• @jex_javier
    El eclipse del lector es su imaginación
  • @isona_clarck
    Me gustan los lugares deshabitados por promesas sin salida
  • @EvaLopez_M
    La de cosas que pasan sin que ocurran
  • @hipst_eria
    No es lo que escribes, es lo que borras
  • @JacGoldberg
    El horror salivea en nuestra nuca
  • @Sofia_Insomnia
    Los herejes tenemos que organizarnos
  • @Sinsintidez
    A los tristes los delata la música
  • @yonosoycarmen
    Irse por fuera, quedarse por dentro, esa complicación
  • @NaEnEspiral
    Aquí, donde venimos a disfrazar epitafios con el traje de postal
  • @_soloB
    Yo he dormido lo insuficiente como para no tener pesadillas despierta
  • @tearsinrain_
    No te asustes, solo es otro futuro mas
  • @arbolador
    Algún día se perdonarán haberse conocido

Adam Zagajewski

 

   Nació en 1945 en Lwów, Ucrania. Creció y se educó en Polonia. Aunque era un opositor político, no fue expulsado como afirmaron algunos medios occidentales. Él mismo declaró que se fue por su cuenta a París “detrás de una mujer”. En 2017 obtuvo el Premio Princesa de Asturias de las Letras.

  

   Oda a la suavidad

 

Los amaneceres son ciegos como gatitos.

Las uñas crecen confiadamente, aún

saben qué tocarán. Suaves

son los sueños y la ternura como niebla

suspendida sobre nosotros, igual que la campana de Sigismundo

antes que el frío la abrazase.

 

   Filósofos

 

Dejen de engañarnos, filósofos

el trabajo no es una dicha el hombre no es la meta más alta

el trabajo es sudor que mata Señor cuando llego a casa

quisiera dormir pero dormir es sólo un cinturón en movimiento

que me transporta al día siguiente  y el sol es una falsa

moneda la mañana desgarra mis párpados cerrados como antes

de nacer mis manos son un par de gastarbeiter y ni siquiera

mis lágrimas me pertenecen participan en la vida pública

como oradores como los labios partidos y un corazón que está

creciendo en el cerebro.

El trabajo no es una dicha es un dolor incurable

como una enfermedad de la conciencia abierta como un proyecto habitacional

a través del cuál sopla el viento de la ciudadanía

en sus botas altas de cuero.

 

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