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Día Mundial de la Poesía (III)

   JUANA BIGNOZZI

 

   Cadáver por la palabra persona

                                       por la gente

 

Por ejercer el miserable pecado de jactancia

manejo huecas trascendencias

solitarias eternidades

o sea

escribo

 

por escribir a punto estuve de ser solemne

por escribir pierdo la vida

por mirar a esta gente descuento mis culpas

 

lejos de falsas jerarquías que engendran peste

a punto estuve de integrar una secta

ave de rapiña de voz de todos

 

no entenderé del mundo más que lo entendido por todos

no olvidaré en el final el principio

no creeré en el signo sobre los otros

menos en la luz única sobre mí

 

para que mi vida se cumpla

pierdo el tiempo en confidencias

para escapar al desierto de los elegidos

borraré toda arista que me distinga

para que mi lucha no sea legítimo derecho de soberbia

sólo reconoceré la voz de los que nunca llegarán

o cumbres de lucidez

torres de talento

verdugos de los demás

ceniza de vidas menores

escribo

 

no me otorgaré la redención

 

 

   Función social de la poesía

 

si toda vida es referencia a nuestra vida

espero dejar una palabra

que ampare a alguien

en estas tardes inhóspitas de recuerdos

 

 

   Las tumbas de mis mitos

 

duermen los poetas bajo la rosa inclinada

bajo el laurel triunfante o la cítara cursi

encadenados finalmente conjurado su peligro

duermen los poetas bajo nombres respetables

bajo el árbol deseado en buena vecindad

tolerados por los padres de la patria y de los códigos

cubiertos de violetas contra el otoño

dificultosos de encontrar en una isla

amparados por la reverente memoria doblegada

 

                    ---

 

¿ayudan las palabras de los poetas a los propios poetas?

¿ayuda al camino de los poetas

el desamparo de su propia anécdota?

¿ayuda mi presencia en tu destino

a mi propio destino?

¿mi compañía en tanta pasión desgraciada

se convierte en compañía de mi nebulosa pasión?

 

 

   poetas del 60  I

 

juntos en cierta lucidez y varios desprecios

miles de papeles los nuestros

y siempre el pesado bagaje de aquella fiesta

miles de papeles los nuestros

nunca el del buen sanmaritano

no tuvimos manto suficiente

mucho menos podíamos ofrecerlo

a través de años y países

la misma soberbia de demoledores de panteones

el seductor relato de nuestra memoria

y en mí el nombre de los que he elegido entre ustedes

que no dejo de repetir

para gloria de críticos dolor de resentidos y furia de olvidados

en cuanto me ilusiono con ser escuchada

 

(Los primeros tres poemas son de “Regreso a la patria”, Colección de Poesía Todos Bailan, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1989. Los dos siguientes son de “Interior con Poeta”, de la misma colección y editorial, Buenos Aires, 1993. Juana Bignozzi nació en Buenos Aires, el 21 de septiembre de 1937. Además de los libros mencionados, es autora de “Los límites”, “Tierra de nadie”, “Mujer de cierto orden”, “Partida de las grandes líneas”, “La ley tu ley” y “Quién hubiera sido pintada”).

 

 

   IDA VITALE

 

   Palabras

   I

Palabras
palacios vacíos,
ciudad adormilada.
¿Antes de qué cuchillo
llegará el trueno
-la inundación después-
que las despierte?


   II

Vocablos,
vocaciones errantes,
estrellas que iluminan
antes de haber nacido
o escombros de prodigios ajenos.
Flota su polvo eterno.
¿Cómo ser su agua madre,
todavía una llaga
en que se detuviera,
pasar de yermo
a escalio
con su abono celeste?


  III

A veces las palabras
entran en un acorde,
las cascadas ascienden,
rota la ley de gravedad.
Luna muy poderosa,
la poesía acoge desoladas mareas
y las levanta donde puedan
arriesgarse hacia el cielo.


   IV

Campo de la fractura,
halo sin centro:
palabras,
promesas, porción, premio.

Disuelto el pasado,
sin apoyo el presente,
desmenuzado
el futuro inconcebible.


   V

Prosa de prisa
para
servir como de broza,
prosa sin brasa,
de bruces sobre
la página,
ya no viento,
brisa apenas.

Temer su turbulencia
como el bote arriesgado
quien no nada.

(De "Antología Plural de la Poesía Uruguaya del Siglo XX", con estudio preliminar, selección y notas de Washington Benavides, Rafael Courtoisie y Sylvia Lago, Seix Barral, segunda edición, Montevideo, 1996. Ida Vitale nació en Montevideo, en noviembre de 1923. Sus primeras publicaciones de poesía datan de 1949. Ganó, junto con el mexicano Ramón Xirau, el Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo, en 2009. También es autora de ensayos y periodista).

 

 

 

   ADÉLIA PRADO

 

   Seducción

 

La poesía me atrapa con su rueda dentada,

me fuerza a escuchar inmóvil

su discurso esdrújulo.

Me abraza detrás del muro, levanta

la falda para que yo vea, amorosa y loca.

Sucede algo malo, le digo,

también soy hijo de Dios,

me deja desesperar.

Ella responde pasando

la lengua caliente por mi cuello,

habla palo para calmarme,

habla piedra, geometría,

se descuida y queda suave,

aprovecho para zafar.

Yo corro ella corre más,

yo grito ella grita más,

siete demonios más fuerte.

Me agarra la punta del pie

y llega hasta mi cabeza,

haciendo surcos profundos.

Es de hierro la rueda dentada de ella.

