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    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
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    Amar es ser verbo en todos los tiempos
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    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Henry Wadsworth Longfellow, Estados Unidos, 20/1

 

   Nació en Portland, Maine, en 1807. Murió en 1882. Además de poeta, fue el primer traductor en Estados Unidos de “La Divina Comedia”, de Dante Alighieri.

  

   Salmo de la vida

 

No me digas, con cifras tristes,

¡que la vida no es más que un sueño vacío!

Dado que muerta está el alma que duerme

y las cosas no son lo que parecen.

 

¡La vida es real! ¡La vida es cosa seria!

Y la tumba no es su meta;

Polvo eres y al polvo volverás,

no se refería al alma.

 

Ni el disfrute, ni la tristeza

son nuestro fin o nuestro destino;

sino actuar para que cada amanecer

nos lleve más lejos que el hoy.

 

El arte es largo y el tiempo es fugaz

y nuestros corazones, aunque fuertes y valientes

todavía, al igual que tambores sordos,

tocan marchas fúnebres hacia el sepulcro.

 

En el vasto campo de batalla de este mundo,

en el campamento de la vida,

¡no seas como buey mudo aguijado!

¡sino héroe en el conflicto!

 

En el amplio campo del mundo de la batalla,

en el campamento de la vida,

no sea como un buey tonto y manipulado,

¡actúa como un héroe en la lucha!

 

¡No confíes en el futuro por agradable que sea!

Deja que el pasado muerto entierre a sus muertos.

¡Actúa, actúa en el presente vivo

con el corazón firme y Dios Guiándote!

 

Las vidas de los grandes hombres nos recuerdan

que podemos hacer sublimes nuestras vidas,

para que al partir dejemos detrás de nosotros

sus huellas en las arenas del tiempo;

 

huellas que tal vez otros naveguen

por el solemne océano de la vida,

un hermano triste y náufrago

al verlas, podrá recobrar la esperanza.

 

Vamos, entonces, de pie y manos a la obra,

con ánimo para afrontar cualquier destino,

siempre logrando, siempre afirmando

aprendiendo así a trabajar y a esperar.

 

 

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