• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
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    Amar es ser verbo en todos los tiempos
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    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
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    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

amaramara, de Juan Gelman

 

AGRADECIMIENTO

 

El poeta argentino Juan Gelman, quien murió en México en enero, dejó escrita esta obra, “amaramara”, que acaba de publicarse en ese país. Las lamentables dificultades en la circulación de libros entre los países de América Latina, inauditas en un tiempo en el que todos los gobiernos proclaman interés en la integración entre los pueblos, hace impensable el acceso a esa obra por los lectores ubicados fuera de México en un plazo corto o mediano. Así, nuestro portal contó con la colaboración inestimable de dos generosos lectores de poesía para estar en condiciones de publicar los textos que siguen. Elizabeth Yoval, mexicana residente en Austin y participante habitual en nuestro portal, recurrió a Iván Pérez, en México, luego de un primer intento infructuoso por comprar el libro a través de Internet, y así los poemas llegaron a www.lapoesiaalcanza.com.ar. Los lectores que se interesen en estos textos de Gelman y los lean deben saber que ello es posible gracias al esfuerzo y a la generosidad de Elizabeth e Iván.

 

 

   Tiempos

 

Siempre te amo por primera vez.

Siempre te amo la primera vez.

 

 

   Debajo

 

Crujen las cartas que nunca te escribí.

Matan al perro

en mi memoria siempre.

¿Quién le da de comer? Una

anticipación de la mañana

talla tu rostro en mí. Respirás

a mi lado. En los agujeros

de lo que toca vivir hay

la marea del tiempo, lleva

dolores a su basura inútil. El sudor

del pasado golpea

su páramo roto, la

vida continua, los

pensamientos con plomo debajo.

 

 

 

   Lo que cava

 

La sangre corcovea

en todos los rincones, en

el alma superior, en su orgullo,

en los perros con olor a furia.

El ser amado convierte

la humillación en asombro y vengo aquí

para decir que te amo.

La emoción contra la pared

espera que la fusilen.

Nuestros cuerpos conocen esa pared.

Es una atadura del sol

que cavamos, cavamos.

 

 

   Lados

 

La idea se escapa, no quiere

la grasa de las palabras, ni

un espejo vano. Se parece a

tu cuerpo entre los árboles

de la calle Atlixco

un lado al otro del viento.

Viene y suspende

la pérdida, corta

los desabrigos, saca

día de mi rincón, no repite rostros,

nombra en silencio

los animales del azar.

 

 

    Puertos

 

De las cortadas de la vida

hay una que no se puede abrir.

Verano es ese día

que adora los pasados del odio.

Cuando soplan los vientos,

abriga y Eros

festeja el triunfo de su llama.

Palabra y muerte no se juntan.

Cae a pedazos la mirada restante

y todo se une menos

los sonidos del hambre.

 

(De amaramara, con presentación de José Ángel Leyva y reproducción de pinturas de Arturo Rivera, Colección Temblor de Cielo, La Otra, editada junto con la Secretaría de Cultura de Ciudad de México y la Secretaría de Educación del Gobierno del Distrito Federal, Ciudad de México, 2014. Juan Gelman nació en Buenos Aires en 1930 y murió en México, el 14 de enero de 2014. Obtuvo el premio Nacional de Poesía en 1997, el Cervantes 2007; el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2005; el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2005, entre otros. Algunas de sus obras son "Gotán", "Cólera buey", "Los poemas de Sidney West", "Fábulas", "Hechos y relaciones", "Si dulcemente", "Citas y comentarios", "Hacia el Sur", "La juntaluz", "Composiciones", "Anunciaciones", "Interrupciones 1", Interrupciones 2", "Violín y otras cuestiones", "Miradas", "Carta a mi madre", "Salarios del impío", "dibaxu", "Incompletamente", "Valer la pena", "Mundar", "de atrasalante en su porfía" y “Hoy”. Poemas suyos fueron traducidos al alemán, checo, chino, francés, holandés, inglés, italiano, japonés, portugués, sueco y turco. Arturo Rivera nació en Ciudad de México en 1945. En Nueva York, donde vivió ocho años, conoció al artista Max Zimmerman, quien lo invitó a trabajar con él durante un año, en Alemania. En los 80 regresó a México, donde continuó con el desarrollo de una obra conocida y celebrada en su país e internacionalmente. En la presentación de amaramara, el poeta mexicano Leyva explica que Gelman reunió los poemas “para establecer un diálogo de imágenes e intenciones” con Rivera. “El resultado –escribe- es un ensamble visual, gráfico, lírico en el que reconocemos el afuera de su emoción profunda”. También dice: “Gelman y Rivera hacen de la duda una certeza, un lenguaje común donde la ignorancia del porqué revela su destino”).

 

 

    Escenas de la guerra

 

Convierten al mundo en hospital,

quieren que no esperemos nada,

ni siquiera lo que no va a llegar y por

la curva del cielo pasa

tu rostro que llora.

Odios tristes, noche fría,

humillaciones del reloj.

Tu cuello es una rama erguida,

un corto exilio de la maldad.

Te beso allí donde volvés

a tu secreto. Crepitás

en días que sangran.

 

 

    Insistencias

 

En la amplitud del amor cabe

la insistencia en ser otro, eso

que despliega sus alas en la

repetición flotante de aguas mínimas.

Se autoborran las iras, aparece

la luz tocando su saquito

de espérames y andates. Se abre

el cristal de la noche encontrada.

Flores que dían con

la época de sucesos tristes.

No hay vacíos en esa escuela

de lo que nunca es pecho gris. Hay

rostros que van de espejo en espejo

para buscar su nombre.

 

  

   Arrabales

 

Ante tu voz se detiene el dolor.

Tu voz está muda, la

sombra mordida por los perros

es nuestra propia sombra y vive

al pairo de los besos,

cubre la pérdida con pliegues y

recordaciones que vendrán. La noche

no es una hermana acostada

con las manos vacías. Es tu ropa

que cae al suelo y se retira

a su aroma. Así venís

desde cualquier confín. El sur

está vacante, menos

tu hermosura que pasa por

mi avidez. Mojás

mi boca con tu vino justo.

Despertás arrabales

del amargo arrabal.

 

 

    Amparos

 

El aire, la roca, el péndulo, la

claridad de la noche

dan noticias del mundo que

nadie sabe leer. ¿Son ellas

para ellas, no más? Las sábanas

arrugadas del día

envuelven un fulgor cercado

por rostros que se acaba n.

Su solo amparo es

el deseo. 

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