• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Ángel González

 

   Nació en Oviedo, en 1922. Obtuvo, entre otros reconocimientos, el Premio Antonio Machado, en 1962; el Premio Príncipe de Asturias, en 1985; y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, en 1996. En octubre de 2016, el académico Pablo Carriedo Castro publicó el ensayo "La fuerza del desaliento (Ángel González y la poesía del medio­-siglo español)".

 

   Esperanza

 

Esperanza,

araña negra del atardecer.

Tu paras

no lejos de mi cuerpo

abandonado, andas

en torno a mí,

tejiendo, rápida,

inconsistentes hilos invisibles,

te acercas, obstinada,

y me acaricias casi con tu sombra

pesada

y leve a un tiempo.

Agazapada

bajo las piedras y las horas,

esperaste, paciente, la llegada

de esta tarde

en la que nada

es ya posible...

Mi corazón:

tu nido.

Muerde en él, esperanza.

 

 

   Elegía pura

 

Aquí no pasa nada,

salvo el tiempo:

irrepetible

música que resuena,

ya extinguida,

en un corazón hueco, abandonado,

que alguien toma un momento,

escucha

y tira.

 

 

   Elegido por aclamación

 

Sí, fue un malentendido.

                                Gritaron: ¡a las urnas!

y él entendió: ¡a las armas! -dijo luego.

Era pundonoroso y mató mucho.

Con pistolas, con rifles, con decretos.

Cuando envainó la espada dijo, dice:

La democracia es lo perfecto.

El público aplaudió. Sólo callaron,

impasibles, los muertos.

El deseo popular será cumplido.

A partir de esta hora soy -silencio-

el Jefe, si queréis. Los disconformes

que levanten el dedo.

Inmóvil mayoría de cadáveres

le dio el mando total del cementerio.

 

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