• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Hugo Gutiérrez Vega

   Nació en 1934 en Guadalajara, donde murió en 2015. Fue también académico, diplomático y actor. Al cumplirse en septiembre el aniversario de su fallecimiento, se realizaron homenajes numerosos en México.

 

   Las reglas de la noche

                       A Humberto Saba

 

 

El día empequeñece.

Las palmeras, las nubes,

el sol disminuido,

las tranquilas gallinas,

la soledad, la tarde,

tus senos y mis manos,

todo se va tranquilo

hacia una noche suave

y sangrienta a su modo.

 

¿Por qué este perfume

de atardecidas flores

permanece en la almohada?

¿En dónde están tus ojos?

¿Por qué la ausencia

mueve sus aspas contra la ventana?

(Tal vez la figura azul

que gira en la colina

sea la de la muerte,

o tal vez la del amor

que creíamos ido para siempre).

 

La noche da sus reglas:

aquí la cama de los que se aman,

más allá el mar

y tus ojos hundidos en su espuma.

La media luna dice el juramento;

la sombra de un presagio descompone

esta fosforecscencia y regresa la luz.

Nada se pierde en esta noche humana.

 

 

 

   Diario de tu cuerpo (III)

 

De nuevo llegas a mi casa.

Conoces el camino

y sabes que mis cosas

se han amoldado a ti.

 

En el espejo

queda tu reflejo.

 

En la tarde de la ciudad,

bajo las máquinas;

en la tarde amarillenta,

sucia, habitada de sombras,

manchada por las prensas,

vociferante río de niebla

hacia la noche del tumulto;

en la tarde tus cabellos

serán un recuerdo presente.

Yo estaré junto

a tus dieciséis años

y junto a tu fracaso,

a tus cansados días

vividos bajo el humo de la ciudad.

Estaré junto a tu voz pasada

escuchando tu voz presente.

Leeremos nuestra historia

en el libro cerrado

de tu vientre.

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