• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
  • @ciruelle
    Amar es ser verbo en todos los tiempos
  • @SIELALSOYYO
    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
  • @DivinaOnix
    También lo imposible puede ser amado
  • @LunaPara2
    El que se va en silencio, lo ha dicho todo
  • @Ghouls99
    A veces acumulamos, densos y potentes, para arrasar en el siguiente desborde
  • @siete_verdes
    Es espesa, grumosa y fría. Llamémosla decepción
  • @JanoTwoFaces
    Dejad de ordenar caos y provocad alguno
  • @sammasathi
    Sueño, luego insisto
  • @TISHA77
    La poesía también es presagio
  • @juanita_amore
    Escribir porque el tiempo nos viene a leer
  • @z_zyanya88
    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Hugo Gutiérrez Vega

   Nació en 1934 en Guadalajara, donde murió en 2015. Fue también académico, diplomático y actor. Al cumplirse en septiembre el aniversario de su fallecimiento, se realizaron homenajes numerosos en México.

 

   Las reglas de la noche

                       A Humberto Saba

 

 

El día empequeñece.

Las palmeras, las nubes,

el sol disminuido,

las tranquilas gallinas,

la soledad, la tarde,

tus senos y mis manos,

todo se va tranquilo

hacia una noche suave

y sangrienta a su modo.

 

¿Por qué este perfume

de atardecidas flores

permanece en la almohada?

¿En dónde están tus ojos?

¿Por qué la ausencia

mueve sus aspas contra la ventana?

(Tal vez la figura azul

que gira en la colina

sea la de la muerte,

o tal vez la del amor

que creíamos ido para siempre).

 

La noche da sus reglas:

aquí la cama de los que se aman,

más allá el mar

y tus ojos hundidos en su espuma.

La media luna dice el juramento;

la sombra de un presagio descompone

esta fosforecscencia y regresa la luz.

Nada se pierde en esta noche humana.

 

 

 

   Diario de tu cuerpo (III)

 

De nuevo llegas a mi casa.

Conoces el camino

y sabes que mis cosas

se han amoldado a ti.

 

En el espejo

queda tu reflejo.

 

En la tarde de la ciudad,

bajo las máquinas;

en la tarde amarillenta,

sucia, habitada de sombras,

manchada por las prensas,

vociferante río de niebla

hacia la noche del tumulto;

en la tarde tus cabellos

serán un recuerdo presente.

Yo estaré junto

a tus dieciséis años

y junto a tu fracaso,

a tus cansados días

vividos bajo el humo de la ciudad.

Estaré junto a tu voz pasada

escuchando tu voz presente.

Leeremos nuestra historia

en el libro cerrado

de tu vientre.

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