• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Sofía Castañón

 

   Nació en Gijón, en 1983. Filóloga, realizadora audiovisual y legisladora de Podemos, obtuvo en 2006 un premio para poetas jóvenes en Asturias con “Animales interiores”, obra publicada en 2007. Solo un año después le fue adjudicado el premio Pablo García Baena, por “Últimas cartas a Kansas”. En cuanto a su actividad como diputada, declaró en febrero de 2017 que tiene por hábito enviar poemas a sus compañeros de bloque, una vez por semana, convencida del “poder transformador” de la poesía.

   

 

   Poética

 

Hay una máquina de CocaCola

en la antesala de la mina.

Mina

no es una metáfora.

Mina

es el carbón en la frente

y el sudor en las manos.

La mina de mi abuelo. Puede

que también de tu abuelo.

Mina negra. Mina grisú.

CocaCola

es lo que aparece en la caja

de luz donde los hombres se cambian

y cambian palabras -`porque

así no piensan- y esperan

sin céntimos

para la máquina.

En la antesala de la mina

no hay ninguna metáfora.

Hay una máquina de CocaCola

muy luminosa y muy blanca.

Y nadie la toca.

 

 

   La habitación de la que no se habla

 

El hombre sin número y sin taza

no se quedará al desayuno.

El hombre quisiera ser niño y llegar

de la mano de la niña como se llega

invitado a una casa para un juego.

 

Pasar la noche entre pinturas de manos,

manchar la madera de ahí, y manchar

la chaqueta negra y manchar el cuerpo

de todo aquello que aún respira.

 

El hombre sin número es un niño.

Cuero, ideas, arrugas.

 

La niña es trampa.

En la cadera le pinta

una filacteria de prosa.

 

De lejos, sólo dos niños

dejando que todo suceda.

Como ríen nadie ve

la grieta que al fondo

se expande.

 

 

La poesía alcanza para todos - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.