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Spoon River en Argentina

El 2 de abril de 2013 un gran temporal afectó a la ciudad de La Plata, sesenta kilómetros al sur de Buenos Aires. Vastos sectores urbanos quedaron inundados, ya que el desborde de dos arroyos de la zona hizo que el agua alcanzara hasta dos metros de altura. Decenas de miles de personas estuvieron en peligro y al menos ochenta y nueve perdieron la vida, aunque el número total seguía un año después bajo investigación judicial, ya que las autoridades locales dieron números inferiores. La tragedia llevó a que el poeta y editor Julián Axat impulsara una antología con la intención de que la vida y la voz de las víctimas mortales fueran perpetuadas por poemas que llevaran su nombre. Esto dio lugar a “La Plata Spoon River”, antología inspirada en la obra del norteamericano Edgar Lee Masters, quien en un pueblo imaginario de Illinois traza una radiografía crítica y dolida de la sociedad estadounidense. En la “Antología de Spoon River” los poemas se presentan a modo de epitafio: la voz de cada habitante –el maestro, el banquero, el periodista, el granjero, la bailarina- surge desde el cementerio. En “La Plata Spoon River”, entonces, la voz es la de las víctimas mortales de la inundación. El título de los poemas es el nombre de esas víctimas. En esta selección, el nombre de los autores se incluye al pie.

 

   Nélida Reyes

 

Fui justa

Y

De mí

Se,

      Hecha agua,

      A la enceguecida

      Que no es

      Misericordiosa;

Dice,

de frente

Está bien, La Plata,

Ya estás libre,

Del peso de mí.

 

Ahora flota la injusticia

En tus veredas.

                        Llovió

                                 Abril como Santa Rosa.

        Julio los prepara

Agosto se los lleva.

 

Haya una piadosa

Voz para mí.

 

                                        (Emiliano Cruz Luna)

 

 

   Delia Susana Colonna

 

el brazo en alto

raspando

                    el techo

o la distancia

 

entre el cielo

                    y el hombre

 

 

las huellas son de otro diluvio

de otro arca

 

hundido.

 

                                        (Emmanuel Taub)

 

 

   Dora Romero

 

Un perro, una mujer

y las aguas. Sólo uno de ellos

gritaría las mareas,

tierra callada. Perro,

mujer y aguas. Uno de ellos

sería el más profundo

huyendo de la superficie

de la vida autorizada.

Aguas y perro, mujer

bajo los muebles viendo

toda la casa un río

mordido por lo negro.

Oír a quien se sumergió

y habla del naufragio

donde el poder navega.

Oír a quien naufragó

cuando la ciudad y las olas

ladraron confundidas.

Oír a quien se calló

sumergido y en la justicia

conoció el desierto.

 

                                        (Pádua Fernandes

                                         traducción de Aníbal Cristobo)

 

 

   Eutimia Clara Palomino

 

ya me envuelve el silencio de los peces

llegó

con la parsimonia de una certeza cualquiera

no le hizo falta más esfuerzo

para doblegar mis ademanes cuarteados

 

los muebles y el tejido

las fotos y mis propios pasos

se entorpecen

se nublan

mientras me resigno a ser la piel

donde colapsan dos caminos creados para evitarse

 

¿quién vendrá a escurrir la catástrofe?

¿quién esperará el sol propicio

 

para que respire todo lo invadido?

¿quién podrá

 

cuando la tierra se lo permita

reconocer entre tanta agua

mis lágrimas desorientadas?

 

                                        (Damián López)

 

(De “La Plata Spoon River, antología sobre la inundación”, compilación y edición a cargo de Julián Axat. Libros de la talita dorada, La Plata, Argentina, 2014. El libro fue presentado el 2 de abril de 2014, en un acto público realizado a un año de la inundación, en presencia de familiares de las víctimas y de poetas participantes de la antología.).

 

 

   Guillermo Raúl Piotti

 

Busqué la verdad

Debajo del agua

 

Creí en la justicia

Afuera del agua

 

La verdad me fue ocultada

Dentro del agua

 

La justicia fue arrastrada

Por un puñado de migas

 

El temporal ha sido

 

Y seguirá

humanamente

natural

 

                                        (Leandro Daniel Barret)

 

 

   Lía Angélica Marconato

 

Ciudad acuario

y nosotros

peces sin branquias

turbados náufragos solos

descalzos parias del asfalto invisible

vemos pasar la correntada

poblada de despojo y muerte.

Grito “Socorro”

a otros hundidos que me gritan “Socorro”.

Sus voces se apagan

de pronto en la noche.

Nos damos aliento

como animales.

Esa es la única fuente de vida disponible.

Asistimos a un irse a pique masivo

a un punto crítico de subversión escenográfica

al ascenso inesperado del horizonte.

Nido mojado.

Ningún lugar donde escapar

del agua que no cesa.

Caen de los cajones

dientes de leche, cartas de amor

fotos sin rostro.

Caen pedazos de comida, juguetes,

libros de Bukowski,

puertas, zapatos.

Kilos de papel perdido.

Desorden general de objetos vulnerados

obscenamente expuestos

cubiertos de barro.

Supongo que la tierra ha intentado tragarnos.

En la mañana que nunca llega

hay sol

y canta un pájaro.

 

                                        (Silvina Iñiguez)

 

 

   María Angélica Pacheco

 

La justicia poética

es justa

porque es justiciera

 

La justicia será imparcial

hasta que el poeta

determine lo contrario

 

La división de poderes será inquebrantable.

Ningún poder podrá erigirse

sobre el Poder Poético

 

Todo ciudadano

tendrá derecho a la defensa

de la poesía

 

Todo hombre es poeta

hasta que se demuestre

lo contrario

 

Lo poético es justo

pero nunca

en su justa medida.

 

Autoridad suprema:

El poeta que hay

en todo hombre

 

Todo poeta

tendrá derecho

a permanecer callado

 

Si no posee un abogado

se le asignará

un poeta de oficio

 

Si no posee un poeta

se le asignará

uno de oficio

 

                                        (Mariano Schuster)

 

 

   Feliciana Garay Ruiz

 

Soy Feliciana.

Un día vi pasar un chico en bicicleta

como un rayo

y pensé: eso es lo que dura la vida.

Y me acordé de la primera vez que comí uvas,

del olor de mi casa

y de un beso muy largo que di sin pronunciar palabra.

 

A veces fui cobarde.

Un insectito frágil que no puede

con el dolor colosal de las cosas del mundo.

Pero siempre amé tanto,

que es igual a ser valiente.

 

En secreto descubrí que era hermosa

y que podía latir y estremecerme

como un montón de ramas o de pájaros.

 

Es absolutamente cierta la pequeñez de mi vida.

Pero ahora sé que lo pequeño

puede ser más profundo que cualquier océano.

 

                                        (Marilina Cuesta)

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