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    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
  • @ciruelle
    Amar es ser verbo en todos los tiempos
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    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
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    A veces acumulamos, densos y potentes, para arrasar en el siguiente desborde
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    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Julia Santibáñez

   Poemas de Julia Santibáñez, incluidos en el libro “Ser azar” (Abismos, México, 2016). Nacida en México en 1967, la poeta se adjudicó a comienzos de diciembre la primera edición del Premio Internacional de Poesía Mario Benedetti, con la obra “Eros una vez”, que será publicado por Planeta en Argentina, Chile y Uruguay.

 

   Cortejo

 

No quiero mirarte

y te miro,

entre el follaje.

Debería romperte las alas

y enterrar tu pico en tierra,

el tornasol de tus plumas.

Finjo que tu rito no me atrae,

ignoro que tu cuello brilla

más que otras veces.

Casi lo logro.

Pero Natura desleal

me traiciona

en un pliegue que se inflama.

 

 

   Pasajera

 

De tu trozo de mundo eres dueña,

niña de agua

que tiempo dentro te anuncias.

 

Con retumbos y piruetas

le borras a mi talle toda forma.

Pesas mis pechos, los estrías,

me amasas como quieres las costuras

hasta que un día,

soberbia, ocupes tu silla

y me dejes hecha una tonta,

sin poder reconocerme en mi cintura.

 

 

   A pie de fosa

 

Te enterramos con tu savia.

Dentro de la tierra, papá,

se te murieron las piernas,

se te murió la garganta,

te volviste todo tierra.

Bien muerta, también, la espalda

y tu sangre, que alimenta

las arterias de la tierra.

Este puñado es tu nuca.

Éste, que mi mano aprieta,

las axilas y las uñas.

Aquel otro, la cabeza

y más tierra, tus entrañas.

Roja sangre, negra tierra

que me ensucia las rodillas

y me lacera la boca.

Tierra roja, sangre negra

tu reñido cuerpo, papá.       

 

 

   El colmo

 

Y pensar que vas a estar muerto

toda la vida.

 

 

   Disolución

 

Nuestras dos almas

se besan la boca del alma

y las ganas de besarse

no les caben en la boca,

la desbordan,

emulsionadas,

se precipitan en fiera alarma

de confundirse

de cofundirse

de hacerse una.

Y luego son una porosa calma,

que cuando la luna arrecia

va por dos aceras

bajo la lluvia.

 

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