• @nimarlu
    De tristezas que no dejan costura por reventar y de otros amores impensables
  • @L0laM0ra
    Suelen anidar las ilusiones en la tímida noche buscando la última estrella
  • @monarcamanni
    Lo que nos rompa primero: el olvido o una canción
  • @Anadimeana
    Algunos inundan puentes y ventanas, otros llueven estrellas: cada palabra con su mano vuela
  • @xhuvia922
    Las esponjas del mar borran el horizonte
  • @nancyeldarjani
    El tiempo es un olor cuando llueve
  • @DeNegraTinta
    También te quiero a deshoras
  • @DLobosyQuimeras
    Barcos de papel en dique seco
  • @LaPetit10
    Yo ya no quiero sueños intocables
  • @BlueDement_
    El día que te conozcas, vas a enamorarte de mi
  • @RecMaria
    El tiempo matará lo que no defiendas
  • @EstebanPerezsan
    Duermes en lo que escribo/ y lees en lo que sueño

Pisar las calles nuevamente

 

(Poetas chilenos reunidos en el libro “Veinticinco años de poesía chilena, 1970-1995”, es decir poemas que en su gran parte fueron escritos durante el período en el que el país fue asolado por la dictadura del genocida Augusto Pinochet, que asaltó el poder el 11 de septiembre de 1973).

 

    JOSÉ ÁNGEL CUEVAS

 

   Selección

 

Para qué quiero otro amor?

para ir carreteando por Gran Avenida sin un peso

y hablarle del Tiempo de la UP

revolverme en estos 15 años

sacando mugre

                   del Tarro

 

            emborracharme y gritar en Tugurios

            empapelados con banderas chilenas

                                                      polietileno

                                                    poliuretano

 

pasar por la Alameda a las 3 de la mañana

cuando todos se hayan ido las muchedumbres

                                             cubiertas de smog

                                                        y duerman.

 

Para qué quiero otro amor?

      para llevarla a comer pescado frito

      y sentarnos a mirar los pájaros sin

      un peso para hotel

      un peso para bailar apretados, hasta que amanezca.

 

 

   El largo y tortuoso camino

 

Desde allí sentado

con el fonógrafo a mis pies, en medio de la foto

los miro.

 

Todos ríen, saltan, beben.

 

Veo amanecer

                                  Las calles se retiran

             Yo me voy por año 73, cantando

entre la multitud

 

Me saco el sombrero y saludo a la población

     que pasa camino de la muerte.

 

 

   Compatriotas

 

Seguir donde mismo / rodando

sobre el universo

 

en esta calle sucia y maloliente

no hay ilusiones

 

el desencantado busca reencantamiento

en el ruido del mar / los árboles lejanos

mujeres semidesnudas

 

No hay signos de que el Reino de Dios

se haga en la Tierra

 

ni de retomar el camino al socialismo

 

deberemos estar así no más

solos, tranquilos

 

pero no sujetos a esas locuras suicidas

ni ser arrastrados por el arrebato

de los barrios en armas

ni proclamas

 

Se ha puesto muy tranquila esta calle

tenemos muchos años para descansar

 

la clase obrera se disolvió / el campesinado

para sí, no existe más

los estudiantes se entregaron al principio

del placer

 

tenemos muchos años para estar tranquilos

 

después del alto precio,

casi una vida recibiendo bazofia

en fin,

 

mi familia ya está grande, de seguro

cada cual partirá por su lado,

 

quizás este hablante se vaya del país

a pensar

sobre unas montañas mirar el universo

rezar por todos los antiguos compatriotas

o ex compatriotas.

 

  

   ALEJANDRA BASUALTO

 

   Guayacán

 

Esos días se me van quedando a oscuras,

ocultos bajo el polvo, diseminados

por nueva servidumbre. Otra luna

esparce hoy las cenizas de su vieja mano.

 

La noche traía caballos repentinos

que me llamaban desde la ventana:

sus terribles ojos horadando los postigos

y su respiración sobre mi almohada.

 

Tras el muro un jinete sombrío

desvelaba los sueños de la medianoche

y en el viento sembraba los signos

que en la niñez las penumbras recogen.

 

A veces los piratas rondaban por la casa

y un olor a barcos subía las colinas

y yo sabía –y sé- que allá en la playa

todavía buscan la luz escondida.

 

Entonces despertaban los naranjos

y el perfume de diez mil estrellas

me temblaba en la palma de la mano,

cuajando en el lecho mi mitad de tierra.

 

Las madrugadas son ahora silenciosas,

los árboles dialogan en secreto;

pero a veces, debajo de las sombras,

vuelvo a encontrar aquel antiguo miedo.

 

 

   EUGENIA BRITO

 

   Ronda

 

   Ahora comprendo mi piel y mis huesos

el tañido funerario de todas mis canciones

 

      el blanco color opaco de mi espejo

              la oquedad de mis sienes.

 

Yo soy la madre     vengo desde la altura

 

                    He perdido a mi hijo

                       y soy su tumba.

