• @Cataperdis
    ¿Cuándo dejamos de bailar solo porque nos estaban mirando?
  • @Lestat1414
    La realidad es una fantasía que se rindió
  • @sylviopolis
    Las personas se van y se llevan sus campos semánticos
  • @Ohzolli
    Ese ángel se llama ausencia. Cuando nos nombra, seguimos siendo ciertos
  • @poeticsilence__
    La madrugada es el primer ojalá
  • @carolineberl
    Mi golpe de suerte fue con un libro
  • @ITalkToRainbows
    Con tanta tecnología ya no se pierden los corazones como antes
  • @karla77_karla
    Uno se reinventa sin remedio cuando el amor ensordece
  • @sognos_
    Deberíamos pagar las consecuencias por adelantado
  • @NaEnEspiral
    Un Nosotros siempre es un dogma de fe
  • PacoParra14
    Échale más tinta a la herida
  • @Srta_Guacamole
    Era música para mis rugidos

Sergio García Zamora

   Nació en Esperanza, Villa Clara, Cuba, en 1986. Obtuvo a fines de 2016 el Premio Internacional Rubén Darío, que se concede en Nicaragua, por su obra “Resurrección del Cisne”. Los dos textos poéticos que siguen fueron tomados del espacio en línea del Festival Internacional de Poesía de Medellín, Colombia.

 

   Poemas con neblina

   poemas con neblina, horrendos poemas con neblina donde nunca se logra conducir, si no es a riesgo de estrellarse. los nuevos poetas neblinosos gustan de nombrar a Londres sin haber ido a Londres, como si la neblina fuese privativa de esa ciudad, como si no hubiese neblina en otros países, en otras ciudades  que conquistó Inglaterra. poemas con neblina, horrendos poemas con neblina donde las luces del auto descubren tu doble fantasmal. los nuevos poetas neblinosos gustan de tenderse sobre la hierba como un cuerpo más bajo la neblina, a riesgo de agarrar el Gran Resfrío y morirse sin ver Londres, sin ver otra ciudad ni otro país espléndido como Inglaterra. poemas con neblina, horrendos poemas con neblina que me hacen recordar a mi abuelo: hoy habrá un sol tremendo.

 

   El camionero y yo

   la primera vez que escuché un poema, un poema de Charles Bukowski, fue en la cabina de un camión. era un programa radial y el camionero subió el volumen. en cualquier momento, pensé, apaga la radio esta bestia. pero el camionero siguió escuchando. lo de Bukowski no tenía nombre: hablaba con cierto orgullo sobre las borracheras de su padre y sobre las golpizas de su padre. parecía decir que a él, Charles Bukowski, ni borracheras ni golpizas lo habían logrado arruinar. después pusieron música y el camionero se colocó sus gafas. estos programas de radio, gruñó, nunca sirven para nada. la primera vez que escuché un poema, un poema de Charles Bukowski, fue mientras viajaba a casa. un camionero nos puede engañar.

 

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