• @karlisjar
    Los símbolos nunca callan, así nosotros nos hagamos los sordos
  • @EstebanPerezsan
    Duermes en lo que escribo/ y lees en lo que sueño
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    Del amor también se sale, muerto de latidos
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    La hora es un compás seguro

Brasil también es poesía (II)

 

   AFFONSO ROMANO DE SANT’ANNA

 

   El lector y la poesía

 

Poesía

            no es lo que el autor nombra

            es lo que el lector incendia

 

            No es lo que el autor pavonea

            es lo que el lector coge en la colmena

 

            No es el oro en la veta

            es lo que viene en la batea

 

Poesía

            no es lo que el autor da en la cena

            si no aquello con que el lector banquetea.

 

 

   Bandeira, tal vez

 

Las mujeres, qué manera de ser hermosas!

 

Creí

            que casándome con una de ellas

            penetraría de una vez ese misterio

            entre sus cabellos y sus piernas.

 

Falso. Mi mujer me abre la puerta

de su cuerpo

                        y me abisma

en un laberinto de espejos

 

Y es tan diversa y seductora

que la traiciono en ella misma

en un adulterio sucesivo

 

Qué sacamos con culpar al verano

                                   a la moda

                                   a la desnudez

lanzada sobre las playas

o al invierno

                        en la tibieza del vello

 

Lo cierto es que desde el tiempo de los sumerios

me extasío

ante el seductor misterio de las mujeres.

Por eso puedo contemplarlas toda la vida

o seis mil años,

-       sin fatiga

la belleza es un grito

            es un fruto

la belleza es un vicio

            una zambullida viva

-       en el infinito.

 

 

   LEDO IVO

 

   El oficio de vivir

 

Voy siempre más allá de mi mismo

en tu dorso, el verso.

Lo que no soy nace en mí

y, máscara más verdadera

que el rostro, toma apunte

de mis símbolos terrestres.

Imaginación! tu velo

envuelve humildes objetos

que en la sombra resplandecen.

 

Vestíbulo de lo informulable,

poesía, eres como la carne,

detrás tuyo existes.

Y las palabras son monedas.

Con ellas compramos todo,

el árbol que nace en el espacio,

y el mar que no escuchamos,

formas tangibles de un cuerpo

y la tierra en que no pisamos.

 

Si inventar es mi destino,

invento y me invento. Canto.

 

 

   La infancia redimida

 

La alegría, la creo ahora en este poema.

 

Aunque sea trágica e íntima de la muerte

la vida es un reino – la vida es nuestro reino

no obstante el terror, el éxtasis y el milagro.

 

Cómo te soñé, Poesía! no como te soñaron…

 

Me escondo en el bosque del lenguaje, corro por salas

de espejos.

 

Estoy siempre al alcance de todo, lleno de orgullo

porque el Ángel me sigue a cualquier parte.

 

Tengo un ritmo muy largo para alabarte, Poesía.

Mayor, sin embargo, era la orilla de la playa de mi pueblo

donde de niño inventé barcos antes de haberlos visto.

Mayor todavía era el mar

ante el cual todas las tardes yo recitaba poemas,

festejándolo con lágrimas en los ojos y a veces

sonriendo de pasión,

porque es algo grande descubrir el mar, verlo

existir en el mundo.

El mar de mi infancia, mayor que el mar de Homero.

 

Juego a esconderme de Dios, hago pactos con las

hadas

y con este aire de juglar mantengo querellas con la

muerte.

Después del otro lado, hay siempre un

otro lado nuevo a conquistar…

 