 

--

 

Alzo mi copa

y bebo

a plenitud

la desorganizada sed de mi venganza

A la salud de un hombre que nunca tuvo nombre

 

(De “Veinticinco años de poesía chilena, 1970-1995”, compilación a cargo de Teresa Calderón, Lila Calderón y Tomás Harris. Colección Tierra Firme / Poetas Chilenos, Fondo de Cultura Económica, Santiago de Chile, 1996. Los compiladores dicen en el prólogo que intentaron reunir expresiones de todas las tendencias poéticas vigentes a fines de los años 90. José Ángel Cuevas nació en Santiago, en 1944. Comenzó a publicar en 1979, con “Efectos personales y dominios públicos”. Había comenzado a estudiar Derecho, pero se sintió incómodo en ese ambiente que definió como “burgués”. Fue premiado por la Federación de Estudiantes en 1971 y 1972; por la Asociación Gremial de Educadores de Chile; y por la Municipalidad de Santiago. Fue finalista del Premio Altazor en 2006 y 2013. Alejandra Basualto nació en Rancagua, en 1944. Comenzó a publicar en 1970, con “Los ecos del sol”. Egresada en Literatura y doctorada en Literatura Latinoamericana. Desde 1988 dirige la editorial La Trastienda. Poemas suyos fueron traducidos a varios idiomas. Es también narradora, y obtuvo varios premios. Eugenia Brito nació en Santiago, en 1950. Comenzó a publicar poesía con “Vía Pública”, en 1984. Es profesora de castellano, licenciada en Literatura y Master of Art de la Universidad de Pittsburgh).

 

 

   CLEMENTE RIEDEMANN

 

   Lo que pasa es que no puedes olvidarte

   de la Susy

 

Ya sé que le haces asco a la metafísica.

Por eso te carga mirar esas estrellas

que picotean los vidrios de tu ventana

cuando apagas la luz a las 2,27

después de leer la penúltima “Mafalda”.

 

Lo que pasa es que no puedes olvidarte de la Susy

que con su boca te hacía ver estrellas

que a ella misma se le salían de la boca

cuando la abría como ventana que da al océano

para cantar.

 

Por eso le haces asco a ese planeta

que se alejó de tu área de influencia

para ser ahora un punto de luz

en el cielito de tu pieza

cuando te quedas solo y oscuro a las 2,27

pensado en el Guille y la Mafalda.

 

 

   ÁLVARO RUIZ

 

   Arte poética

 

   1

 

La Poesía es un acto de transmutación

Un golpe desplazado

Que toca al hombre nacido bajo las Pléyades

Al hombre que hacia el azur

Mutatis Mutandis

Traspasa todas las zonas y las significaciones del dolor

Al caminante inmóvil, que es memoria genética

Por senderos imaginarios hacia el logro

Que es plenitud gestada en la naturaleza de una inteligencia universal

Es el verbo, la síntesis estética

Que narra los hechos de la observación

Hay flores que se suicidan por amor

Las he visto, se llaman Vallisnerias y en su corazón encierran una

     burbuja de aire

La alquimia, el aspecto químico en el origen de las ideas

La descripción de la centella, del Minotauro, a la palabra alfabetizada

Que es Dios de común amparo

La música el lenguaje la armonía

La cadencia de los sonidos naturales

Como el de las aguas en sus distintas manifestaciones

Éste es el río, éste es el mar, éste el riachuelo

O es el viento que sopla entre el follaje de los árboles

Contra un cielo de velada luz que ilumina las nubes

Por alta luna aparecida.

 

 

   2

 

Entonces el oficio recobra su oriente

Después de la estrella del poeta que ha nacido

Lo que es un continuo golpe a los sentidos.

 

 

   Con todo el olvido

 

Con todo el olvido la mortandad de las imágenes

diáspora-ciega o el recuerdo acribillado.

Cada vez que hurgo en la amnesia

asoma-emerge alta y delgada la voz otra eterna presidiaria.

Es ella que se levanta y dispara en el cielo.

Con todo el olvido las flores de los espinos.

Con todo el olvido cada guijarro y cada madero.

De este modo, desfilan la luz y las luces,

la sombra y las sombras de todos mis ciclos otrora

     estaciones.

En ellas me detengo y anudo las instancias al término.

Despojado de raciocinio.

Con todo el olvido me inclino y oro la madrugada

cuando la voz se levanta y otra vez dispara en el cielo.

 

 

   Mis amigos los muertos

 

Ocurre

que cuando atardece enciendo dos cirios

con ellos recorro la casa

donde cada cierta distancia

saludo a todos mis amigos los muertos

y ellos responden agitando en sus manos luminosas

     linternas

se inclinan levemente

y con hidalgas venias levantan sus sombreros

oh augustos mensajeros

son ellos mis amigos los muertos

a veces traen flores secas

con las que adorno esta extraña morada

traen cestas colmadas de frutos que no recuerdo

son ellos mis amigos los muertos

lentamente caminan por largos corredores

iluminando zonas oscuras y llenas de olvido

de este modo nos descubre el alba

gorjean las aves

con mi último aliento soplo los cirios

y solitario regreso otra vez al amanecer de la casa.

 

(Del libro ya mencionado. Clemente Riedemann nació en Valdivia, en 1953. Comenzó a publicar poesía en 1984, con “Karra Maw’n”. En la Universidad Austral de Chile estudió Antropología, Castellano y Filosofía. Estudiosos y críticos lo consideran una referencia de la denominada antropología poética, o poesía étnica-cultural. Obtuvo el premio Nacional de Poesía, en 1971; el del Consejo de Rectores de las universidades chilenas, en 1979; el de la Fundación Pablo Neruda, en 1990, y el Casa de las Américas, en 2006, por la obra “Coronación de Enrique Brouwer”. Álvaro Ruiz nació en Santiago, en 1953. Comenzó a publicar poesía en 1977, con “Dieciohco poemas”. Es docente de Literatura y Creación Literaria en la Universidad Católica del Norte, en la sede Coquimbo. Jorge Teillier escribió sobre él, a propósito de su libro “Casa de barro”, que Ruiz “es un poeta que sabe que la ignorancia es enemiga del canto, un poeta culto que no oculta su filiación y rinde homenaje -no tributo- a sus antepasados”.)

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