(De “Puentes/Pontes, poesía argentina y brasileña contemporánea”, antología bilingüe, con selección y ensayo introductorio de Jorge Monteleone, por Argentina, y Heloisa Buarque de Hollanda, por Brasil, Fondo de Cultura Económica de Argentina, Buenos Aires, 2003. Adélia Prado nació en Divinópolis, en 1935. En poesía publicó, entre otras obras, “Bagaje”, “El corazón disparado”, “Tierra de Santa Cruz” y “El Pelícano”. En 1991 y 1999 publicó “Poesía Reunida”. Es también narradora).

 

   ELISABETH VEIGA

 

   Autorretrato

 

Yo tengo nervios de papel de seda,

asociabilidades en síndrome

crítico.

 

Siento que la pierna torcida de miedo

convida a la fuga:

la presencia del otro me estrangula.

 

Disimulo,

hago un nudo con tres manos:

gotea agua.

 

Sirvo una sonrisa infeliz,

una mueca afligida

y un mirar de galga.

Cafecito trémulo,

tiro la silla.

 

El cielo se desploma sobre mi cabeza

sin parar.

Pararrayo de estrellas,

escribo.

 

Quien quiera oírme,

que me oiga en secreto.

Yo tengo nervios de papel de seda.

 

 

   La tinta seca

 

Escribo y la tinta seca,

seca, exacerbada rasga el papel.

Continúo escribiendo aunque

ni yo misma lea.

Presionando, la lapicera

rasga lo que ya está rasgado.

 

Continúo escribiendo sin una palabra,

escribiendo, escribiendo a la sombra

de mi mano sobre el papel.

 

El blanco, al final, me rasga.

 

(Idem libro anterior. Elisabeth Veiga nació en Río de Janeiro, en 1941. Publicó, entre otras obras, “Poemas”, en 1969; “Gôsto de fábula”, en 1972; y “Sonata para pandemonio”, en 2002).

 

 

   WISLAWA SZYMBORSKA

 

   Velada literaria

 

Musa, no ser un púgil es como no ser nadie.

Nos escamoteaste un público vocinglero.

En la sala hay una docena de personas,

es hora de comenzar.

La mitad vino porque llueve,

los demás son parientes. Musa.

 

Las mujeres están prestas a desmayarse en esta tarde de otoño,

y lo harán, pero sólo en el combate de boxeo.

Sólo allí habrá escenas dantescas.

Y un tomar los cielos. Musa.

 

No ser un púgil, ser un poeta,

con un veredicto condenado a duros norwid

y a falta de músculos enseñar al mundo

-en el mejor de los casos-

una futura lección escolar.

Oh Musa. Oh Pegaso,

ángel ecuestre.

 

En la primera fila un viejecito dulcemente sueña

que su difunta mujer salió de la tumba

para prepararle una tarta de ciruelas.

Con ese fuego –poco, para que la tarta no se queme-

comenzamos la lectura. Musa.

 

 

   Miedo escénico

 

Poetas y escritores.

Porque así es como se dice.

Los poetas entonces no son escritores, sino qué.

 

Al poeta la poesía, al escritor la prosa.

 

En la prosa puede haber de todo, hasta poesía,

en la poesía tiene que haber sólo poesía.

 

Según el cartel que la anuncia

con una enorme P de trazos modernistas,

inscrita en las cuerdas de una lira alada,

tendría yo que volar y no entrar caminando.

 

¿Y no sería mejor descalza

que con estos zapatos de oferta,

sustituyendo torpemente a un ángel

entre taconeo y rechinado?

 

Si al menos fuera más larga mi falda, con más vuelo,

y si no sacara yo los poemas del bolso sino de la manga,

fiesta, desfile, gran ocasión,

pim pam pum,

ab ab ba.

 

Allá en el escenario acecha una mesita

un tanto espiritista y de patas doradas,

y sobre la mesita humea un candelabro.

 

De eso se desprende

que tendré que leer a la luz de las velas

lo que escribí a la luz de una simple bombilla

tac tac tac a máquina.

 

Sin preocuparme de antemano

si esto es poesía

y qué poesía,

 

si de esa en la que la prosa está mal vista,

si de esa que es bien vista en prosa.

 

Pero cuál es la diferencia,

si sólo se aprecia en la penumbra

sobre un fondo de cortinas rojas

con flecos morados.

 

 

   A algunos les gusta la poesía

 

A algunos,

es decir, no a todos.

Ni siquiera a los más, sino a los menos.

Sin contar las escuelas, donde es obligatoria,

y a los mismos poetas,

serán dos de cada mil personas.

 

Les gusta,

como también les gusta la sopa de fideos,

como les gustan los cumplidos y el color azul,

como les gusta la vieja bufanda,

como les gusta salirse con la suya,

como les gusta acariciar al perro.

 

La poesía,

pero qué es la poesía.

Más de una insegura respuesta

se ha dado a esta pregunta.

Y yo no sé, y sigo sin saber, y a esto me aferro

como a un oportuno pasamanos.

 

(De “El gran numero, Fin y principio y otros poemas”, con edición de María Filipowicz-Rudek y Juan Carlos Vidal, y estudio introductorio de Malgorzata Baranowska, poesía Hiperión, Madrid, 1997. Wislawa Szymborska nació en Prowent, actualmente Kornik, Polonia, en 1923. Murió en Cracovia en 2012. Fue trabajadora ferroviaria y comenzó estudios de Literatura y Sociología, pero no pudo concluirlos por problemas económicos. Publicó sus primeros poemas en la prensa, en 1945. Siete años después apareció su primer libro, del que fue posteriormente muy crítica. Fue traductora del francés y obtuvo gran cantidad de premios, entre ellos el Nobel de Literatura, en 1996).

 

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