(De “Visión de la poesía brasileña”, edición bilingüe, con traducción de Ada Méndez y compilación de Thiago de Mello. Edición de la embajada de Brasil en Santiago, Chile, y de Ril Editores, Santiago, 1996. Affonso Romano de Sant’Anna nació en Belo Horizonte, en 1937. Se graduó en Lenguas Romances en 1961 en la Universidad de Minas Gerais y pocos años después comenzó a desempeñarse como profesor en California, Estados Unidos, y posteriormente desempeñó esa actividad en Europa. Entre sus obras publicadas figuran “Cubo de Tinieblas”, de 1948; “Leyenda y arena”, de 1950; “La poesía de la poesía”, de 1975; “¿Qué país es éste?”, de 1980. Obtuvo los premios Pen Club y el de la Unión Brasileña de Escritores, entre otros. Ledo Ivo nació en Maceió, en 1924, y murió en Sevilla, en 2012. Comenzó a publicar poesía en 1944, con “Las imaginaciones”, seguido entre otros por “Oda y elegía”, “Magias” y “Confesiones de un poeta”. Fue también novelista, ensayista y cronista. En 2009, con “Requiem”, obtuvo el premio Casa de las Américas).

 

 

   JOAQUIM CARDOSO

 

   Soneto de vidrio

 

Este ser que se compone de adyacencias,

Y de un cemento claro y matinal,

Tiene en sus nervios finas transparencias,

Se alimenta de luz. Habla cristal.

 

A través suyo manteniendo las apariencias,

De la limpidez es símbolo y señal;

Mi corazón, por esas excelencias,

En él se mira y se ve por igual,

 

En él se ajusta, así como derramada

Ola de anhelos vagos y dispersos

Que en un soplo dual júntase en verbo y vida.

 

Leyéndolo con precaución modesta y ágil

Tengan cuidado al seguir sus versos

Que este soneto es de materia frágil.

 

 

   Poema del hombre durmiendo

 

El hombre que duerme es un niño,

El hombre que duerme es más puro que un niño, es

un ángel.

Su rostro parece una noche de luna.

Él tiene en las manos el espíritu húmedo de un lago.

Él tiene bajo los ojos la sombra tranquila de las

cosas.

 

En el lecho en que duermo no quiero mujeres.

Ellas agitan mi cuerpo y perturban mis

sueños.

Para qué manchar así la pureza encantadora del

sueño?

 

El hombre que duerme está solo,

Vive en un mundo sólo de él, en un mundo diferente

Donde cualquier ley científica puede ser alterada.

El hombre que duerme conoce el milagro.

El hombre que duerme imagina paraísos.

El hombre que duerme es mejor que los muertos.

 

 

   HENRIQUETA LISBOA

 

   Restauradora

 

La muerte es limpia.

Cruel pero limpia.

 

Con sus paños de lino

-fámula- refriega las ventanas.

 

Tiene puños ágiles y esponjas.

Abre las ventanas, y el aire de precipita

inaugural al interior de las salas.

Había huellas digitales en los muebles,

granos de polvo en los intersticios de las cerraduras.

 

Sin embargo todo quedó como era antes de la carne

y su desorden.

 

 

   Sufrimiento

 

En el océano se integra (bien poco)

una piedra de sal.

 

Quedó el espíritu, más libre

que el cuerpo.

 

La música, harto más allá

del instrumento.

 

De la palanca,

su razón de ser: el impulso.

 

Quedó el sello, el remate

de la obra.

 

La luz que sobrevive a la estrella

y que la corona.

 

Lo maravilloso. Lo inmortal.

 

Lo que se perdió fue poco.

 

Pero era lo que yo amaba más.

 

(Idem libro ya citado. Joaquim Cardoso nació en Recibe, el 26 de agosto de 1897, y murió en Olinda, el 4 de noviembre de 1978. Además de poeta, fue cuentista y editor. Como ingeniero civil, colaboró con Oscar Niemeyer en la proyección de numerosas obras. Sus primeras poesías se conocieron en 1924. En 1946, poemas suyos fueron incluidos en una antología de la poesía brasileña a cargo del poeta Manuel Bandeira. También publicó “Poemas”, en 1947, “Poesías Completas”, en 1971, y “El interior de la materia”, en 1975. Henriqueta Lisboa nació en Minas Gerais, en 1904. Comenzó a publicar poesía en 1925, con “Fuego fatuo”. Siguieron, entre otras, las obras “El niño poeta”, en 1943; “Flor de la muerte”, en 1949; y “Más allá de la imagen”, en 1963. Fue también traductora y, en esa condición, publicó “Poemas escogidos”, de la chilena Gabriela Mistral. Murió en 1985).

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