• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
  • @ciruelle
    Amar es ser verbo en todos los tiempos
  • @SIELALSOYYO
    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
  • @DivinaOnix
    También lo imposible puede ser amado
  • @LunaPara2
    El que se va en silencio, lo ha dicho todo
  • @Ghouls99
    A veces acumulamos, densos y potentes, para arrasar en el siguiente desborde
  • @siete_verdes
    Es espesa, grumosa y fría. Llamémosla decepción
  • @JanoTwoFaces
    Dejad de ordenar caos y provocad alguno
  • @sammasathi
    Sueño, luego insisto
  • @TISHA77
    La poesía también es presagio
  • @juanita_amore
    Escribir porque el tiempo nos viene a leer
  • @z_zyanya88
    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Sergio García Zamora

   Nació en Esperanza, Villa Clara, Cuba, en 1986. Obtuvo a fines de 2016 el Premio Internacional Rubén Darío, que se concede en Nicaragua, por su obra “Resurrección del Cisne”. Los dos textos poéticos que siguen fueron tomados del espacio en línea del Festival Internacional de Poesía de Medellín, Colombia.

 

   Poemas con neblina

   poemas con neblina, horrendos poemas con neblina donde nunca se logra conducir, si no es a riesgo de estrellarse. los nuevos poetas neblinosos gustan de nombrar a Londres sin haber ido a Londres, como si la neblina fuese privativa de esa ciudad, como si no hubiese neblina en otros países, en otras ciudades  que conquistó Inglaterra. poemas con neblina, horrendos poemas con neblina donde las luces del auto descubren tu doble fantasmal. los nuevos poetas neblinosos gustan de tenderse sobre la hierba como un cuerpo más bajo la neblina, a riesgo de agarrar el Gran Resfrío y morirse sin ver Londres, sin ver otra ciudad ni otro país espléndido como Inglaterra. poemas con neblina, horrendos poemas con neblina que me hacen recordar a mi abuelo: hoy habrá un sol tremendo.

 

   El camionero y yo

   la primera vez que escuché un poema, un poema de Charles Bukowski, fue en la cabina de un camión. era un programa radial y el camionero subió el volumen. en cualquier momento, pensé, apaga la radio esta bestia. pero el camionero siguió escuchando. lo de Bukowski no tenía nombre: hablaba con cierto orgullo sobre las borracheras de su padre y sobre las golpizas de su padre. parecía decir que a él, Charles Bukowski, ni borracheras ni golpizas lo habían logrado arruinar. después pusieron música y el camionero se colocó sus gafas. estos programas de radio, gruñó, nunca sirven para nada. la primera vez que escuché un poema, un poema de Charles Bukowski, fue mientras viajaba a casa. un camionero nos puede engañar.

 

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