• @Primvers
    A veces yo también les llevo flores a mis cicatrices
  • @carolineberl
    Lo que me gusta del tiempo es que todo lo cura con personas
  • @UlisesKaufman
    Cuando seamos invisibles, recordaremos la belleza del gris
  • @canocs19
    Canta la tristeza/ sus secretas sílabas/ en la música azul/ de la tarde quieta
  • @vidoq66
    Soy un fantasma triste en el cementerio de almas que es la ciudad
  • @marga_canseco_r
    Vendemos al mundo para comprar fuego, nuestro camino iluminado por hombres en llamas
  • @Tu_Infortunio
    Te espero después de la última vez
  • @esthercbrls
    Me asusta la mujer que me contempla desde el espejo
  • @osorio_jl
    La piel es la superficie del mar que te asola
  • @Desbalagada
    Qué puedo decir que no hayas leído
  • @Tayler_burdel
    Toda locura merece un gran amor
  • @nuberrante
    Escribir es soñar con precisión

Sergio García Zamora

   Nació en Esperanza, Villa Clara, Cuba, en 1986. Obtuvo a fines de 2016 el Premio Internacional Rubén Darío, que se concede en Nicaragua, por su obra “Resurrección del Cisne”. Los dos textos poéticos que siguen fueron tomados del espacio en línea del Festival Internacional de Poesía de Medellín, Colombia.

 

   Poemas con neblina

   poemas con neblina, horrendos poemas con neblina donde nunca se logra conducir, si no es a riesgo de estrellarse. los nuevos poetas neblinosos gustan de nombrar a Londres sin haber ido a Londres, como si la neblina fuese privativa de esa ciudad, como si no hubiese neblina en otros países, en otras ciudades  que conquistó Inglaterra. poemas con neblina, horrendos poemas con neblina donde las luces del auto descubren tu doble fantasmal. los nuevos poetas neblinosos gustan de tenderse sobre la hierba como un cuerpo más bajo la neblina, a riesgo de agarrar el Gran Resfrío y morirse sin ver Londres, sin ver otra ciudad ni otro país espléndido como Inglaterra. poemas con neblina, horrendos poemas con neblina que me hacen recordar a mi abuelo: hoy habrá un sol tremendo.

 

   El camionero y yo

   la primera vez que escuché un poema, un poema de Charles Bukowski, fue en la cabina de un camión. era un programa radial y el camionero subió el volumen. en cualquier momento, pensé, apaga la radio esta bestia. pero el camionero siguió escuchando. lo de Bukowski no tenía nombre: hablaba con cierto orgullo sobre las borracheras de su padre y sobre las golpizas de su padre. parecía decir que a él, Charles Bukowski, ni borracheras ni golpizas lo habían logrado arruinar. después pusieron música y el camionero se colocó sus gafas. estos programas de radio, gruñó, nunca sirven para nada. la primera vez que escuché un poema, un poema de Charles Bukowski, fue mientras viajaba a casa. un camionero nos puede engañar.

 

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