• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Adam Zagajewski

 

   Nació en 1945 en Lwów, Ucrania. Creció y se educó en Polonia. Aunque era un opositor político, no fue expulsado como afirmaron algunos medios occidentales. Él mismo declaró que se fue por su cuenta a París “detrás de una mujer”. En 2017 obtuvo el Premio Princesa de Asturias de las Letras.

  

   Oda a la suavidad

 

Los amaneceres son ciegos como gatitos.

Las uñas crecen confiadamente, aún

saben qué tocarán. Suaves

son los sueños y la ternura como niebla

suspendida sobre nosotros, igual que la campana de Sigismundo

antes que el frío la abrazase.

 

   Filósofos

 

Dejen de engañarnos, filósofos

el trabajo no es una dicha el hombre no es la meta más alta

el trabajo es sudor que mata Señor cuando llego a casa

quisiera dormir pero dormir es sólo un cinturón en movimiento

que me transporta al día siguiente  y el sol es una falsa

moneda la mañana desgarra mis párpados cerrados como antes

de nacer mis manos son un par de gastarbeiter y ni siquiera

mis lágrimas me pertenecen participan en la vida pública

como oradores como los labios partidos y un corazón que está

creciendo en el cerebro.

El trabajo no es una dicha es un dolor incurable

como una enfermedad de la conciencia abierta como un proyecto habitacional

a través del cuál sopla el viento de la ciudadanía

en sus botas altas de cuero.

 

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