó “Defensa del amor”, en 1986, y “Mástiles y velas”, en 2005. Poemas suyos fueron traducidos al alemán, italiano y rumano. En 2004 se incorporó a la comisión directiva del Festival Internacional de Poesía de Granada. Desempeñó funciones diversas en el gobierno de su país).

 

   TERESA MELO RODRÍGUEZ

 

   El temblor

 

En la tierra breve que desgrano

flores de cedro, helechos, abedules:

signos de la transformación.

La gacela de ayer

maúlla en mi caricia

en el sitio cálido de las ropas de sal.

Flores de cedro

que no son la mesa olorosa, la silla torneada.

 

La mariposa que conoce los cielos aneblados

vuelve pez su sueño para amar al pez:

aman los peces transfigurados

a la luz de la vela.

 

Son éstas las canciones que canto en la oscuridad.

Otros serán los cantos de la luz

en la voz de mi hija.

Ella no conocerá a los hermosos ahogados

sosteniendo la plataforma marina de la isla.

Ella buscará otra explicación

tan cierta como esta, tan inútil para describir.

 

Signos de la transformación

agua en canasta es nuestro conocimiento:

escurre por los entresijos de la paja

y vuelve al sitio mineral.

 

Son las canciones que canto en la oscuridad

para nombrar al hombre

su vanidad espejando,

sus tres metros demás.

La poesía nos viste de diosecillos,

totems.

 

Guardo el poema. Al poeta

lo acuno junto a los hermosos ahogados

para calmar su llanto infantil

su soledad, su terrenales miedos.

 

(De la obra ya citada. Teresa Melo Rodríguez nació en Santiago de Cuba, en 1961. Publicó “Libro de Estefanía”, en 1990; “El vino del error”, en 1998; “Yo no quería ser reina”, en 2001; “Las altas horas”, en 2008. Asimismo, el libro de poesía para niños “El mundo de Daniela”, fue publicado en 2006. Recibió varios premios y menciones, entre ellos el Nacional Nicolás Guillén 2003 y el de la Crítica en 2004, y fue responsable de numerosas antologías).

 

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