• @SalvadorTannis_
    Lo que sé se lo agradezco al silencio
  • @Innestesia
    Besas como si hubiéramos leído los mismos libros
  • @karlisjar
    ¿De cuántas sinfonías está hecho un aguacero?
  • @fumivora
    Después de la tormenta, un barquito de papel
  • @L0laM0ra
    A cierta distancia nos leemos más cerca
  • @DamaElegante_
    Es bueno tener sonrisas a punto, en la trastienda de los sueños rotos
  • @sweetcamelot
    Un alma inquebrantable se refleja en una dulce sonrisa
  • @noessineso
    Aunque lo imagino,/ lo sueño,/ ese atardecer/ juntos/ fue de otros
  • @jfsounds
    Cual farol quemar/ Las corazas de papel/ Desde adentro
  • @loretosesma
    Porque escribo mejor desde mi herida pero sonrío mejor desde la cicatriz
  • @NegroPermanente
    Sigo anclado en la estación en donde nos dejamos los sueños
  • @Aline_RFagundes
    Probé de la pulpa nueva/ ¿pecaminoso jugo de la historia?/ para que la memoria/ se tejiera de gravedad

Francisco de Asís Fernández

   Nació en 1945 en Granada, Nicaragua, la ciudad que es sede del Festival Internacional de Poesía que se realiza cada año, bajo su dirección. Para 2018 se anuncia la publicación de “En mis manos no se marchita la belleza”, compilación de la crítica a su poesía editada por otro poeta de Granada, Jorge Eduardo Arellano.

 

   Los poetas y los marineros

 

                                                   Al Poeta Luis Rocha Urtecho

 

Escondidos en la locura

los poetas, como los marineros, toman la forma de tigres

alojan espíritus de antepasados muertos,

intermedian entre el cielo y la tierra,

pelean batallas en sus sueños,

y entre la perversidad y la incertidumbre

sus almas encarnadas, con preguntas confusas,

son una vela quemándose por los dos extremos.

 

Eso soñé que pensaba cuando moría con este cuerpo,

cuando me preparaba para volver como alma perdida

sin ninguna deuda ni espiritual ni humana

para que me vieran transparente

y oír a unos lo que sienten y a otros lo que ven.

 

Los poetas, como los marineros, arrojados a la soledad,

siempre tenemos cosas que contar.

La historia de nuestras vidas adquiere vida propia,

llenamos de agua las cuencas de las manos

para revelar las verdades ocultas.

 

Los poetas y los marineros

alojados en la hermosura de nuevos mitos

aman a todas y a todo al mismo tiempo,

y, como los adultos, solo pueden elegir

entre lo malo y lo peor.

 

Cada quien pone el título de su vida

con fantasías y nostalgias,

y con versos de un lenguaje olvidado.

Los poetas y los marineros sueñan despiertos

tratando de alcanzar algo y solo encuentran la sombra.

Son perdedores exquisitos.

Beben pesares y tribulaciones hasta emborracharse,

su magia puede inventar una vida sin techo y sin piso,

toda su vida es inesperada; son carnes que aman su alma.

Conocen el ritmo de la danza sutil del cuerpo

que hace que los sentidos invadan el espíritu,

y saben que los caminos son para las travesías

y no para llegar a algún destino.

 

 

   Una lucha para deshojar un jardín de margaritas

 

¿El suicidio, el azar , el amor o la locura?

Los románticos soñamos mucho y hacemos poco.

Soltamos y ponemos a correr la imaginación entre el pecho y la espalda

y  somos devorados por la soledad en borracheras y delirios.

Las penas, las alegrías, el miedo, la esperanza

giran en nuestro alrededor con belleza entristecida.

Nos dan la rosa y el clavel

dentro de las paredes ásperas que tiene la soledad.

Un romántico no tiene el corazón de un hombre ordinario

ni es mordido por una víbora de segunda mano.

Los románticos olfateamos el rastro de las migajas de la belleza,

estamos atados y amarrados a la belleza como el mundo al crimen.

Vivimos el amor como que si lo hubiéramos vivido,

vivimos su leyenda como una loba con las fauces llenas de su sangre.

No somos seres comunes y corrientes.

Queremos conocer el mundo y cambiamos de ciudad sin movernos de sitio,

amanecemos con guitarras, cuerdas de violín y mujeres con panderetas,

besamos pezones embadurnados de letras con rimas

que hablan de rios de un bosque salvaje

que junta el amanecer con el miedo de la noche.

Está amaneciendo y el mundo va a cambiar para que todo siga igual,

para que volvamos a construir y desbaratar romances

y aullemos frente a la luna.

Es que tenemos una lucha a muerte en nuestros corazones

entre el optimismo y el pesimismo, entre el me quiere y el no me quiere.

Una lucha para deshojar un jardín de margaritas.

Nosotros buscamos en los basureros los desperdicios del alma

y los lavamos y los secamos en los tendederos de los circos

y nuestras penas se ven como animales disecados

pintados con los colores de los pintores impresionistas.

Los poetas románticos hacemos reuniones para contagiarnos el pesimismo,

para discutir si somos el ser o la nada, si la nada es el fin de la historia,

o si con la muerte llegamos al fin de lo inútil.

Todos llegamos a esas reuniones en harapos y con muchas cicatrices.

Pero hay quienes llegan ciegos o sordos o con heridas recientes

que se hicieron contra los peñascos del mar

o en el sol calcinante  en los dias áridos del desierto

o en los refugios de tunantes embriagados de cielo.

Y hay quienes llegan y no se hartan de insultar

a los que se comen y gastan la belleza que nosotros producimos,

a los que no conocen el aire que respiran.

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